Mis hijos tenían 5 y 2 años cuando mi marido vino a vivir con nosotros. Siempre lo llamaron por su nombre, con alguna broma en modo de apodo cariñoso en alguna etapa, pero no necesitamos que tuviera un nombre familiar que identificase el amor que se tenían mutuamente.
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Hoy en día, casi 8 años más tarde y habiendo pasado más tiempo de convivencia con él que con su propio padre, siguen llamándole por su nombre. No necesita oír papá de sus bocas para saber que es un referente de amor y respeto para ellos, no necesitan apellidos para saber que los ama más que a nada en el mundo. Ahora tienen una hermana, así que a veces es confuso y ella llama a su papá por su nombre, como hacen sus hermanos, a veces ellos se confunden y le llaman papá sin querer, pero no hay drama alrededor.

Ellos tienen claro quien es su padre, saben qué es mi marido para ellos y que su amor es igual de incondicional. Más aún desde la llegada de la pequeña. Sintió al fin el amor que se siente al coger a su pequeña en brazos por primera vez y entendió de verdad cómo es el amor de padre, y lo compartió con mis dos amores mayores.
Hace un año me encontré con un viejo amigo de la infancia. Iba con una niña de unos 6 años que le llamó papá. Yo, que no tenía ni idea de su vida en el último año, pero si del tiempo anterior, le pregunté cuando había sido padre. Entonces me dijo que era hija de su novia. Llevaban juntos 5 meses. El papá de la niña las había abandonado al poco tiempo de nacer y él estaba dispuesto a hacerse cargo desde el principio.
Claramente, cuando empiezas una relación con una persona que tiene descendencia, tienes que saber que las prioridades son diferentes y que hay cosas que quizá tengas que hacer por el bien de todos.
Fuimos a tomar un café para ponernos al día mientras la niña y mi hija jugaban. Me contó que su madre y su hermana no aceptaban la situación, que no querían a su hija y que se había distanciado de ellas. No super qué decir. Él estaba tan convencido de ejercer como padre. Amaba a su novia y esa niña se había convertido en poco tiempo en la piedra angular de su vida.

Unas semanas después me encontré con su hermana. Habíamos sido bastante amigas un tiempo durante la adolescencia, así que no era extraño que se acercase a mí para charlar. Su hermano había publicado fotos nuestras juntos en los días en que habíamos quedado para comer y cuando juntamos a las niñas en el parque.
Entonces me preguntó directamente qué opinaba de la locura que estaba haciendo su hermano. Yo le dije que no me parecía ninguna locura. Ella me decía que mi situación era distinta, que mi marido nunca tuvo que hacerse cargo de mis hijos, que tenían un padre… Yo la corregí. Ellos tenían un padre, pero si él vivía conmigo era porque asumía que en esta casa la prioridad eran los niños, incluso para él.
Ella seguía insistiendo… Yo veía claramente que había algo más detrás. Finalmente me contó que una prima de su madre se había quedado embarazada hacía 20 años y no sabía quien era el padre. Que, a lo largo de los años, aquella niña había llamado papá a un hombre diferente cada poco tiempo. Su mamá nunca se hizo cargo real de la niña y jugaba a las casitas con cada hombre que aparecía y, al crecer, veían ahora esa niña llena de carencias y de inseguridades y culpaban a su madre y a sus múltiples “papás” que jamás lo fueron.

No pude evitar decirle que el hecho de que conociesen a una madre irresponsable (aparentemente, pues no la conozco de nada y solamente sé de su historia lo que alguien no objetivo me cuenta) no significa que cada madre que deja a su hijo llamar papá a un novio sea como ella dice que es su prima.
No le pareció bien mi opinión, pero la verdad, me dio bastante igual. Ella tampoco había sido nunca un ejemplo de moralidad y lealtad. Y, desde luego, si es capaz de criticar a su hermano ante personas ajenas a la familia con tanto descaro, tampoco creo que su opinión sea relevante.
Ha pasado casi un año. Mi amigo y su novia se casaron. Él adoptó a la niña y ahora tienen un hijo juntos. No hace mucho que juntamos a nuestra tropa con la suya para ir al parque. Él es feliz, la niña es feliz y esa madre tiene el corazón lleno de amor por su familia. Da gusto verlos juntos.

Su hermana y su madre quisieron conocer al bebé, pero él les dijo que era igual de hijo suyo que la niña y hasta que no se disculpasen con ella y su mujer, no verían al niño. Su madre cedió y se disculpó entre lágrimas. Le dijo que todo habían sido prejuicios por lo de su prima. Su hermana dijo que no le interesa tanto y se alejó de su madre también.
Y todo esto sólo porque la niña le llamase papá. Quizá lo hizo desde muy pronto, pero cada familia tiene sus motivos y nadie debe ser quien de criticarlo. Yo no quise, ellos sí. Ninguna opción es peor o mejor a mi juicio