Hace unos 14 años, en una cita ginecológica, sin casi explicación y con cero tacto, una doctora que no podría decir ni si llevaba gafas o no, pues no me miró a la cara ni una sola vez, me dijo que posiblemente no podría tener hijos, así que me dejaba una cita puesta para un año más tarde a la que acudiría para que me derivasen al hospital de mi provincia donde se realizan las fecundaciones in vitro.

 

Canal mamis en whatsapp

Me dijo que tenía síndrome de ovario poliquístico, que quedarme embarazada era prácticamente imposible y que, en caso de conseguirlo, la posibilidad de aborto en el primer trimestre aumentaba a un 75% (he buscado esta información años más tarde y no la encuentro en ningún sitio). Y con una receta de progesterona para provocarme la regla en caso de que no me baje cada dos meses y la recomendación de tomar “ácido fólico y esas cosas como si estuvieses embarazada” me fui a mi casa totalmente destrozada.

Llevaba ya un año intentándolo y había acudido a su consulta tras muchos meses sin menstruar. Entiendo que en una consulta no te cojan de la mano y te abracen para darte según qué noticias, pero hubiera agradecido un poco de empatía, de trato humano y, sobre todo, de información real.

A pesar de lo que esta señora había dicho, unos meses más tarde se marcó el positivo en una prueba de embarazo y la felicidad fue máxima. Aunque todo el mundo decía que no debía contar nada hasta pasados los tres meses, cada mujer vive sus embarazos como sabe y como quiere y yo estaba embarazada y quería compartir mi alegría. Podría salir mal, claro que sí, pero si salía mal la gente también debía saberlo.

Hace unos años hubo tres abortos en el primer trimestre muy cercanos a mí. Me sorprendió muchísimo y, gracias a una de estas mamás, que movió cielo y tierra por la visibilidad de casos como el de ella, supe que en realidad hay muchísimos más de los que conocemos, pero la vergüenza y el miedo a ser juzgadas o compadecidas, llevaba a muchas madres a no contar su experiencia y vivir sus lutos en el más absoluto silencio y soledad.

Esto es totalmente legítimo y una decisión muy personal, pero es cierto que nos lleva a no ver la realidad y las posibilidades de que esto ocurra. Pero yo esa vez (y las dos siguientes) conté a toda mi familia y seres queridos de mi embarazo desde la rayita del positivo.

Tras el segundo embarazo (que no fue buscado pero sí muy querido) quise que me viera una ginecóloga, pues desde aquella revisión no me habían vuelto a ver en casi 5 años.

Al entrar le dije mi nombre, que tenía SOP y que hacía un año que había dado a luz a mi segundo hijo sano. Entonces, de nuevo sin levantar la vista del ordenador, me dijo “Pues entonces muy poliquísitca no eres”. Sin más palabras me mandó quitar la ropa, me palpó, tomó la muestra para una citología y me dijo “Si hay algo, te llegará una carta a casa, si no hay nada pide cita en dos años con tu matrona”. Y esa fue toda su información.

Quise tener un tercer embarazo. Nuevamente me costó tiempo, desilusión y miedo, pero finalmente llegó.

Al fin tuve un parto respetado en que me sentí muy acompañada, no estuve sola en ningún momento y fui tenida en cuenta desde el primer momento.

Tras esta maravillosa experiencia, la ginecóloga me dijo que no había visto el mioma que me habían visto en la ecografía anterior, así que me recomendaba que pidiese una cita en un par de meses, cuando ya estuviera recuperada, para ver que estaba todo correcto.

La vorágine de la vida como madre de tres me llevó a tardar casi tres años en pedir esa revisión en la que no había vuelto a pensar. Y esto nos lleva a mi última consulta.

Al entrar, una doctora se levantó para saludarme y me dijo su nombre y su especialidad. Me preguntó por qué estaba allí, si me pasaba algo o era solamente una revisión. Le hablé de mi supuesto SOP, de mis embarazos, de aquel mioma misterioso…

Ella me explicó al detalle cómo haría la revisión, me dio intimidad para cambiarme, fue super delicada en el tacto y después me dijo que pasase a hablar con ella y que me explicaría con detalle lo que pasaba.

Por primera vez en la historia, una doctora me explicó paso a paso todo sobre la fisionomía de mi aparato reproductivo, los posibles síntomas molestos en que mi SOP me podría hacer la vida un poco más difícil y las posibles soluciones a cada una de ellas.

No me dijo, como había hecho la primera, que obligatoriamente tendría que tomar la píldora de por vida siempre que no quisiera quedarme embarazada. Me entendió cuando le hablé de lo mal que me lo había hecho pasar la última a nivel anímico y me dio otras recomendaciones para regular mis ciclos, controlar mis subidas repentinas de peso…

Finalmente, ni soy estéril ni me he inventado mi SOP, solamente era cuestión de pararse a escuchar y analizar lo que tenían delante.