¿Alguna vez habéis querido hacer algo con muchas, muchas ganas, pero con tantas, que aun sabiendo que está mal, habéis ido igualmente a por todas?
Acompañadme a que os cuente esta triste historia, la mía. De como descubrí que el karma es real, y le gusta dar justo donde más te duele.
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Cuando yo era una jovenzuela recién salida del nido, cogía el tren todas las mañanas para ir a trabajar. Tenía un estudio de arte pequeñito en el centro y, aunque la ciudad sea grande, en el tren, a base de cogerlo todos los días a la misma hora, te acababan sonando todas las caras.
Entre ellas, destacaba sobre todo la cara de un hombre. La verdad, es que parece que tengo un prototipo de hombre ideal, porque viéndolo ahora, todos mis ex parece que son de la misma familia, cortados por el mismo patrón. O porque él me marcó tanto que busco un reemplazo a ver si no me sale rana.

Después de meses viéndole todos los días, de repente desapareció. Al día siguiente, nada. Al otro, nada. Y ahí decidí que ya valía de jugar. Ya estaba bien de que se me pasara la vida arrepintiéndome de no hacer cosas por si salían mal. Por una vez, iba a tomar la iniciativa. Si volvía a verle otra vez, iba a lanzarme a por el cual perra en celo. Y así lo hice. Dos semanas más tarde, cuando cogí el tren, ahí estaba. Tan guapo como siempre.
Justo antes de bajar, le pasé mi tarjeta con mi web y la dirección de mi estudio en la que previamente había escrito un simple “¡Hola! Me encantaría conocerte.”
Y tuve la suerte que, en un par de horas, me llegó un email suyo. Era corto. Simplemente se presentaba, se disculpaba por si había hecho algo que me había confundido, pero que estaba felizmente casado y no podía ofrecerme nada más que una amistad, un café, o algo parecido.
¡Que se pare el mundo que yo me bajo! bueno, no pasa nada. Al menos lo he intentado. Debí haberlo dejado ahí. Al día siguiente, la vergüenza pudo conmigo y cambié la ruta para ir a trabajar para no coincidir con él.
Sin embargo, él apareció en mi estudio a la hora de comer. Nos presentamos oficialmente y en persona y me dijo que, aunque no podía pasar nada más, le había encantado mi trabajo y quería ver algunas de mis piezas en persona si podía ser.
Con el chichi dando palmas, eché el seguro a la puerta y pasamos a la parte de atrás, donde solía trabajar en mis obras. Parecía realmente interesado en lo que le comentaba, o al menos sabia de qué estaba hablando. Sabía de estilos, conocía a varia gente del gremio, por un momento parecía que estábamos en una reunión de negocios.
Y no sé de qué manera pasó, pero de repente estábamos arrancándonos la ropa a mordiscos. Después de varios magreos, estando los dos medio desnudos, me repitió, ¿estás segura de que te da igual hacer esto, aunque esté casado? Parte de mí quiso negarse, decir que no. Pero parte de mí se creyó moderna. Me autoconvencí de que estaba soltera y sin compromiso, y no le debía nada a nadie. Ni a él, ni, definitivamente, a su mujer. A mi nadie me iba a venir a pedir explicaciones de con quién me acostaba o me dejaba de acostar.
Así que, a modo de respuesta, le terminé de quitar la ropa, me quité mis bragas y lo senté de un empujón en una silla que tenía en el estudio. La verdad, siempre había sido una fantasía mía, hacerlo en esa silla. Y vi la oportunidad perfecta.

Me senté encima suyo, y me puse a cabalgar cual amazonas como si no hubiera un mañana. Como si fuera mi ultimo día en la tierra. Y todo fue perfecto. Por un momento. Hasta que, de la nada, sentí el dolor mas grande que he sentido nunca. Entre alaridos, ya no de placer si no de dolor, me pareció ver que el susodicha tenía la pichula roja. Pero yo solo recuerdo dolor. El chico llamó a un taxi, me ayudó a vestirme como pudo, y me acompañó al hospital. Había sufrido un desgarro, imagino que por la emoción de la silla.
Necesité varios puntos, un par de semanas con el chichi fuera de servicio, y varios meses para contarle a mis amigas lo que había pasado.
Por descontado, cambié los horarios en los que trabajaba para no tener que coincidir en el tren más con él. Y aprendí que con lo de otras no se juega, si no viene el karma y te la lía parda.
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