Es indudable que las apps de ligue han cambiado la forma en la que nos relacionamos. Se ha facilitado tanto el acceso a conocer gente nueva que la estabilidad y las conexiones profundas se han visto afectadas. Al tener tantos perfiles disponibles con solo deslizar el dedo por la pantalla del móvil, se crea la idea de que siempre habrá algo mejor esperando, lo que influye en el esfuerzo que ponemos en solucionar problemas de pareja, o en comprometernos con una sola persona, así como en la sensación constante de que nos estamos perdiendo algo. Pero, curiosamente, no se nos pasa por la cabeza que lo que nos estamos perdiendo pueda ser peor que lo que tenemos y, a la vez, somos conscientes de que el mercado está fatal (os lo digo en serio, fatal. Si estáis en una relación, valorad la posibilidad de quedaros en ella, o ser solteras, porque si queréis encontrar a otra pareja, está la cosa dificilísima) y se han normalizado actitudes como el archiconocido ghosting (que me parece, directamente, una forma de maltrato), el orbiting (mirar pero no interactuar, que no solo pasa en las apps de ligue, sino en otras redes sociales) o el benching (mantener a alguien como opción, en el banquillo por si acaso).
En las apps de ligue, además, se decide si conocer a alguien, o no, basándonos en unas cuantas fotos que muestran una versión sesgada de la realidad, aun cuando no tengan filtros, y crean falsas expectativas sobre el mundo real. Me parece peligrosísimo creer que una pareja se sostiene solo en los momentos felices que vemos en las redes. Estamos empezando a no saber sostener los malos momentos que, inevitablemente, existen también.
Los desconocidos de las aplicaciones carecen de un ámbito compartido, como se tenía cuando a tu novio te lo presentaba una amiga común. Esto dificulta las relaciones a largo plazo porque, si no quedamos rápido con esa persona, tendemos a crear un personaje ficticio en nuestra mente. Pero se arregla concertando una cita cara a cara. ¿Estamos todas de acuerdo en que el mejor plan es uno corto en un lugar público? Por ejemplo, un café en una terracita. Y, si la cosa fluye, siempre se puede alargar la noche. Pero, por lo menos, os habréis puesto cara, habréis visto los gestos, miradas y olores de la otra persona. Yo personalmente pido muy pocos requisitos previos a la primera quedada: sinceridad, educación y decencia. Y quizá debería elevar estos estándares para que no me pase lo que me pasó el otro día.
Cuando conocí a Manolo, chico educado, gracioso, simpático, con aficiones compartidas, me dijo que quería ser sincero (gracias, es lo mínimo que espero) y me confesó que él está buscando una relación monógama, exclusiva, para centrarse en una sola persona a la que considerar su pareja. Todo parece indicar que quiere una relación tradicional, hasta que suelta la bomba: «yo quiero alguien a quien serle fiel, pero que ella se pueda acostar con otras personas y me deje mirar». Como comentaba al principio, el mercado está realmente tan mal que mi primera reacción fue pensar: bueno, podría ser peor, al menos el chico está siendo sincero sobre lo que busca y no me va a poner los cuernos.
Pero, obviamente, luego le puse cabeza al asunto y decidí que eso no era para mí. Y mira que estoy abierta a muchos tipos de relaciones. No estoy buscando a alguien con quien casarme, sino que, si la cosa fluye bien, me parece perfecto encontrar una amistad, o una follamistad. Pero hay líneas rojas que no estoy dispuesta a pasar. Ojalá Manolo tenga suerte en su búsqueda.
