Cuando mi novio y yo dijimos que esperábamos un bebé, toda nuestra familia y allegados se pusieron muy contentos, especialmente mi suegro. Él es un hombre grandote, serio, que con una mirada puede atravesarte. Sin embargo con la noticia de que esperábamos al que sería su primer/a nieto/a, lloró de la emoción. 

Más lloró todavía cuando supo que sería un niño. 

Mi suegro se ofrecía a llevarme en coche a las citas médicas a las que no podía asistir mi novio por trabajo. Generalmente me acompañaba mi madre, aunque en alguna ocasión se lo pedí a él porque le hacía mucha ilusión ser parte del proceso.

Se tomó tan en serio su papel de abuelo que decidió que su regalo de bienvenida al mundo sería prepararle, en nuestra casa y en la suya, una habitación completa. Así fue como en ambas casas había cuna, cambiador, armario, estantería, librería, cama Montessori… sin pedirnos un céntimo a cambio. Estaba convencido de que su nieto estaría mucho tiempo en su casa. No se cuánto dinero se pudo haber dejado, pero calculo que unos 5.000€ acondicionando ambas habitaciones. 

Nuestros amigos nos prepararon un baby shower sorpresa. Fue precisamente mi suegro el que “nos lió” para ir a ver una finca para nuestra futura boda. Allí estaban todos nuestros amigos, una montaña de regalos y un cartel/lona con el nombre de mi suegro: Urbelino. 

Se me hizo gracioso, ya que al final mi suegro parecía el tercero en la relación. Yo encantada que conste, mi bebé aún no había nacido y no le faltaba de nada, sabíamos que no tendríamos problemas si necesitábamos en algún momento un apoyo puntual de su parte y siempre estaba dispuesto a acompañarme a cualquier cuestión médica. 

No hice más preguntas y me dispuse a disfrutar del día. 

A última hora de la tarde estábamos jugando a unos juegos para “ganarnos” los regalos, cuando vimos que estaba el nombre de Urbelino bordados en unos baberos. Ahí saltaron todas las alarmas. ¿Quién había asumido que el niño se iba a llamar como el abuelo? Obviamente mi suegro. 

Mi novio y yo intentamos disimular. Mi suegro en alguna ocasión hablaba con algunos de nuestros amigos diciendo lo orgulloso que estaba de tener un nieto varón, un heredero para su legado y que le hubiésemos dado el honor de que lleve su nombre. Pero nosotros jamás habíamos dicho eso. Además, lo siento si hay algún Urbelino que me esté leyendo, pero es un nombre horrible. No sabes si el bebé tiene 6 meses o 60 años. 

Aún así no quisimos ser unos maleducados delante de nuestra familia y amigos. Mi novio al día siguiente me dijo que iría solo a hablar con su padre, lo agradecí, la verdad. Volvió apenas una hora más tarde, con la mandíbula desencajada y los ojos rojizos. 

Le pregunté qué había pasado. 

Mi suegro le amenazó con que si no le poníamos su nombre, estaríamos todos muertos para él. 

¿Pero cómo una persona tan seria, formal y bondadosa podía ponerse así por un nombre? 

Pues efectivamente. Mi suegra trató de mediar en muchas ocasiones y, aunque nosotros dijimos que el único problema que había era que nuestro hijo no iba a tener ese nombre, mi suegro no entró en razón.

Mi suegro y mi hijo no se conocen. Ha pasado tanto tiempo ya, que ni llegó a estrenar la cuna que había para él en casa de sus abuelos. Mi suegra viene casi a diario por casa, le hace muchas fotos a nuestro hijo. En alguna ocasión ha llorado de rabia, porque quiere enseñarle las fotos a su marido y él se niega a verlas. Tampoco puede llevarse al niño a casa porque él no se lo permite. En alguna ocasión mi suegra propuso quedarse con nosotros para que fuese mi suegro el que tuviese que acabar viniendo, pero siendo ese el motivo, nos negamos. 

Es una pena que por algo tan absurdo abuelo y nieto no puedan conocerse. Además es terco como una mula, por lo que seguro que solo lo conocería si lo llevamos al registro a cambiarse el nombre. Nos da mucha pena esta situación, porque mi novio extraña a su padre y, por supuesto, yo a mi suegro. Pero él solo se lo buscó.