La razón por la que no quiere que se sepa que somos amigas.
Conocí a Marina en la guardería, cuando ambas teníamos tres años y, aunque yo no me acuerdo de esa época, un montón de fotos me recuerdan que, desde ese momento, ella forma parte de mi vida.
Desde entonces hemos sido inseparables y, hemos tenido la suerte de que, casi siempre hemos estado juntas en clase, desde el colegio hasta el instituto y, aunque luego estudiamos carreras distintas, seguimos siendo mejores amigas.
Más que amigas, somos hermanas. Nos pasábamos la vida una en casa de la otra, durmiendo juntas los fines de semana e incluso pasando algún tiempo de vacaciones yo con sus padres y ella con los míos así que, como he dicho, más que amigas, somos casi como hermanas.
Es cierto que, una vez que acabamos la carrera y empezamos a trabajar, hemos tenido otros grupos de amigos y amigas distintos con los que también hemos tenido muchísima complicidad, pero Marina y yo siempre hemos ido en pack por lo que muchas veces, incluso esos amigos se han convertido en amigos de las dos.
La verdad es que, viéndolo con perspectiva, es extraño que sigamos siendo amigas ya que somos como el día y la noche. Marina es elegante y sofisticada, tiene un punto pijo y le encanta la moda, salir y conocer gente. Yo en cambio soy mucho más retraída, mi aspecto me importa más bien poco y el mejor plan que pueden ofrecerme es el de sofá y manta. Tampoco es que a nivel ideológico tengamos mucho que ver, ya que opinamos casi lo contrario de las cosas importantes de la vida y creemos y luchamos por cosas muy distintas.
Sin embargo, aquí seguimos, la una al lado de la otra, en lo bueno, lo malo y lo regular.
Hace aproximadamente un año, Marina empezó a trabajar en una editorial de moda. Era su trabajo soñado y por el que tanto había luchado, así que, cuando lo contrataron, fue casi como si me hubieran contratado a mí de lo contenta que me puse.
Todo iba súper bien y ella hablaba maravillas tanto del ambiente, como de los compañeros, del sector, de lo que tenía que hacer y de la gente que había podido conocer desde que estaba allí. Sin embargo, cuando yo le decía que a ver cuándo me presentaba a sus compis o cuando me llevaba a alguno de esos eventos siempre me daba largas.
Al principio, no le di importancia, porque sinceramente tampoco es que fuera un ambiente que me gustara mucho o en el que me sintiera cómoda, pero cuando vi que empezaba a darme tantas largas me extrañó un poco ya que era algo que nunca había hecho. Siempre nos habíamos integrado una con amigos y amigas de la otra independientemente de que los ambientes fueran totalmente opuestos ya que entendíamos que nosotras estábamos por encima de todo y que valorábamos mucho el poder estar juntas.
Durante este tiempo, además, había notado que Marina me llamaba menos o que ponía excusas que antes no tenía para quedar conmigo. No era algo exagerado pues nos veíamos muy a menudo, pero habíamos pasado de llamarnos todos los días y vernos uno día y otro no a vernos cada diez o quince días y ni siquiera mandarnos un mensaje diario.
Dejé pasar un poco el tiempo, dejándole a Marina su espacio y entendiendo que quizás el trabajo le robaba mucho tiempo y que querría disfrutar de todo aquello que ella había soñado, pero cuando casi un año después todo seguía igual, decidí hablar con ella.
Le conté cómo me sentía, que creía que me estaba dejando un poco de lado y que no entendía por qué ahora no podíamos compartir planes o grupos de amigos como antes hacíamos. Le pregunté si había hecho algo mal y cómo podía remediarlo.
Para mi sorpresa, ella me dijo que lo sentía, que seguía siendo su mejor amiga, pero que había entendido que en determinados ambientes yo iba a llamar mucho la atención y que era contraproducente para su trabajo, su evolución y el cómo la mirarían en el sector.
Al principio no entendí muy bien a que se refería, pero luego me explicó que mis ideas y valores contrastaban mucho con los que allí se tenían en cuenta y que, quizás ciertas conversaciones y temas en los que yo estaba especialmente comprometida no eran del gusto de las personas de las que ahora se rodeaba.
Además, me dijo que en esos ambientes se tiene muy en cuenta el cuidado personal, la imagen y la moda y que, obviamente yo estaba totalmente fuera de todo aquello.
Las palabras me dolieron como si me hubieran clavado mil puñales y, aunque Marina intentó explicarse y prometerme que ella siempre estaría ahí para mí como mi mejor amiga y que podríamos seguir haciendo cosas juntas como hasta entonces yo ya no la vi de la misma manera.
Tampoco supe qué decir y me fui llorando.
De esto hace ya una semana. Marina me ha mandado mil mensajes, me ha llamado e incluso ha pasado por mi casa un par de veces y, aunque hemos hablado, no soy capaz de seguir con ella como hasta ahora. He llegado a entender que tiene que mantener un estatus y una imagen, pero aun entendiéndolo, no sé cómo puede pesar eso más que una amistad de toda la vida.
Ella sigue insistiendo en que es el trabajo de sus sueños y en que, fuera de allí podemos seguir siendo aquellas niñas que no querían separarse cuando terminaba el horario de clase, solo por estar más tiempo juntas, pero yo no lo veo claro.
De momento, estamos así, he decidido que necesito pensar, salir de esto y pasar tiempo con otras personas y, aunque estoy segura de que de una manera u otra Marina siempre formará parte de mi vida, ahora mismo no sé si en algún momento todo podrá ser igual.
Escrito por Angie Rigo basado en un testimonio real

