La próxima vez que un tío os vaya de mega abierto en lo sexual, de aventurero en la cama… de osado, atrevido y echao palante, hacedme caso y no le creáis. Es mentira. Y más si os lo cuenta todo sin haberle preguntado nada. Seguramente lo que más le gusta es el metesaca de toda la vida y no tiene ninguna intención de salir de las dos posturas que aprendió a los veintidós, cuando por fin perdió la virginidad con una vecina que se apiadó de él, pero por alguna razón no está orgulloso de ser así de soso, y cree que dar el clásico mítin de campaña electoral y mentir como un bellaco haciéndote creer que es quien no es, va a hacer que le votéis (con v) en las próximas elecciones, cuando lo único que esperas de él es que te haga botar (con b) con un poquito más de ritmo, que tampoco le pides una tesis doctoral. 

Yo a mi último ligue me lo creí, ingenua de mí, cuando se puso a fardar de su apertura mental, de no haber tenido jamás tabúes de ningún tipo. Me soltó un discurso perfectamente aprendido sobre cómo la fragilidad masculina es capaz de boicotear el orgasmo femenino; aseguró no tener ningún miedo a encontrarse con un dedo metido en el culo, más bien al contrario, después de haber tenido varias experiencias sexuales con otros hombres; orgías, swingers, BDSM, sexo en púlico y besos negros, rojos, blancos y de todos los colores. Todo eso me soltó, y yo me lo tragué, nunca mejor dicho. 

Para cuando me contó todo aquello, ya habíamos echado unos cuantos polvos, y bueno, no habían estado mal pero no habían sido nada fuera de lo clásico y lo normal. Incluso un poco soso. Pero vaya, que después de semejante discurso que me dio, yo pensé que lo mismo no se había atrevido a dar por hecho que yo compartiría determinados gustos, y eso me pareció muy bien. Hay cosas que es mejor hablarlas antes.

Eso sí, la siguiente vez que quedamos, yo iba ya como un obús, y super preparada para hacer el guarro nivel que acaban llamando los vecinos a la policía, a los bomberos y al Seprona por si se ha escapado algún animal salvaje. Pero además, de todo lo que había dicho, lo del beso blanco me obsesionaba un poquito bastante, porque yo siempre había querido probarlo, pero nunca había conocido un tío que quisiera que se lo hiciera, y me flipaba la idea, la verdad, no sé, por aquello de terminar de otra manera más cerda.

Pues nada, después de aquella conversación no me corté un pelo, vamos. Después de haber jugado un rato, se la chupé hasta que se corrió en mi boca, y bueno, sí que es verdad que cuando fui a comerle el morro lo noté un poco rígido, pero no le di importancia y seguí adelante. A mí el refrote pringoso me estaba molando bastante, he de decir, pero de repente él quitó la cara, me empujó, y se fue corriendo al baño, desde donde le escuché escupir dos, tres, ochenta veces, enjuagarse la boca, volver a escupir, y juraría que tuvo alguna que otra arcada. Volvió todo blanco y con la cara descompuesta, y me dijo que por favor me fuera. Así, vete. Sin explicarme qué había pasado, aunque bueno, no podía estar más claro lo que había pasado. 

Yo recogí mis cosas y me fui, y tampoco dije nada porque no quise que la situación diera todavía más pena. Bajé las escaleras de su portal a carcajada limpia, pensando que en algún sitio tenía que contarlo. Ya iba pensando en WLS. Y no he vuelto a saber de él. 

En fin, yo sé de uno que se lo pensará dos veces la próxima vez que decida ir de guay. 

Anónimo

 

Envía tus movidas a [email protected]