¿Qué más te da?

Vaya por delante que respeto todo tipo de opciones sexuales, salvo la pederastia y la zoofilia, y que todo lo que sea consentido entre dos personas me parece ideal. Te cuento. Fui un día a un centro comercial de una ciudad cercana a Barcelona. Como es habitual, las tiendas son siempre las mismas y el ambiente pues varía dependiendo de la hora del día. Recuerdo que era un martes por la tarde. Había ido a comprar al supermercado, pero antes me pasé por el servicio. 

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Al entrar, había una persona en los mingitorios de pie, pero yo entré en uno con puerta. Mientras orinaba, observo que en ambas paredes hay unos pequeños agujeros. Me da por mirar y compruebo que, de haber alguien en el cubículo de al lado, habría podido verle tranquilamente y sin despertar sospechas. 

 

Bueno, termino, me voy a lavarme las manos y el que estaba allí me dice que si me apetece que me haga una mamada. Era un tipo joven al que había visto antes con la mujer y con un niño pequeño paseando por allí. Es decir, no era un tipo desesperado, ni un rijoso, sino alguien totalmente normal con vida heterosexual. 

Le dije que no. Me respondió «entiendo que eres hetero, yo también, pero es que soy también curioso y quiero saber qué se siente al comerse uno una polla. Es mi primera vez y no quería probar con alguien mayor. Solo te digo que puedo intentarlo y si no me gusta pues me voy y ya está». «Que no», le respondí.

«Pero ¿qué más te da? Cierras los ojos y te imaginas que estás con tu mujer. Intentaré hacerlo lo mejor posible. He practicado mucho con un consolador que tengo. Seguro que me gusta e incluso te dejo que te corras en mi boca si te apetece. No pierdes nada y te llevas una mamada gratis» me dice. 

«Que no», insisto. «Claro, porque todos los heteros sois iguales. Os pensáis que porque os la chupe un tío ya os vais a convertir en maricones y no es así. Es solo sexo. A mí me apetece comerme una polla, tú tienes una y te niegas a darme ese placer cuando, además, te vas a correr también».

Ahí ya no pude contenerme y le dije: «entiendo que te apetezca comerte una polla, pero no va a ser la mía. Respeto tu curiosidad, tu vida hetero y lo que quieras, pero por más que me vendas la moto, no te la voy a comprar. Me gusta que me la chupe mi mujer y ya está. Incluso si fueras una tía te diría que no». 

Se marchó todo cabreado. Me lavé las manos, pillé mi carro de la compra y al salir al pasillo veo que besa a su mujer y le dice «me he encontrado con uno ahí en el baño que me la quería chupar, le he dicho que no, que asco de pavo eh». Se me vinieron a la mente muchas preguntas, pero, como te dije al principio, respeto a todo el mundo siempre que hagan lo mismo conmigo, ¿no crees?

 

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