Ha llegado el verano. Y seguro que ya has tenido uno de esos días: te has puesto un bikini y te ha dado vergüenza.
De repente has vuelto a sentirte como esa adolescente insegura que no se quitaba la toalla de encima, que decía que le gustaba más el bañador que el bikini cuando en realidad lo que no quería era enseñar la barriga, que buscaba la sombra y fingía que no le apetecía bañarse.
Pero esta vez, además de tristeza, has sentido otra cosa: rabia.
Odiaste a todo el mundo, y luego te odiaste a ti
Has odiado a tus amigas más delgadas que, aunque te digan que estás estupenda, sabes que no querrían verse con tu cuerpo. Porque si con cuerpos normativos tampoco se sienten bien, ¿cómo van a elogiar uno «peor» que el suyo?
Has odiado a la sociedad, por esas miradas que parecen medir centímetros de más o de menos. Has odiado a las influencers por vendernos cuerpos perfectos disfrazados de «naturalidad». Has odiado a todos por no dejar espacio para cuerpos como el tuyo sin convertirlos en una conversación o un debate.
Y, sobre todo, te has odiado a ti.
Por seguir siendo tu mayor crítica. Por mirarte con desprecio. Por enfadarte contigo misma. Por no haber conseguido liberarte del todo después de tantos discursos, tantas frases bonitas y tantas veces diciéndote que este año sí, que este verano ibas a vivirlo de otra manera.
¿Para qué sirve saberse la teoría cuando llega el verano y sigues sin poder?
Es la pregunta que más te haces en este tipo de días. De qué sirve repetir el discurso en voz alta si, cuando llega la hora de la verdad, sigues siendo una más dentro de este mundo de complejos.
Pues sinceramente, y aunque en esos días no lo parezca, sí que es necesario saberse toda esta teoría. Es lo que te permite echar la vista atrás y ver todo lo que has avanzado: la opción del bañador ya no es la única a la hora de la piscina, tienes bikinis. Te has comprado una falda, un pantalón corto. Te has bañado más veces de las que recuerdas.
Lo que pasa es que los días malos lo nublan todo. Los comentarios que te echas delante del espejo te ciegan demasiado para ver el valor de lo que has conseguido.
Así que sí, has podido. Lo que pasa es que vas a seguir teniendo días de mierda. Y está bien saberse la teoría precisamente para eso: para poder decirte que esos días son solo eso, días de mierda, y que vales mucho más que esa mirada criticona que te echas delante del espejo.
El bikini no espera a que te quieras
Aunque sea muy difícil, hay que tener claro que no hace falta aplicar toda esa teoría de golpe para disfrutar del verano. No hace falta tener la autoestima al 100% para ponerte ese conjunto que sabes que te gusta, para salir a la calle, para tomar algo, para vivir tu propio verano. Porque el verano no espera a que te quieras.Aparece, y toca dejar de odiarlo solo por la ropa que nos toca llevar en esta época del año.
El camino de quererse a una misma es largo y complicado, habrá épocas mejores y peores, pero puedes seguir disfrutando de la vida, porque esta va a seguir pasando mientras tú te preguntas si deberías ponértelo o mejor quedarte en casa con todo apagado para que nadie te vea.
Así que, sinceramente, que le den al mundo. Que le den a la gente, a los comentarios, a todo. La vida solo es una, y va a seguir pasando mientras tú decides si ponerte el bikini o no. Y hay algo que no podemos recuperar: el tiempo.
Así que este verano, aunque tu autoestima no esté en lo más alto, ponte el puñetero bikini. Ve a esa fiesta. Báñate. Haz todo lo que todo el mundo hace en verano: disfrutar. Porque todo tipo de cuerpo lo merece.
Ana Hernández González
