Cuando mi hermano pequeño anunció que se casaba con su novia, todos nos alegramos muchísimo. Yo lloré de la ilusión que me hacía. Lo que no sabía en ese momento era que la boda de mi hermano iba a acabar con mi estabilidad mental.
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Al principio, todo era felicidad. Empezaron con los preparativos y yo me ofrecí en todo momento a echar una mano. Yo ya me había casado unos años antes y sé todo el trabajo que lleva organizar unas boda, además de los nervios que se pasan.
Pues mi futura cuñada me cortó en seco. Que muchas gracias pero que no le hacía falta mi ayuda.

Yo, ilusa de mí, me seguí ofreciendo una y otra vez. Si había que hacer alguna manualidad, carteles, preparar los regalitos para los invitados, lo que fuera. Todo no.
También le dije que si quería que la acompañara un día a ver vestidos de novia, a lo que me respondió que ya tenía con quien ir, que la iban a acompañar su madre y su hermana.
Eso lo entendí perfectamente. La elección del vestido es muy personal y no quieres que esté presente cualquiera. Que yo no soy cualquiera, que soy la hermana de su futuro marido, pero entiendo que amigas no somos, así que lo dejé estar.
Pasaron los meses, me dijo que ya tenía vestido y no me quiso enseñar una foto. Que quería que fuera una sorpresa para todo el mundo. Lo siento, pero me parece una estupidez. Yo me casé y le enseñé le vestido a mis amigas. Vale, no soy su amiga, soy su cuñada, OK.
Luego me entero de que mi madre, ósea la que va a ser su suegra, ha ido con ella a una de las pruebas del vestido, y no me pudo sentar peor.
Pero lo que me sentó a cuerno quemado fue que mi propia madre fue con ella a mirar vestidos de madrina. Con su futura nuera en vez de con su hija. Cuando se lo recriminé, todo fueron excusas. Que es que yo vivo más lejos, que a la nuera la tiene al lado, que fue algo improvisado y no le dio tiempo a avisarme.
Me dio mucha pena que mi madre se comportara así. Porque su hija soy yo. Pero lo más grave fue que una vez tuvo el vestido elegido, hizo como su queridísima nuera, y no me quiso mostrar ni una foto. Solamente me dijo que era tono buganvilla, para que no se me ocurriera comprarme yo un vestido de ese color y eclipsarla.
Un buen día, estoy mirando los estados del WhatsApp, sin demasiado interés, y me encuentro fotos de mi cuñada en su despedida de soltera. Que digo yo, ¿tan poco importante soy en su vida que ni me invita a su despedida?

Por supuesto, había excusa: que la habían organizado sus amigas y se olvidaron de invitarme. Eso sí, la hermana de mi cuñada si que estaba en la fiesta. Y su madre y la mía. Muy fuerte.
Pero cuando ya pensaba que no podían hacerme más desprecios, llegaron las fotos de la boda. Mi hermano se empeñó en que fuera por la mañana a casa de mis padres porque iba el fotógrafo a sacar allí una cuantas fotos de cómo se preparaba.
Yo fui, hice ese esfuerzo, y ya os digo que fue un esfuerzo porque tuve que madrugar para ir a la peluquería, conducir varios kilómetros hasta la casa de mis padres, cuando luego la boda era en otro pueblo, y sí, el fotógrafo me hizo alguna foto con mi hermano.
Para meses después comprobar que esas fotos no aparecían en el carísimo álbum que los novios habían confeccionado. Un álbum con más de 200 fotos en las que yo aparezco en dos o tres del banquete.
El día de la boda también fue muy decepcionante. En ningún momento me pidieron que participara en nada. La hermana de ella salió a leer un precioso texto que había escrito de lo bonito que es el amor que se tienen y de lo afortunada que fue su hermana al encontrar a mi hermano.
Pero yo no leí nada.
Y el feo que peor me sentó: también excluyeron a mi hijo. Había niños llevando carteles, niñas tirando pétalos de rosas, el hijo de la hermana de ella llevó los anillos y el mío hizo lo mismo que su madre, nada de nada.

Sé que algunas me vais de decir que era la boda de ellos, no la mía. O aquello de que quiero protagonismo, que quiero ser el niño en el bautizo, el muerto en el entierro y esas cosas que se dicen. Pero no.
Yo solo pedía participar en algo, porque soy la hermana del novio. Pero me sentí una invitada más.
Ahora entiendo aquello de que las bodas son para la novia, y está claro que la novia de esta boda no me quería ni cerca.
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