Siempre he pensado que las peores catástrofes empiezan con alguien diciendo una frase aparentemente inocente.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
En mi caso fue «Qué mona salgo en esta foto» ¿Qué pasó después? Que la publiqué y casi provoca un apocalipsis social.
Hacía muchísimo tiempo que no salía de fiesta. Entre el trabajo, las responsabilidades y el cansancio crónico de los adultos funcionales, conseguir reunir a todas mis amigas parecía más complicado que organizar una cumbre internacional. Pero aquella noche lo conseguimos.
Salimos, nos encontramos con un grupo de amigos que hacía años que no veíamos y acabamos todos juntos recorriendo bares, riéndonos de anécdotas antiguas y actuando como si todavía tuviéramos veinte años y un hígado indestructible.
Como ocurre siempre en estas situaciones, alguien empezó a sacar fotos… muchas fotos: Fotos en grupo, fotos haciendo el ridículo, fotos abrazados…
Fotos que en resumen, en ese momento, parecían completamente inofensivas.
Al día siguiente, mientras revisaba la galería del móvil, encontré una foto en la que yo salía especialmente favorecida. Mi cara estaba en primer plano y el fondo se intuía pero sinceramente, yo con la resaca que tenía, no tenía esa capacidad. Así que hice lo que habría hecho cualquier persona con un nivel de autoestima aceptable.
La subí a Instagram y seguí con mi vida.
El problema es que yo estaba mirando mi cara, no el resto de la foto y unas horas después empezaron a llegar mensajes. MUCHOS mensajes.
Resulta que, en un segundo plano que yo ni siquiera había visto, aparecía uno de los chicos del grupo con la mano claramente apoyada en el culo de una chica que no era precisamente su novia.
Y cuando digo claramente, quiero decir que si aquello hubiera sido una prueba judicial, el juez habría tardado tres segundos en emitir sentencia.

Pero la cosa no terminaba ahí.
En una esquina de la imagen también aparecía una de mis amigas completamente desfasada. Esa clase de desfasada que, cuando la ves en una fotografía al día siguiente, te hace plantearte mudarte de país y empezar una nueva vida.
Y por si faltaba algo, los comentarios comenzaron a llenar los huecos que la fotografía había dejado abiertos.
Había personas preguntando, otras personas identificando gente, otras personas sacando conclusiones… personas etiquetando a otras personas que probablemente deberían haber permanecido al margen de toda aquella historia.
Se ve que dimos nuestros Instagrams a chicos durante la noche, y los comentarios de todo el mundo, daban a entender cosas que no estaba precisamente a favor de ninguna las que teníamos pareja.
Lo que ocurrió después fue una reacción en cadena: Llamadas, discusiones, explicaciones y más discusiones.
Y varias relaciones que ya estaban llenas de grietas terminaron de romperse durante las semanas siguientes.
La foto no destruyó tres relaciones por sí sola, vamos a ver, las fotografías no tienen ese poder pero sí iluminó cosas que ya estaban ocurriendo cuando nadie estaba mirando.
Pero desde aquel día aprendí una lección muy importante: Antes de subir una foto a Instagram, ya no reviso cómo salgo yo…ahora amplío el fondo, pongo la iluminación a tope y analizo la foto como si estuviera en búsqueda del área 51.
Porque aparentemente el verdadero drama nunca está en primer plano.