«Pues nada, que un día estaba un poco cachonda, me hice un Badoo y allí nos conocimos» – Yo a mis hijos…
Soy la Bridget Jones del Tinder.
Y así conocí a Kasper, un sueco rubio de torso apolíneo que trabajaba en Madrid. Hacía snowboard, era inteligente, divertido y realfooder. Kasper, cariño, realfooder va a ser comerme el coño. Pero todo a su tiempo.
Quedamos para cenar y en persona era increíblemente más mono que en fotos. Sonreía y se le hacían arruguitas en los cachetes. Madre mía, yo chorreaba más que una tubería rota.
– Julieta, tengo que decirte que me pareces muy guapa.
– Oh Kasper, lléname la boca de esos hijos que nunca tendremos Gracias. Tú también
De ahí nos fuimos a un local de perreo. Yo pensé que siendo sueco bailaría de pena pero a tomar por culo los estereotipos. Era la Shakira de Estocolmo. Se me pegó rozando la cebolleta que pensé «qué contenta estaría ahora doña Josefa, la monja que me daba matemáticas en el colegio, que le dijo a mi madre que yo tenía madera para ser monja». Me empezó a comer la boca al ritmo de la música que si tiro las bragas al techo se quedan pegadas.
Qué razón tenía Sergio Dalma cuando cantaba lo de bailar pegados es bailar, igual que baila el mar, con los delfines. Y yo estaba bailando Maluma sintiendo la orca de Kasper. Liberad a Willy. Viva el twerking escandivano.
El chico era listo porque habíamos quedado por una zona cerca de su casa, así que cuando me preguntó si quería ir a su piso le dije:
En su casa bebimos otra ronda de ron y seguimos con el morreo. Y aquel cipote que al principio pasaba inadvertido ahora estaba que se le salía del pantalón, a punto de erupción como el Etna.
– ¿Te apetece que veamos una porno? Tengo una colección personal
– Anda, bueno vale. Puede ser divertido.
Suelo ver porno sola pero hacía tiempo desde mi última relación y no recordaba la última vez que había visto porno acompañada. Se bajó los pantalones, se quedó en calzoncillos y le dio al Play. Y entonces apareció un dibujo de una planta con muchos tentáculos. Pensé que se había equivocado, PERO NO. Al rato salió una mujer en dibujo desnuda y la puta planta le estaba metiendo los tentáculos por todos los orificios.
Yo puse sonrisa de «colega dónde está mi coche» y como vio que no me convencía le dio a la siguiente peli. Y aparece un Pikachu con un rabo del tamaño de un paquete de galletas María penetrando a un Squirtel por el coño. PERO ESTO QUÉ ES
Yo estaba en shock, ya no por ver porno de dibujos. ¿Desde cuándo Squirtel tenía coño? ¿No eran asexuales los pokemon? Esto era más duro que cuando me enteré que el mono de Marco no se llamaba Amelio, sino Amedio.
Pero es que el colofón fue cuando puso el siguiente clip y apareció Dora la exploradora en bragas comiéndole el rabo a un mono.
NO, NO Y NO. PAREMOS LAS ROTATIVAS.
¿Podría considerarse esto ilegal? ¿Qué cojones hacía yo en el piso de un sueco un sábado a las 3 de la mañana viendo a Dora la exploradora haciendo una felación cuando podría haberme quedado en casa viendo Sálvame Deluxe? Julieta, eres gilipollas.
Ahora entiendo por qué una amiga me había dicho por la tarde.
– Uy, pero los nórdicos en el sexo son muy raros, ¿no?
– Qué va mujer…
¿Pero qué conocía yo realmente de Suecia? IKEA, Pipi Calzaslargas y ABBA. Para de contar. ¿Pero y si Kasper era rollo «Los hombres que no amaban a las mujeres»? ¿Y si tenía un bunker en el piso y me secuestraba? El porno pokemon y la paranoia se hicieron presa de mí y sólo tenía como objetivo escapar. No quería ser penetrada por una flor de mil tentáculos ni verle el mapa a Dora la exploradora.
– Kasper, me voy a ir a casa.
– ¿A casa? ¿Pero pasó algo? ¿No te gusta la peli?
– No, no es eso
– ¿Entonces?
Rápido, piensa algo ingenioso…
– Me he acordado que dejé un pollo en el horno.
Y así, con 0 inventiva y sobredosis de manga, me escapé de la cita. Puede que luego el sexo hubiese sido increíble, pero llegadas a una edad amigas, una ya no quiere ni rayo trueno, ni látigo cepa.
Julieta
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