Hace 5 años me diagnosticaron una tiroiditis de Hashimoto. Suena a moto de alta cilindrada, pero, en realidad, es una putada: una enfermedad autoinmune con la que estoy aprendiendo a tratar y que no me lo está poniendo fácil. Aun así, la fuerte soy yo: así que estoy lidiando con el japo lo mejor que puedo.
En fin, que entre las mil y una complicaciones que disparan la autoinmunidad de la enfermedad está el sueño. O, mejor dicho, la ausencia de este. Si a esto le sumas que tengo dos hijos pequeños que todavía se despiertan por las noches, dormir es un suplicio. Me levanto como si me hubieran pegado una paliza. Bueno, me despertaba.
En un momento de desesperación y pico de la enfermedad, me puse a buscar ayuda a la desesperada y di con una dietista-gurú de la autoinmunidad en mi zona. Cara carísima. Pero era la última bala después de haberlo probado todo.
La primera sesión fue de dos horas de preguntas sin parar. Alguna pauta me dio, pero sobre todo una para cuando no lograba conciliar el sueño y entraba en bucle. Me enseñó dos respiraciones, una buena y la otra por si no lograba realizarla bien.
Me sonó muy esotérico, pero vino a explicarme que, cuando el cerebro no es capaz de frenar, lo tiene que hacer el cuerpo. Total, que, ya que me había dejado la friolera de 150 euros, decidí probar esa noche.
Os cuento: soy de esas que se despierta varias veces por la noche. Generalmente para hacer pis, pero otras porque me desvelo y se me empieza a pasar por la cabeza desde lo que tengo pendiente en el trabajo, a la lista de la compra o que tengo que pagar la excursión de los niños.
Esa noche me desvelé e intenté hacer la primera respiración: inspirar en 4 tiempos, mantener el aire en 7 y soltarlo en 8 tiempos. Al tercer intento estaba al borde de la muerte. No funcionaba ni de coña y 150 euros a la basura.
Intenté probar con el segundo método ya por cabezonería. Inspirar en 5 tiempos y espirar en 5 tiempos. No sé cuánto duré, pero me quedé dormida como un tronco. Cuando me volví a despertar, lo hice otra vez. Empecé por el método “pro” y me volvía a ahogar, volví al 5-5 y caí como un ceporro.
Desde esa noche, y de esto hace más de dos meses, en cuanto me desvelo pruebo la respiración “buena” y, cuando veo que llego al desfallecimiento por ahogo, me voy a la 5-5. Y, sorprendentemente, me duermo. ¡Me duermo! Sin desvelos por chorradas ni vueltas a la cabeza.
En mi entorno, cuando lo cuento, todo el mundo me lo cuestiona y lo entiendo perfectamente. No sé si será algo personal (por ejemplo, a mí la primera respiración sólo me sirve para ver la luz al final del túnel y saber que por ahí no quiero ir), pero este método ha cambiado mi vida. Sí, mi vida: porque desde que descanso mi humor es otro, mi energía y yo vuelvo a ser esa persona con ganas de hacer cosas que era antes.
Os preguntaréis si sigo con la nutri-gurú. Tuve otra sesión en la que me mandó una serie de pautas: vitaminas, eliminar plásticos en la medida de lo posible, masticación lenta… Y 75 euros. Estoy, poco a poco, asimilando los cambios, pero, de momento, hasta que no los interiorice, no voy a volver. Porque sí que me sirven, pero me parece que una sesión a ese precio cada dos semanas va a acabar con mi economía antes que con Hashimoto.
Pero, sin duda, los 150 euros de la primera sesión han sido los mejor invertidos de mi vida. Ya sabéis: 4-7-8 o 5-5. Y a soñar con los angelitos.
