Fui madre muy joven. Me quedé embarazada con 19 años y justo al cumplir los 20 di a luz a una niña preciosa. Al principio fue todo muy difícil, mi novio y yo éramos dos críos, que no sabíamos aún nada de la vida, cuidando de un bebé.

Follodramas y cositas hot en whatsapp

Cuando mi hija tenía apenas 10 años, su padre y yo nos separamos. Demasiado aguantamos juntos, la verdad. Ambos teníamos 30 años y ganas de hacer muchas cosas. Pero como suele ocurrir en estos casos, fui yo quien se quedó con la custodia de la niña. Él volvió a la universidad, se graduó y se marchó a trabajar a otro país.

Al final, estaba criando a una niña yo sola así que en lo que menos pensaba era en buscar una nueva pareja.

Cuando mi hija creció, sí que empecé a salir más. Me iba con las compañeras de trabajo a tomar algo, recuperé también viejas amistades y volví a salir con chicos. Pero ninguno cuajó.

Hasta que apareció Nacho. Nos conocimos por una amiga en común. Era guapo, simpático y tenía treinta y dos años, trece menos que yo.

Pensé que jamás se fijaría en mí por la diferencia de edad. Pero me equivoqué.

Le pidió mi teléfono a mi amiga y empezamos a hablando por WhatsApp. Era divertido, maduro, tenía conversación. Me hacía sentir bien y el tema de la edad parecía no importarle mucho.

Quedamos un día para tomar algo. Después volvimos a quedar. Y el tercer día que quedamos, terminamos en su casa. Fue el mejor polvo de mi vida.

Casi sin darnos cuenta empezamos una especie de relación. No éramos pareja oficial. Nunca hablamos de exclusividad. Pero nos veíamos una o dos veces por semana, cenábamos, nos reíamos y acabábamos siempre en su casa.

Nunca íbamos a la mía porque estaba mi hija, y yo no estaba preparada para presentarle un novio (o lo que fuera eso) a mi hija.

Estuvimos así casi un año, hasta que un buen día, Nacho empezó a estar distante. Las citas se espaciaban cada vez más. Yo lo notaba frío conmigo, me daba excusas para no quedar, me cancelaba las citas, y llevábamos cerca de un mes sin acostarnos.

Hasta que le pregunté directamente si le pasaba algo. Y me lo contó: estaba conociendo a una chica y se estaba enamorando de ella. Yo le quité importancia, le dije que nosotros nunca fuimos nada, que yo prefería que fuera sincero conmigo y así, quizás, podríamos seguir siendo amigos.

Nos abrazamos y prometimos volver a vernos para tomar unas cervezas, que nunca llegaron. Creo que hasta me bloqueo del WhatsApp. Nunca entendí por qué hizo eso, yo fui siempre clara con él y comprensiva. Pero bueno, sus motivos tendría.

Y entonces una noches de sábado nos volvimos a encontrar de la manera más incómoda del mundo.

Había quedado para cenar con mi hija. Yo preparaba la cena en casa y ella vendría con su novio. Llevaban juntos dos o tres meses, pero ella ya tenía ganas de presentármelo, me dijo. 

Yo aún no había visto una foto de él, no sabía ni su nombre, ni a qué se dedicaba, era todo un misterio. Mi hija siempre fue reservada pero esto ya me empezaba a parecer extraño. Así que cuando me dijo que me lo quería presentar, me alegré mucho.

Llamaron al timbre, abrí la puerta y ya sabéis quien era el novio de mi hija, ¿verdad? Pues si, era Nacho. Mi cara debió de ser un poema. Sin embargo, él estaba tranquilo, no parecía sorprendido.

Resulta que lo sabía. Aún andaba conmigo cuando empezó con mi hija, y cuando ella le enseñó una foto de su madre, el chaval pues flipó. Pero se lo contó todo, que me conocía, que llevaba meses acostándose conmigo.

Mi hija creo que se enfadó muchísimo, pensó en dejar a Nacho, tuvieron una crisis, pero al final se estaban enamorando y el amor prevaleció. O eso fue lo que me contaron. Por lo visto, cuando Nacho rompió conmigo aún no sabía que yo era la madre de su novia, y cuando se enteró fue cuando me bloqueo. Todo muy de película mala de sobremesa.

Así que allí estábamos, mi hija, yo y un chico que se había acostados con las dos, cenando gambones a la plancha, una ensalada y brindando por el amor de mi examante y de mi pequeña.

De verdad que fue la situación más surrealista que he vivido en mi vida. Han pasado ya varios años de aquello y, afortunadamente, mi hija y Nacho ya no están juntos. Habría sido súper raro que un día mis nietos se enteraran de que su abuela y su padre habían tenido algo.