Sex & Love

Follodrama: un polvo frustrado y un rabo ensangrentado

Mis amigas me han convencido para que os escriba esta historia que me pasó hace un par de años con un chico que conocí en Adopta un tío.

Yo en esa época (qué tiempos aquellos) estaba desatadísima y quedaba cada semana con alguno. Con este, llamémosle Santi, hubo muy buen rollo desde la primera conversación. Era un andaluz saleroso, rubio de ojos azules que era capaz de vender arena en el desierto. La verdad es que no era mi tipo, pero yo en esos momentos solo buscaba pasarlo bien así que quedamos.

La primera cita quedamos para tomar un café que se convirtió en una caña y acabó en un casto beso en el portal. Seguimos charlando por whatsapp ahora que ya sabíamos que nos gustábamos en persona, y la segunda cita fuimos a por la caña directamente.

No os voy a mentir, yo iba cachonda como una mona y tenía bastantes ganas de salami. Así que fui todo lo sugerente que se me ocurrió y le propuse varias veces ir a mi casa, pero él, aunque no decía que no, tampoco acababa de finalizar la jugada. No quise ser pesada, sus razones tendría para no querer echar un pinchito (aunque os digo que me transmitía que me tenía las mismas ganas que yo a él). Me acompañó de nuevo a mi portal, y el beso casto de la anterior cita se convirtió en un morreo. Y en unos minutos, en un buen magreo adolescente de esos de mojar braga a tope.

En esto que le veo hacer gestos de dolor. Le pregunto qué le pasa y dice que no me preocupe. Pero sigue poniendo muecas.

Me separo, y entonces me doy cuenta de que tiene manchas de sangre en el pantalón.

Os juro que yo no le había tocado, y menos con fuerza, así que me asusté mucho y él en vez de darme explicaciones me dijo que tenía prisa y se fue corriendo.

No solo me había quedado sin follar, sino que encima me había dejado con la sensación de haber matado a alguien.

De lo mal que me sentía le escribí un whatsapp para ver qué tal estaba y para mi sorpresa me llamó. Me dijo que sentía el mal rato, que tenía que habérmelo contado antes pero le daba palo. Al parecer estaba recién operado de fimosis (de ahí el no poder follar), y con el calentón del portal y el empinamiento máximo se le habían soltado los puntos. 

OUCH!!!!

Me pidió perdón y acabamos riéndonos y acordando que hasta que no estuviera 100% recuperado no volveríamos a quedar para evitar desgracias.

PD: por si os interesa, la espera mereció la pena. Un mes más tarde del incidente echamos unos cuantos polvos maravillosos y ahora somos buenos amigos. Será una anécdota para toda la vida.

Anónimo

 

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