Cuando te llaman a esas horas o bien puede ser por algo maravilloso como que el bebé de alguien ya ha nacido o por una tremenda desgracia.

Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

En mi caso no fue de las segundas, pero fue una llamada que cambió la forma en la que veía a mi amiga y que nos unió de una manera que jamás hubiera pensado.

Estaba profundamente dormida cuando sonó el teléfono. Contesté medio inconsciente y escuché la voz de mi mejor amiga al otro lado.

«He hecho una locura» Me dijo llorando.

¡Fantástico! Nenas…nada bueno empieza con esa frase, lo sabes tú, lo sé yo y lo sabe el Papa.

—¿Qué has hecho?»

—Le he enviado un mensaje.

Respiré…Vale. No había muertos.

—¿A quién?

—A mi ex.

Y entonces llegó el verdadero problema, por que no le había enviado un mensaje, le había enviado ciento cuarenta y tres. 143.

Yo no sabía si estaba hablando con mi amiga o con el departamento de atención al cliente de una compañía pirata que intenta instalarle la fibra hasta a las abuelas de 90 años.

—Hay algo peor.

—¿Peor?

—Se los he enviado a su padre.

Durante unos segundos me quedé en silencio, intentando procesar aquella información como quien intenta abrir un archivo corrupto y después de analizar daños, no os voy a mentir, nos reímos muchísimo.

Pero lo que recuerdo años después no son los mensajes ni al padre del ex.

Lo que recuerdo es la conversación que vino después: porque cuando empezó a contarme todo lo que había pasado en aquella relación, me di cuenta de algo que ninguna de las dos había querido ver hasta entonces.

Aquello era mucho más tóxico de lo que parecía y quizá lo más triste es que tuvimos que llegar a una situación tan absurda y tan desesperada para verlo con claridad.

Mi amiga era una de las personas más inteligentes, responsables y sensatas que conozco. De esas personas que siempre tienen los pies en el suelo y, sin embargo, allí estaba.

Completamente rota por alguien que había conseguido hacerle creer que su valor dependía de una llamada, un mensaje o una mínima muestra de atención.

Aquella madrugada entendimos algo que no hemos olvidado: que hasta la persona más lógica puede acabar convirtiéndose en una versión de sí misma cuando está en una relación que le va apagando poco a poco.

Y es complicado porque no ocurre de golpe, sucede tan despacio que apenas te das cuenta.

Por suerte, aquella llamada marcó un punto de inflexión para mi amiga y nuestra amistad: Hablamos durante horas. Pusimos las cartas sobre la mesa. Nombramos cosas que llevaban demasiado tiempo escondidas.

Y poco a poco, mi amiga volvió a encontrarse consigo misma. Por eso mismo digo que aquella llamada a las 3:17 de la madrugada lo cambió todo.

No por los 143 mensajes, ni por el pobre padre del ex (que probablemente aún siga alucinando). Sino porque fue la primera vez que vimos la realidad tal y como era.

Y a veces la mayor historia de amor no es la que intentas salvar con otra llamada: Es la que empiezas a construir cuando por fin decides salvarte a ti misma.