Britney Spears marcó para muchas un antes y un después en nuestra adolescencia. Desde su ‘Baby one more time‘ a su ya clásico ‘Oops! I did it again‘ pasando por ‘Toxic‘, la princesa del pop logró ponerle una banda sonora increíble a esos años en los que las hormonas campan a su anchas. Una diva que bailaba como ninguna y que conquistaba a todo su público con esa sonrisa que jamás perdía. Una artista que significó un cambio total para la música. Una persona, al fin y al cabo, que ha vivido gran parte de su existencia siendo el objetivo de millones de miradas.

Decía Britney en su canción ‘Lucky‘ que ella era sumamente feliz siendo una estrella pero no comprendía cómo podía llorar cada noche en su soledad. De alguna forma la diva del pop de los 90 estaba prediciendo una realidad que pocos años después llegaría por culpa de una fama mal gestionada y de una vida en los escenarios donde nada más podía importar. Todas recordamos aquel momento en el que Britney tocó fondo entrando en una peluquería para raparse el pelo, la estrella del pop demostraba al mundo que no era oro todo lo que relucía y que esa vida de conciertos y éxitos era solo la capa visible de una realidad bien diferente.

Desde el año 2008 el padre de la artista, Jamie Spears es quien maneja por completo la fortuna de su hija, más de 60 millones de dólares, y lo que es más importante, es quien tutela a Britney decidiendo en cada uno de los aspectos personales de su vida. Y es que después de que la princesa del pop tuviese que entrar en diferentes ocasiones en hospitales psiquiátricos su padre fue quien solicitó esta tutela consiguiendo el beneplácito del juez quien le otorgó el control total sobre la vida de su hija.

Britney dijo a todos sus fans en diferentes ocasiones que ella estaba bien, que su vida estaba bien, que en su interior todo iba mucho mejor… ¿Por qué sus fans no fuimos capaces de creerla? Sus redes sociales empezaron a ser el lugar en el que encontrar a una Britney diferente, una mujer que miraba a la cámara con un gesto que en absoluto era la imagen de la felicidad. Las malas lenguas empezaron a tachar de conspiranoicos a aquellos que realmente interpretaban las actualizaciones de la cantante buscando mensajes ocultos que pudieran arrojar un poco de luz a lo que estaba ocurriendo en su vida. Nació el movimiento #FreeBritney y, aunque la artista continuaba negando cualquier indicio de maltrato o infelicidad, los demás lo tenían claro: detrás de los muros de esa mansión había algo más.

Y todo ese castillo de silencio y mentiras se vino abajo hace apenas unas semanas, cuando Britney Spears decidió romper su silencio consciente de todo el apoyo procedente del exterior. Solicitó una audiencia en las Cortes para contar toda la verdad sobre esa tutela a la que ha sido relegada y en apenas 30 minutos de intervención la realidad de su vida nos dejó a todas sin aliento.

La injusta tutela de Britney Spears se suele conceder para el cuidado de personas dependientes o ancianos, no es el caso de la artista que en todo caso es la encargada de mantener económicamente a su familia ya que en todo este tiempo no ha dejado de trabajar ni estando enferma. La cantante comenzó siendo muy clara al respecto, su intención es la de demandar a su familia.

Desde trabajar los 7 días de la semana, sin importar su estado mental o físico, a no tener acceso a su dinero o a las decisiones más trascendentales de su vida. Britney cuenta con un DIU intrauterino que su padre no le permite quitarse ante el temor a que vuelva a quedarse embarazada. ¿En qué momento una persona puede tomar este tipo de decisiones sobre otra que, encima, lo mantiene económicamente? Sin dejar de hablar, aprovechando cada minuto de su intervención, Britney Spears mostró la otra cara de esa moneda que antes tenía miedo a enseñar. Entre otras decisiones la de no permitirle acudir a terapia junto a su vivienda y hacerla recorrer toda la ciudad cada semana ¿la finalidad? El continuar alimentando esa idea de una Britney que necesita ayuda continua.

No soy feliz, lloro cada día‘ esta afirmación de la artista fue una de las más tajantes de su intervención y quizás la más importante. Pongámonos por un momento en su piel, en la de una mujer que lleva desde bien pequeña trabajando para labrarse una fructífera carrera y que, al lograrlo, vive castigada de por vida por no saber gestionarlo todo. Su familia a cambio le ha regalado un mundo en el que ella es la gallina de los huevos de oro son recibir nada por ello, de no permitirle ni viajar con su pareja o poder ver a sus hijos cuando ella lo decida.

Por el momento Britney ha decidido retirarse de los escenarios o así lo ha hecho saber su manager, que lleva a su lado desde los inicios de la artista en el mundo de la música. Un punto y final amargo, muy poco merecido, pero que comprendemos por completo dadas las circunstancias.

Si valoramos un poco la situación de Britney podemos pensar que lo único que buscan algunos interesados es el continuar infantilizando a una mujer que ya ronda los 40 años. Seguir viviendo de esa adolescente que con apenas 16 años rompió las listas de éxitos. ¿Cómo van a permitir que algo tan brillante se les escape de las manos? Es la única explicación que se puede encontrar a tantísimas injusticias juntas.

Por el momento el juez ha desestimado la petición de la artista para terminar con la tutela total por parte de su padre aunque ya se comienza a escuchar que este caso llegará mucho más lejos. Es posible que la situación de Britney Spears marque un antes y un después en una legislación claramente injusta y desproporcionada. Nosotras desde aquí esperamos que nuestra diva del pop recupere cuanto antes su vida y pueda disfrutar de todo lo que ha logrado gracias a su talento, sin tutores ni intermediarios que decidan por ella.

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