Hacía tanto que no echaba un polvo que estaba más salida que una terraza. Por eso hoy no quería amor, no quería una conversación trascendental sobre la vida ni lluvias de estrellas. Quería que me empotraran como una grúa de demolición hasta que me temblaran las piernas. Con esa intención me puse lencería mona y mi vestido más fantástico. Era una noche de caza, había luna llena y la loba había salido del armario.

Pero las vicisitudes de la noche hicieron que mis amigas y yo acabásemos en un antro jugando al Yo Nunca con Tequila. Y después de una hora ya estaba cantando por Rocío Jurado y contándole a la camarera que había empezado el año con hemorroides. Así de sencilla, y más pedo que Alfredo.

Había renunciado a cualquier tipo de expectativa sexual cuando escucho una voz detrás de mí que me dice «Ole tú!». Y allí estaba él,  con pantalones chinos, un polo de Lacoste y una pulsera con la bandera de España. Rubio, alto, fibrado, de ojos azules.

– ¿Ole yo por qué?

– Por lo que estabas cantando, lo haces muy bien.

– Tú también mientes muy bien, pero eres mono.

 

Eso le descolocó. Golfa y borracha, la mejor muchacha ;)

Una amiga vino a rescatarme, cogiéndome del brazo y llevándome a una esquina.

 

– Julieta, qué haces, no te irás a liar con el facha, no?

Ay, de verdad, qué manía de rescatar a gente que no quiere ser rescatada. Que no vamos a firmar un contrato. Además ¿por qué va a ser facha? ¿Sólo por ser pijo y llevar la bandera de España? Yo compro en Zara y escucho rock.

– Perdona si te estaba molestando, sólo me había gustado como cantabas – intervino el chico por detrás.

– Si molestases ya te habría mandado a freír puñetas. Tranquilo. ¿Cómo te llamas?

– Borja

– Borja, ¿sabes que te pareces muchísimo a los atletas de la propaganda nazi?

– Jajajajaja, ¿pero qué dices? Estás colgada.

– Colgando en tus manos.

– Quieres que te coja las manos.

– Oros, copas, espadas y bastos. Aquí abajo tengo los trastos.

 

A los 15 segundos ya estábamos jugando al tenis con las amígdalas y repasando la mano de arriba a abajo como en un tango de la muerte. Me dijo que nos fuésemos a su casa y mis amigas negaban con la cabeza. Pero mira, el destino lo había puesto en mi vida aquella noche. Si Dios no quisiera que comiera Pringles no me habría hecho la mano tan flexible y si no quisiera que me follase al pijo no habría aparecido por detrás mientras cantaba Rocío Jurado. Y la vida al final es una sucesión de acontecimientos en la que buscas correrte muchas veces.

De ahí nos fuimos a su casa y ay amigas. Esas manos de jugar al pádel me agarraban mejor que un push up. Unos deditos largos y finos que escondían un secreto al meterlos dentro de mí. Sus dedos eran más rápidos que mi Wifi. Y al bajarse los calzoncillos me faltó aplaudir. «Valió la pena» que cantaría Marc Anthony. Tenía la polla como el caballo de Troya. Y me monté encima de ese gaseoducto ucraniano esperando una explosión nuclear.

Cuál fue mi sorpresa cuando tras 30 segundos empezó a gritar como un loco. ¿Se había corrido? Imposible… No podía ser.

– ¿Te has…?

– Sí nena, estaba muy cachondo.

– Pero…

– Llevo una semana de mucho folleteo y ando sin reservas ya, perdona. Estoy muy bueno y no me quito a las tías de encima.

 

Aha… Miguel Ángel estuvo dudando de si esculpir al Miguel Ángel o a Borja. Al parecer Borja era la persona preferida de sí mismo.

– Y mira, quiero ser claro. Eres muy mona pero no busco una relación. Quiero pasarlo bien, pero desde el respeto, ¿sabes? Yo respeto a las mujeres, aunque me pongan a caer de un burro las feminazis. Yo soy feminista, aunque creo que no debería haber feminismo, tiene que haber igualdad.

 

Sí claro. Te van a hacer una estatua las de FEMEN, no te jode. En la historia del feminismo hay figuras como Hipatia de Alejandría, Juana de Arco, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Emily Davison y Borja.

– ¿Tú te estás escuchando lo que estás diciendo?

– Soy sincero. Sé que estoy bueno y parece que por estar bueno no puedo decir lo que pienso. A las tías les mola el rollito de macho alfa y se enganchan súper fácil. Por eso prefiero dejar las cosas claras.

¿Las cosas claras? Borja debía pensar que la sinceridad era un animal mitológico. Con la misma verdad que un falsificador de monedas. Humilde, como él es. Todos los humanos desde Adán y Eva hasta hoy eran solo ensayos de Dios, hasta que se vio preparado para crear a Borja, sólo que en vez de macho alfa, era macho alfalfa. ¿De dónde vienes, Borja? ¿Por qué no te vas? ¿Dónde van las neuronas que no utilizas?

– Te has quedado callada

– Lo que me he quedado es sin palabras. Porque primeramente mi gran noche de empotramiento ha durado lo que un microcuento de Mónica Carrillo.

– ¿Quién es esa?

– ¿Y ¿encima tengo que escuchar las sandeces de un tipo que no sabe lo que significa la palabra feminismo y me dice que no busca una relación? ¿Pero quién coño te ha hecho pensar que yo quería una relación contigo? ¿Te digo que lo que yo busco es criar mapaches?

– Joder, no sé, lo siento. Pero podemos quedar para pasarlo bien.

– ¿Pasarlo bien? Borja, eres como las vacaciones. Nunca duras suficiente. Adiós. 

 

Autora: La Julieta del Tinder

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