Hace tan solo una semana me sentaba en este mismo escritorio, ante mi ordenador, y me preguntaba por qué me he enganchado una vez más a Maestros de la Costura. Me he pasado todos estos días dándole vueltas, y he llegado a la conclusión de que amo sobre todas las cosas ver cómo evoluciona un programa tan íntegro, en el que se premia el talento, donde el rollo reality está en un segundo plano… vamos, un programa como los de antes, donde se premia la valía y el saber hacer de los concursantes. ¡Y un mojón que nos comamos todas!

Siento ser tan explícita, pero no han pasado ni treinta minutos desde el final del programa de esta semana y yo vengo con la indignación muy en lo alto. De inicio ya lo aviso, si eres de las pocas que gustándote Maestros de la Costura todavía no sabes lo que nos han hecho, no sigas leyendo. Mírate el programita, traga un poco de bilis, y después vuelve para compartir conmigo tu indignación. Es que ha tenido bemoles el tema, desde el minuto uno, así sin cortarse.

La cosa ya comenzó con fuerza cuando los guionistas del programa (a los que ya os digo que esta noche les han debido explotar los oídos de mala manera), se les ocurrió la brillante idea de expulsar al peor aprendiz de la primera prueba de la noche. Que tú dices, pues bueno, les sobrará uno… Y sorprendentemente tras un resultado increíblemente soso, muy lejos de sus creaciones habituales, Nani tuvo que abandonar el taller. Ella, militar, muy serena y con ese gesto de mala leche que la caracteriza, solo sintió pena por su Lluís y se largó tan contenta. ¿Aquello fue justo? Pues no, porque esta mujer, con sus formas rudas y sus respuestas tajantes, era una de las mejores del taller. ¿Me dio pena? Sí bastante, porque como os digo, puedo no comulgar con sus formas pero si la mujer es una crack con la aguja, se dice y punto.

Real que comenté con mi marido, al que he enganchado a este marujeo, la posibilidad de que este giro de guion se debiera a que la militar tuviera una misión imprevista y de ahí su expulsión. Es que todo tuvo muy poco sentido, esa falda fea cuando esta señora nos tenía acostumbradas a diseños estupendos, ese despedirse sin una sorpresa ni nada. No me lo creí, así que mi yo interior decidió seguir viendo el programa recordando a Nani como la que fue, buena costurera pero seca ella como la mojama.

Se fueron entonces todos los del equipo a Lagartera, un pueblo de Toledo conocido por los bordados de sus trajes típicos. Allí salieron todas las lagarteranas divinas ellas en sus atuendos que apenas les lleva más de dos horitas en plantárselos. Obras de ingeniería por lo menos, faldas y jubones de más de trescientos años de antigüedad. Y como aquí nada es imposible, 135 minutos les dieron a los aprendices para copiar uno de estos trajes, de hecho, el más complicado de todos, el de novia.

Dos equipos completamente descompensados, de un lado los unos, con Laura a la cabeza, ellos muy coordinados y sin levantar la mirada de aquellos bordados imposibles. De otro, el caos total, dirigido por Fermín y donde desde la elección de las telas, todo fue un completo despropósito. Chencha, una de las lagarteras especialistas en estos trajes, se acercó para observar el trabajo y aquello no había por donde cogerlo. Pero Fermín y los suyos no vieron el problema, y prefirieron continuar partiéndose la caja llamando Chanchi o Choncha a aquella mujer y presentando, pues eso, una mierda pinchada en un palo. La única Mily, que se vio tentada a desistir en varias ocasiones y mucho más al ver el resultado de su trabajo.

El jurado fue tajante, el equipo de Laura había presentado el mejor trabajo por equipos de todas las ediciones de Maestros de la Costura. ¿Por qué es relevante este dato? Pues porque en cuestión de minutos ese ‘galardón’ serviría lo mismo para felicitar a los aprendices o para sonarnos los mocos, como queramos verlo. Por el contrario, el equipo de Fermín se llevó un nuevo rapapolvo por parte de Caprile y no les quedó más remedio que agachar las orejas un poco de aquella manera.

Prueba final. Fermín, Lluís, Mily y Gabriel se la juegan en la prueba de eliminación. A salvo el resto de participantes esperan para que comience la labor. Entonces, es el momento de felicitar a Laura, que ha sido la mejor de la prueba por equipos y se merece su premio. ‘Uy, a mí casi mejor no me deis nada, que esos premios los carga el diablo…‘ ¡Y tanto querida amiga!

Ni más ni menos, Laura tuvo que elegir entre sumarse ella a la prueba de eliminación o bien mandar a los que habían sido su equipo salvando así a aquellos que se habían pasado la prueba de mofa en mofa y de chiste en chiste. Ella, por supuesto, puso pies en polvorosa y sintiéndolo con el corazón, mandó al taller a Ancor, Yelimar y Javier. Sí, esos mismos que se habían dejado los dedos y los ojos cosiendo sin parar para su equipo.

Las cosas se empezaron a poner turbias en las redes, nadie podía creer para qué narices sirve una prueba de equipos si después el azar o la decisión de un solo participante puede cambiarlo todo. Disculpen señores del jurado ¿de veras los aprendices que se acaban de marcar la mejor prueba de todas las ediciones se merecen esto? ¿Nadie más ha visto cómo ha sido el comportamiento de Gabriel, Lluís y Fermín durante todo el trabajo?

Un plot twist que ya auguraba un final para nada justo. De pronto ver con delantales negros a los mejores del programa y en cambio observar cómo los que no lo merecen se salvan de cualquier peligro y siguen a lo suyo premiados como vencedores. Bueno, al fin y al cabo una definición de esta sociedad en la que vivimos, donde los trepas se lo llevan y los currantes se la juegan, sin más.

 

 

Efectivamente, el peor de la prueba fue Ancor, porque claro, él es demasiado clásico para marcarse un conjunto trapero en condiciones. Y, mucho ojo con esto, según Lorenzo Caprile, hay que saber adaptarse a lo que se venga y si no sabes hacer un buen pantalón trapero, pues te vas a tu casa por muy bien que cosas ¡qué va a ser esto de no tener ni idea de lo que es el trap! Lo dice él, que consideró de lo más trapero el ponerse unas zapatillas y unos calcetines de colorinchis.

Han echado al que todos sabíamos que se convertiría en ganador, a una persona que despuntaba por la calidad de sus diseños pero ante todo por tener muy claras sus intenciones. Lo han echado en una prueba injusta, por la decisión de una compañera y por no diseñar unos pantalones de trap en condiciones. Yo soy Ancor y muelo a latigazos a todo el equipo con uno de sus preciosos vestidos.

Twitter ardió ante la injusticia. En la cuenta de Maestros de la Costura no les quedó más remedio que eliminar algún que otro tweet ante la avalancha de respuestas indignadas. Nadie comprendía todo aquello. Bueno sí, la audiencia. Porque está claro que hoy en día vale más generar polémica que la calidad del trabajo de los concursantes. Porque ser TT por encima del Debate de La Isla de las Tentaciones lo es todo, y si para ello no tenemos que llevar por delante al mejor de la temporada, pues ciao Ancor y se acabó.

Y todo se vuelve mucho más indignante cuando apenas unos minutos después empiezan a llegar imágenes del próximo programa, donde de nuevo vuelve a estar Ancor y se echa en falta a Fermín. ¡Qué sorpresa tan inesperada! (Modo ironía activado). ¿Pero a qué vienen ahora estas filtraciones? Lo mismo desde RTVE deberían empezar a aprender a hacer bien las cosas y a dejar de jugar con el público. Porque mucho de los que amamos este tipo de programas lo hacemos porque nos gustan las creaciones y el buen hacer de los participantes. Que para salseo ya tenemos otros formatos como La Isla, Sálvame y GH. ¿Qué necesidad hay de todo esto?

Fatal ejemplo por parte de los guionistas de Maestros de la Costura, y aunque ahora ya sabemos que Ancor vuelve en 7 días, la injusticia y el mal rato nos lo han hecho pasar a todos. Algunos ya se preguntaban si todo esto es denunciable, y está claro que no vamos a llegar a tanto, pero yo ya le he puesto dos velas negras al iluminado que decidió que todo esto era una buena idea. ¡Así, no!

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