¿Comentarios inocentes o abuso? 

¡Qué bonita era la EGB! Cuánto echamos de menos aquellas tardes de Bollycao viendo Barrio Sésamo. ¡Cómo vivíamos al máximo cada momento! ¿Quién iba a saber lo que pasaría cuando creciéramos? Si piensas así es que nunca fuiste el/la gordito/a de la clase. ¿No te acuerdas de lo que hacías con él o ella?

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Sí, claro que te acuerdas, pero era lo normal en aquella época. No tardó mucho el cruel de turno, que ahora sigue siéndolo, en pasar del clásico insulto de «cuatro ojos» a los miopes, al de «gordo/a seboso/a». Y lo peor es que también los profesores te soltaban un «te pesa el culo» y se quedaban tan tranquilos. 

¿Había que jugar un partido de fútbol? El gordo de portero. ¿Había que dejar a alguien cuidando de las mochilas en una excursión? La gorda. ¿Había que hacer alguna broma sobre la capacidad física de alguien? ¡Para eso estaban los gordos de la clase! Y no es que haya cambiado mucho el panorama.

Recuerdo que un verano me puso mi madre a dieta, me mandó al gimnasio durante tres meses y perdí 25 kilos. Cuando llegué al colegio en septiembre todo el mundo quería estar conmigo y flipaba por mi esfuerzo físico y mental. Como me borraron del gimnasio, en dos años estaba todavía más gordo que antes y un profesor me preguntó, directamente, si no me daba vergüenza estar así. 

 

Por aquel entonces, lo de denunciar a uno de estos salvajes era imposible. Y lo digo porque lo hice y el director del colegio me dijo que eran comentarios inocentes y que era «por mi bien». La EGB, el BUP y el COU escuchando a hijos de puta que no tenían nada mejor que hacer que insultarme es algo que terminó marcándome para mal.  De hecho, sigue desconfiando de mucha gente, me pienso mucho lo de ir a algún evento y no termino de relacionarme normalmente con casi nadie.

Por eso, siempre le pregunto a mi sobrino que si alguien le dice algo sobre si está delgado, o gordo, o lo que sea. La mejor, y la única, manera de parar todo esto es denunciar, no permitir que nadie más pase por esto porque pesa más de lo que dicta no se sabe quién. Creo que habría que proteger mucho más a quien se expone a proyectos de adultos a los que nadie corrige y que terminarán convirtiéndose en odiadores profesionales de todo aquello que no encaje con lo que más les gusta. 

Ser gordo/a es negativo, es síntoma de dejadez, es algo asqueroso para ellos y no se puede permitir que así sea. Mientras tanto, nadie prohíbe las grasas trans, la comida basura y todo tipo de excesos que comete la industria alimentaria. En ese balancín perpetuo se sitúan ambas partes del problema. No lo olvides, invita a tus familiares más jóvenes a denunciar, ayúdales. Y si observas que tu hijo/a, o algún familiar, insulta a otro por estar gordo/a, haz exactamente lo mismo. Ojalá estos insultos se consideren más seriamente y terminen por erradicarse.