¿Has probado tu propio semen? ¡Pues no pidas que se lo trague!
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Perdona que te haga esa pregunta y esa afirmación, pero es algo importante. Vamos a ver, chaval. Si te gusta que la otra persona se trague tu semen, te entiendo perfectamente porque me pasa lo mismo. Eso es como la sumisión total, la entrega de tu pareja sexual y el dominio más absoluto.
Ahora bien, ¿sabes cuál es la textura y el sabor de lo que pides que tu pareja se trague? Es más, ¿lo has probado alguna vez para invitar a alguien a que lo pruebe y se lo trague? Pues solo cuando lo hagas sabrás por qué hay personas que no soportan esa propuesta.
Te voy a hacer una pregunta: ¿qué haces cuando te masturbas? Quiero decir, cuando te corres. Puedes correrte dentro de un juguete sexual, sobre un papel, o directamente en el váter, pero ¿por qué no lo haces sobre tu mano y pruebas tu semen? ¡Amigo mío! ¡Porque te da asco y ya se te ha pasado el calentón! ¿Qué te hace pensar que tu pareja está siempre a tope y deseosa de tragarse tu semen?
Hay distintas opciones para probar lo que sale de tu pene. Una de ellas es colocarse en la cama, poner los pies por encima de tu cabeza e intentar hacerte una felación. Si no llegas, mastúrbate, abre la boca cuando te vayas a correr y degusta tu esencia. Otra opción es correrte en un vaso y luego tomártelo. Si lo prefieres, como siempre queda una gota en tus dedos, pruébala y luego opina.
Si me preguntas, te diré que sí, que he probado mi semen y que no le digo nunca a mi pareja que se lo trague. Mi expareja lo hacía, con azúcar, pero a mi pareja actual no le agrada la práctica y puedo entenderlo a la perfección.
Para que te hagas una idea de cómo es el sabor y qué tipo de textura tiene. Es como una especie de cera derretida con un regusto nasal a amoníaco y con un sabor que varía dependiendo de lo que hayas comido. Si has tomado algo de postre, o piña, sabe ligeramente dulce. Si has tomado espárragos, sabe amargo. Y si has tomado lo habitual, predomina una pincelada de sabor a lejía que te invita o a tragártelo rápido, o a escupir.
Ya te digo, esto es como lo de pedir el sexo anal cuando nunca te has metido nada en el culo y no sabes qué se siente (la elasticidad del esfínter anal es idéntica en ambos sexos). Tú pides que la otra persona pruebe tu leche como si fuera un manjar, pero eres muy macho y nunca la has probado.
Recapacita, lánzate a probar (no te vas a convertir en homosexual por eso, si es que esta es tu mayor preocupación) y luego decide si ese sabor te vuelve tan loco que te encantaría tomarlo cada vez que tengas sexo. Seguro que cambias de opinión y que puedes hablar con conocimiento de causa tras tomarte un chupito de tu semen. ¿Te animas a probar?