Llevo unos cuantos años soltera. Tuve una relación de tres años con un tío maravilloso de puertas afuera pero un novio pésimo de puertas adentro. De esos que nadie entiende por qué dejas… “¿Estás loca? No vas a encontrar un hombre igual en tu vida”.

Si ellos supieran… que no entraba por la puerta de los cuernos que ese hombre maravilloso se encargaba de ponerme habitualmente, solo por hablar de la punta del iceberg.

Que me lío y no es de quien quiero hablaros, solo era para poneros en antecedentes de que me quedé asqueada total con el amor. Que no es que no crea en él, es simplemente que ahora mismo no lo quiero ni de lejos. Que me apetece a mi darles otras alegrías al cuerpo yo solita o con quien me dé la gana y luego si te he visto no me acuerdo.

En ese momento de mi vida estoy, y ya se sabe: ande yo caliente, ríase la gente. Que no lo entienden mis amigas oye, qué pesaditas con que necesito un novio. ¡Que no lo quiero!

Que yo solo quiero que me empotren bien, pero bien bien, contra la pared, contra la lavadora, contra el armario o contra un coche, me da igual.

Y entre tanto que yo andaba disfrutando de mis match del Tinder, o de mis encuentros con tíos random nocturnos, llega mi mejor amiga empeñada en presentarme a un compañero de curro que (según ella) estaba hiper cañón, y ya que ella, casada, no lo podía catar quería hacerme ese “regalo”. Me negué, ya me la conozco y paso de aguantarla después con su decepción por mi fracaso amoroso (en su cabeza porque para mi ni amoroso ni amorosa).

Pero la muy perra, que es más perra que el Ayudante de Santa Claus, me dijo el viernes pasado de irnos de cañas por un sitio de la ciudad al que no solemos ir, pero bueno, que yo si se trata de ir de cañas me importa bien poco el dónde.

Allá nos fuimos, allá nos pedimos nuestras birritas bien fresquitas, y como si de una fucking película romántica mala américana se tratase allí aparece el tipo. Y sé que era él porque ella no se cansaba de enseñarme fotos.

“¡Uy, hola Martín!, qué casualidad! Mira, esta es mi amiga Sandra, de la que te hablé alguna vez, ¡siéntate con nosotras anda!” (Uy sí, que casualidad maldita lianta). Allá que se sentó el (impresionante, todo hay que decirlo) chico.

Y mi querida amiga del alma decide fingir (lo sé, sé que lo fingió), que la llamaban para una urgencia en el trabajo y se tenía que ir. ¡Vaya, otra casualidad!.

Allí nos quedamos los dos con nuestras cervezas, y reconozco, por más que me joda, que me lo pasé de cine. El tío era impresionantemente atractivo, que son los que me gustan, no los guapos de revista, y además era increíblemente agradable y simpático.

Una cervecita llevó a otra, y otra a un picoteo con vinito y la alegría y buen rollo se metió en nuestras venas, y algo más también. Pasaban las horas y cada vez las sillas se juntaban más y las caricias se iban sucediendo, y los roces de rodillas. Hasta que tan juntos estábamos que le di un beso.

Sí, amigas, yo. Que quería evitar ese rollo ahí estaba, con unas ganas de follármelo que no me lo podía ni creer. Tras varios morreíllos públicos que ya empezaban a dar pena y vergüenza ajena me invitó a subir a su casa y lógicamente ni me lo pensé.

Subimos, nos dimos el lote por todas las esquinas de la casa, nos metemos en la habitación, nos desnudamos poco a poco…y en cuánto ve mis bajos se queda observando… Entre la sorpresa y la admiración.

Para que lo entendáis, no me depilo muy a menudo. No es que esté en contra ni a favor, es que me da perezón si no es verano qué queréis que os diga.

Total, que el tío me dijo si podía pedirme algo que no era nada raro rollo sexual, pero que le molaba mucho, y le dije que por pedir que no quedara…

Cuando me suelta que tiene un fetiche total y que casi nunca puede cumplir porque hoy en día todas las tías se hacen en láser.

No me imaginaba qué coño quería hacer. No, lo que no me imaginaba era qué quería hacer con MI coño.

Me dijo que le encantaba pasar la cuchilla sobre un pubis tan bien cubierto de vello y después, todo podadito comérselo como si no hubiera mañana.

Yo, que como os digo no es que esté ni en contra ni a favor, y no me pareció cosa tan depravada como mi mente ya se había adelantado a imaginar… le dije que sí, porque una no se niega a una buena comida si solo hay que donar el vello púbico.

Nos vamos al baño y saca todo un kit de depilación que me hace flipar un poco… Pero bueno, pensé: “por lo menos sabe lo que se hace seguro”.

¡Ja!, ¡Y una mierda!, no sé en qué puta película habrá visto eso, pero ese tío no había depilado un coño en su vida y el tajazo que me metió en mis preciosos bajos hicieron que gritara como si me arrancaran el corazón.

Fue algo superficial, nada grave, pero no sé si lo sabéis, eso sangra MUCHO. En cuanto conseguí que parara me puse mi vestido sin bragas (menos mal que no llevaba vaqueros) y me fui para no volver.

Y así, al día siguiente cuando se lo conté a mi querida amiga, aprendió a no presentarme a nadie más del trabajo que luego tuviera que ver en la oficina imaginándoselo afeitándome el coño.

De todo se aprende amigas, yo no me dejaré depilar por nadie que no sea mi esteticista, y mi amiga no me dará más el coñazo para que eche un polvo (al menos por un tiempo) que ya me los busco yo y no los tengo que volver a ver si pasan cosas como esta.

Anónimo.

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