Me escribe Ángela para que os cuente la historia de su última relación. No sé si os pasa a vosotras, pero a mí cada vez más, que miráis atrás a vuestras parejas de hace años y pensáis ¿cómo pude estar con ese imbécil? o ¿cómo pude soportar eso? Pues este es uno de esos casos.
Ángela era una chica joven, guapa e independiente que vivía a unos 60 km del lugar donde había tenido que mudarse para estudiar y, como no venía precisamente de una familia rica, se había tenido que poner a currar para poder mantenerse.
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Con 21 años estaba estudiando una ingeniería y trabajando por las tardes dando clases particulares a niños y los fines de semana en un pub poniendo copas. No tenía casi tiempo libre, apenas sacaba lo justo para vivir (en aquella época, si le pasa ahora no hubiera podido pagar ni un felpudo donde dormir en esta ciudad transformada en parque turístico) y no conocía mucha gente fuera de su clase, porque no le daba tiempo. Pero al trabajar cara al público, su vida social se amplió bastante y empezó a tener algunas amigas nuevas y algún que otro ligue de vez en cuando.
Pasado el tiempo conoció a Fran, un chico que no llamaba la atención para nada a ninguna de sus amigas, por eso todas alucinaron cuando ella se enamoró perdidamente de él. Era un chico callado, serio y no muy atractivo, pero tenía muchos gustos en común con Ángela y a ella le encantaba oírlo hablar de derecho, que era su carrera y se veía que le apasionaba.

Cuando llevaban juntos saliendo oficialmente 6 meses, Ángela le dijo que le parecía extraño que nunca quisiera quedar con sus amigos, que no le hubiese hablado jamás de su familia y que solamente supiera de él dónde estudiaba. Siempre quedaban en casa de ella, si salían a algún sitio lo hacían con los amigos de ella y él había querido pasar a saludar a los padres de ella cuando vinieron a hacerle una visita. Sin embargo, ella no sabía mucho sobre el entorno de él y jamás le había presentado a nadie.
Un tiempo después, cerca ya del año de relación, él le dijo que su compañero de piso se iría porque había cambiado de trabajo y que pensaba que quizá ella querría irse con él para poder ahorrar un poco. Ella no entendía nada, hasta que él al fin la llevó a su casa. Un piso enorme en pleno centro de la ciudad, con muebles de cerezo, nada de Ikea, y electrodomésticos de primera calidad. Aquel piso era de los padres de Fran, él no pagaba nada. Había alquilado una habitación un tiempo por hacerle un favor a un amigo, pero ahora que estaba solo de nuevo, podía compartir el espacio con ella.
Le regaló un precioso vestido de marca y la invitó a comer a un restaurante pijo. Al llegar resultó ser la presentación formal a su familia. Sus padres, dos famosos abogados, quedaron encantados con ella y su hermano pequeño la miraba obnubilado (posiblemente porque al fin veía a alguien sonreír sentado a la mesa de su familia). Tras conocerlos entendió la vocación de su novio y que mantuviese distante a su entorno social de su familia, para evitar relaciones por interés.

Al parecer, ella pasó el filtro y sus padres aceptaron con facilidad la idea de que vivieran juntos. Él les contó que ella debía trabajar muchas horas para poder pagar los caros alquileres que había en la ciudad y eso les quitaba tiempo de estar juntos y tiempo de estudio, así que sus padres, muy amables y generosos, le dijeron que no se preocupase de nada, que podría vivir allí con él sin pagar nada y que le buscarían un trabajo con algún amigo suyo que pudiese realzar desde casa para que pudiera dedicar más tiempo a los estudios.
Estuvo un tiempo traduciendo documentos para unos abogados amigos de sus suegros, pues su familia había vivido hasta que ella entró en la universidad en Suiza y dominaba varios idiomas como maternos.
Sin embargo, pasado ya un año y medio y viviendo juntos desde hacía unos meses, seguía sin conocer a los amigos de su novio.
Entonces le pidió un día que no fuera por el piso hasta la noche porque quería hacer algo a solas. Ella no preguntó, pues en realidad tenía planes para ir a la biblioteca con sus amigas. Pero cuando esto empezó a repetirse varias veces, quiso saber qué era aquello que su novio hacía cuando necesitaba que ella no estuviera.

Él, muy serio, le contó que tenía un amigo desde el inicio de la carrera que se había convertido en su mejor amigo, pero que era de una familia de mucho renombre. Le dijo que era un tío genial, que lo apreciaba mucho, pero que jamás entendería qué hacía él con una chica de su posición y su aspecto. Y se quedó tan ancho. Le dijo que para él no era “demasiado importante” que ella fuera de clase obrera o que usase una 44 de pantalón, pero sabía que para su amigo sería motivo de burla y prefería evitarlo.
Por algún motivo que ahora no es capaz de recordar, le pareció bien y durante meses ella se iba cada vez que el amigo de su novio quería jugar a la Play. Hasta que un día apareció de improviso y ella salía del baño en pijama.
Ella lo reconoció al momento. Habían estado liados hacía varios años y ella no había querido seguir con él porque era muy estirado. Él, avergonzado, prefirió irse y su novio dejó de hablar con su amigo al saber que había estado con su novia antes que él.

No sé, a mi me parece que en esta historia todo está mal, pero ella en aquel momento no vio que aquello también era una señal de que algo no estaba bien.
Ella y los padres de él estrecharon mucho su relación porque, a pesar de ser personas muy serias y trabajadoras, eran muy cariñosos y cercanos con ella. Fueron ellos quienes le dijeron que debía dejar a ese muchacho, su propio hijo, cuando tras 4 años de relación la vieron sumida en la miseria emocional más grande que se puede alcanzar.
Hoy en día mantiene contacto laboral con ellos y tiene una gran amistad con el hermano de Fran, pero de él no supo demasiado más allá de que se casó con una chica que era modelo y que pronto dejó de trabajar y se fueron a vivir al sur.
Sabe que hoy en día no aguantaría una relación así, pero en aquel momento, hace casi 20 años, no le parecía bien, pero tampoco la ofendía la manera en que su pareja se avergonzaba de ella por ser pobre y no cumplir con los cánones de belleza.
