Tengo 28 años y me llamo Clara. Bueno, no exactamente. No diré mi nombre para mantener el anonimato. Pero sí tengo esa edad y, desgraciadamente, mi historia es una de esas de novela que, cuando te tocan, quieres dejar de leer.
💬 Más testimonios e historias reales:
https://whatsapp.com/channel/0029VaCbq9P7T8bgwL0lOx0S
🍑 Canal de relatos eróticos y foros hot:
https://whatsapp.com/channel/0029VbAYEV38V0trMjJRkA3z
Mi mejor amiga y yo hemos sido uña y carne desde primaria. Nos conocimos en el colegio, fuimos juntas al instituto y no nos separamos nunca. Hemos convivido juntas, estado de vacaciones con nuestras respectivas familias y, muchas veces, una ha sido la extensión de la otra: acabábamos nuestras frases, elegíamos la misma ropa y nos encontrábamos vestidas casi igual, sacábamos la misma nota…
Cada una estudió una carrera en universidades distintas. Pero su grupo de amigos y el mío se juntaban los fines de semana y nosotras seguíamos haciendo piña.

En el momento de buscar los primeros trabajos serios, esos que no eran de camarera o dependienta, decidimos buscar casa juntas. Encontramos un apartamento y nos fuimos a vivir con otra amiga. Fueron unos años increíbles: despegamos laboralmente, disfrutábamos de cada fin de semana, íbamos al gimnasio todas, nos organizábamos para cocinar y limpiar…
Cuando mi mejor amiga empezó una relación seria, decidió irse a vivir con su novio. He de admitir que me dolió y sentí celos. Es egoísta, pero también es normal. Perdíamos nuestro rincón y teníamos que reubicar, por primera vez, nuestra relación. No fue fácil: ella casi no tenía tiempo libre y el que tenía lo quería pasar con su novio. Estaba en esa fase en la que el enamoramiento puede con todo y yo, aunque no me gustaba, lo entendía.
Con los meses, poco a poco, fuimos volviendo a la normalidad. Tomábamos algo un día por semana y coincidíamos en el gimnasio otro par. Para poder pasar más tiempo juntas, decidimos hacer una escapada de fin de semana a una casa rural.
Mi amiga llevó el coche y pasamos el primer día de paseo, en la piscina y en un spa precioso que había en la zona. Por la noche me propuso ir a cenar fuera a unas bodegas. Me dijo que yo bebiera, que ella conducía, que no me preocupara. Y yo bebí. Y ella bebió. Y fuimos tan imprudentes de coger el coche.
Daba igual. La casa estaba cerca. Eran diez minutos de nada… Pero mi vida se arruinó en segundos. Los que tardó el coche en salirse por una carretera de dos sentidos sin vadenes. No sé cómo fue porque no recuerdo mas que un golpe tan fuerte que volvió todo más oscuro de lo que estaba.
Me desperté al día siguiente en el hospital, con mi madre cogiéndome la mano, llorando y mi padre pululando por la habitación sin poder mirarme. Me dolía todo, estaba intubada, atontada y no sentía las piernas. Supuse que todo era fruto de la medicación.
Pregunté cómo estaba mi amiga y me dijeron que bien. Que había tenido unas heridas leves, pero que estaba bien. Y mi madre se echó a llorar. Salieron de la habitación y yo no entendía nada.
Volvieron unos minutos después con una persona con bata. Una psicóloga o psiquiatra. Empezó a dar rodeos y me preocupé. Me dijo que el accidente me había producido una lesión en la médula espinal y que me había quedado parapléjica. No podría volver a andar y la silla de ruedas iba a ser mi medio de transporte el resto de mi vida.

Lloré, lloré tanto que perdí la noción del tiempo. Me dolía la cabeza cuando mi amiga vino a visitarme unos días después. Nos abrazamos, me pidió perdón y lloramos, lloramos mucho.
Los primeros meses no se separó de mí. Intentó compensar su culpa, pero, poco a poco, y casi sin darme cuenta, fue desapareciendo.
Sé que fue culpa de las dos. Las dos fuimos unas inconscientes. Pero me da envidia, de la mala, saber que ella está bien y mi vida truncada. Ella está bien y hace su vida ajena a mi dolor. Ella se casará y tendrá hijos y a mí no me va a querer nadie, soy un lastre.
Este último año apenas nos hemos visto. Dos cafés rápidos en mi casa por su cumpleaños y por el mío. Dos regalos fríos, algunos WhatsApps de cortesía y un abismo insalvable. Y no es justo, porque yo estoy hecha polvo y ella no ha tenido que cambiar nada.
Envía tus movidas a [email protected]