Se supone que el rencor es negativo, que te hace sufrir y querer buscar venganza en algunas situaciones. Pero creo que un poco de rencor siempre es necesario. Si no tenemos rencor, perdonamos demasiado rápido, nos olvidamos de lo que nos han hecho e incluso es más difícil poner límites a las personas.
En pareja, nunca había sido rencorosa. Me enfadaba si me hacían algo que me dañaba, pero a la que me pedían perdón o pasaban los días, se me olvidaba. Y yo misma enseñaba que podían hacerme lo que quisieran porque siempre se me pasaría. Después de años de terapia, cambié. Empecé a poner límites y a dejar relaciones amorosas en la que no me trataban bien. Aun así, siempre tenía que hacerlo con esfuerzo recordando lo que merezco y lo que no.
Siempre se habla del rencor como un rasgo negativo de la personalidad. Una cosa es ser rencorosa con cualquier nimiedad o equivocación que podamos cometer las personas, y otra muy distinta es guardar rencor a alguien que nos ha hecho daño deliberadamente o a personas que prometen no jugártela más y lo vuelven a hacer una y otra vez. Si no se es nada rencorosa, si una se enfada pero el enfado le dura dos horas, la gente con la que se relaciona y no la trata bien, seguirá sin hacerlo. Si una persona permite agravios contra ella, por mucho que se enfade, si no toma distancia ni pone límites no conseguirá que se la trate con el respeto que se merece. Es cierto que todos deberíamos tratar bien a los demás independientemente de si ellos nos permiten tratarlos mal o no, pero sabemos que hay gente que se aprovecha de la vulnerabilidad de otros.
Creo que por no ser nada rencorosa he perdonado cosas imperdonables y he enseñado como me pueden tratar en pareja. Una vez habiendo aprendido a poner límites saludables en mis relaciones amorosas, seguía sin ponerlos en mis amistades. He tenido amigas que se han aprovechado de mí, me han usado cuando me han necesitado y después se han alejado hasta que han vuelto a necesitarme. He llegado a sentir tristeza, enfado y decepción, prometiéndome no dar más oportunidades a personas que solo me usan para su interés y que claramente no valoran mi amistad, pero a la que han vuelto, ahí he estado otra vez, para ellas.
He entendido que es imposible que nadie haga un cambio en la forma de tratarnos si ni siquiera nosotras somos capaces de tratarnos con respeto, alejándonos de aquellas personas que han demostrado no hacernos bien, haciéndonos daño intencionadamente o inconscientemente. Con ello no digo que debamos ser de esas personas rencorosas que a la mínima discusión dejan de hablar durante meses aplicando la ley del hielo. Lo que quiero decir es que el rencor es necesario para no olvidar cuando alguien no nos trata bien y saber poner unos límites claros que si se sobrepasan nos permitan cortar con esa relación para siempre.
Si damos infinitas oportunidades porque nos fallan una y otra vez y a la vuelta, como ya no sentimos esa rabia, pensamos que a lo mejor se habrán dado cuenta de que deben tratarnos mejor, entramos en el bucle del maltrato. Las personas que no somos nada rencorosas somos carne de cañón para personas abusivas que solo quieren utilizarnos a su merced y creando relaciones desequilibradas y nada recíprocas. El no ser rencorosa me ha hecho decepcionarme y por ende sufrir por las mismas personas una y otra vez.
Así pues, aprendamos a usar el rencor como mecanismo para poner límites sanos, para autocuidarnos, para protegernos, y para querernos más y mejor.

