Iba a mi cita la mar de contenta pensando en las ganas que tenía de echar un buen polvete. Hacía 3 meses que no tenía una buena experiencia sexual y el chico con el que llevaba hablando 5 días me parecía un empotrador nato, así que no tardé ni dos segundos en querer quedar con él.
Fuimos de cita y acabamos en su piso del centro. El chaval era muy cooltureta y estuvimos hablando hasta las mil de libros y de pelis. Me sentía constantemente en un examen y eso me ponía cachonda, después de hablar un rato de Kerouac ya no pude más y me tiré encima de él. Me recibió con muchas ganas y en menos de 3 minutos estábamos en el sofá metiéndonos mano muy a lo cerdo.
El tipo sabía lo que hacía, me estuvo calentando durante 20 minutos que para mí fueron una eternidad. Cuando me metió los dedos, aquello estaba más mojado que cuando sales del Tutuki Splash y él se puso más duro que una piedra. Yo solo podía pensar que necesitaba o su polla o su boca en mis bajos, y cuando ya estaba a puntito de decírselo saca un antifaz, me tapa los ojos y me ata las muñecas a la cama.
COÑO, ESTO VA MUY BIEN.
Siguió con los jueguecitos usando plumas y cosas que no sé lo que eran porque no las veía, pero yo estaba ya al borde de la explosión. De repente, noto que se levanta. Escucho la nevera, la cierra y vuelve. Pienso que va a venir con nata o alguna cutrada de esas, pero no. Noto algo muy muy frío y duro, me lo pasa por los pezones, por la barriga, el interior de los muslos… Estamos en Salamanca a 5 grados pero parece que yo estoy en Sevilla a 45.
Lo que sea con lo que me está acariciando empieza a estar más blando a medida que se deshace por mi calor corporal, pero el tipo lo tiene todo cronometrado y me penetra el coño con eso. Me muero del placer y del dolor. Me arde el chumi del frío pero no quiero que pare y aquello dura congelado lo mismo que yo en pedirle que me folle de una vez.
Me hace caso y, por fin, me da lo que estaba esperando y deseando desde hacía horas, y no defrauda. Acabamos los dos, me desata, y al cabo de un rato volvemos a la carga.
Nos quedamos dormidos y al cabo de un par de horas me despierto con una sed criminal. Me pongo las gafas, me visto un poco y voy para la cocina. Al volver me fijo en el desastre que montamos los dos con la pasión; ropa por el suelo, condones varios y algo de color amarillo.

Qué coño es eso.
Me acerco. Parece un globo relleno de líquido amarillento, como un chorizo líquido. Lo cojo y empiezo a alucinar lo más grande.
Es un preservativo relleno de pis.
Mi cabeza va a mil por hora y empiezo a descubrir que lo que aquel señor me había metido por el coño era un condón relleno de pipi congelado. No doy crédito y despierto al fulano pidiendo explicaciones.
Me explica que es una forma de dildo económico y divertido, que no hay problema de que se escape nada y que a la vista estaba que había disfrutado.
No os puedo expresar mi enfado mezclado con asco y ganas de matar. Solo recuerdo que pillé el chorizo blandurrio, las llaves de casa y le pinché el condón en la cabeza al listo.

Me piré de allí enfadadísima, oliendo a pipí y con un resfriado por haber estado jugando con hielo.
Amigas, cuando un tipo vaya a la cocina cercioraros bien de que lo que trae de vuelta sea un calabacín y no un vibrador casero.
Chochona en Alaska.
