Estaba en uno de esos momentos del ciclo menstrual en los que siento la vagina especialmente sensible. La penetración es prescindible y, de practicarla, tiene que ser con más cuidado del habitual. “Despacito, ¿eh? No te muevas”. Yo no sé si a él le entra el ansia, o es que quiere ayudar, o es que no calibra la potencia de su falo, pero llega un momento en el que empuja y me hace daño después de advertirle que no se mueva. Me cabreo tanto que me entran ganas de descalgabar y sentarme a leer tranquilamente, que es lo que me apetece, pero una tampoco quiere ir montando pifostios por todo.
Otro ejemplo para ilustrar el post me lo dio una podcaster hace poco. Estaba hablando sobre el toqueteo diario más allá de la relación sexual, y dijo con total naturalidad que, a veces, le toca la polla a su novio mientras él está durmiendo. Ella se despierta de repente, toma consciencia de su presencia y su contacto, se acuerda de que tiene una polla colgando y le da por tocarla porque sí. Vino a contarlo así, palabras más, palabras menos. Yo creía que su interlocutor le iba a decir que estaba sobrepasando los límites del consentimiento, básicamente, porque su novio no está en disposición de consentir en esos momentos. Pero no, se lo tomó con total naturalidad también.
El concepto de “microviolación” me lo he sacado de la manga y puede ser exagerado, soy consciente, pero creo que hay situaciones cotidianas en pareja que merecen reflexión.
La pendiente resbaladiza del consentimiento
Hay algo que las teóricas feministas llaman “pendiente resbaladiza del consentimiento” que creo que tiene relevancia aquí. Se trata de ir progresivamente levantando tus propios límites, pensando que, si ya has llegado a cierto punto, tú misma has invalidado los límites que habías establecido previamente. Se usa para explicar cómo chicas jóvenes se ven envueltas en redes de pornografía y prostitución.
Imagina que comienzas a vender tus bragas por Internet, como única idea de ganar un dinero extra. Y luego piensas: “Bueno, ya que las vendo por Internet, ¿qué más me da dárselas directamente al comprador en una cafetería?”. Y luego: “Ya que quedo con un tío en una cafetería para darle las bragas, ¿qué más me da ir un momento al baño a quitármelas, como me ha pedido, en lugar de llevarlas de casa?”. Y así sucesivamente.
Llevado a la pareja, sería como dar por hecho que hay límites que la otra persona no tiene que respetar, porque ya cuenta con un consentimiento implícito por el hecho de que has accedido a ser su pareja. Recuerdo haber hablado con mis amigas de esto a raíz de la violación de una concursante de Gran Hermano, hace años.

Los límites
Estaréis pensando que basta con que haya una comunicación fluida y respeto, ¿verdad? Si algo me ha incomodado, con decírselo a él y que se comprometa a evitarlo en el futuro es suficiente. Pues sí y no.
Lo que he contado sobre la penetración sí que se lo dije porque es recurrente, y me ha asegurado que no se volverá a repetir. Otras cuestiones, como supongo que pasará al revés, las dejo pasar. En pareja, se cede muchas veces por preservar la paz y la armonía, hasta el punto de que una no sabe cuándo se está callando algo importante y cuándo está montando el cirio por cualquier gilipollez.
El malestar y la incomodidad se normalizan con mucha frecuencia, y no hablo solo de sexo. Muchas veces establecer y poner límites es emocionalmente agotador, sobre todo si la otra persona no está de acuerdo. Cuando el marido de mi amiga le insiste para echar un polvo cuatro o cinco días en semana, y ella accede porque le cuesta menos dejarse hacer que soportar su insistencia, está renunciando a sus límites y abriendo la puerta a un comportamiento abusivo, probablemente, sin ser consciente.
Vivir en pareja tiene muchas consecuencias, pero, ¿cómo se deciden y negocian los límites relativos a la propia intimidad? ¿Cuándo puede hablarse de abuso? ¿Me podrían tachar de exagerada si dejo una relación estable porque mi pareja me ha hecho daño durante el sexo? El consentimiento puede ser algo dinámico que evolucione con la pareja, lo que implica que habría que revisar acuerdos continuamente. ¿Quién lo hace?