Hay momentos en una relación en los que descubres cosas que te hacen replantearte absolutamente todo…y luego está esto.

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Yo estaba tranquilamente viviendo mi historia con mi novio, en plan normal, sin dramas reseñables, cuando un día, descubrí que él y su grupo de amigos tenían una especie de norma no escrita. Es como una tradición, un código de honor… UNA GILIPOLLEZ

La regla era sencilla: “Si sales de fiesta, no te quedes sin follar”

Así según lo lees, sin matices respecto a las parejas, sin asteriscos, sin excepciones y sin vergüenza.

Y lo mejor no era la regla en sí, que ya tiene tela. Lo mejor era el sistema que la rodeaba. Funcionaban como una mafia emocional: todos sabían lo que hacía el otro, todos lo tapaban, todos mentían si hacía falta. Unos auténticos secuaces de la traición sentimental.

Bro code”, lo llaman algunos. Yo lo llamo “club de los onvres de mierda”. Por que soy de Bilbao y a mí, chorradas las justas.

¿Cómo me enteré? Bueno, mi pareja estaba muy distanciado de este grupo de personas, yo no entendía porqué cada vez quería alejarse más y un día, me lo contó todo.

Claro, aquí viene el plot twist: uno de esos mismos amigos (uno de los más fieles a la norma, por cierto) se enteró de que su novia había tonteado con otro en una fiesta. Ni siquiera había pasado nada serio. Tontear. Miraditas. Risas. Lo típico.

Bueno, no te puedes imaginar el DRAMOTE que se armó.

Le montó un drama que ni un final de telenovela. Indignado, traicionado, herido en lo más profundo de su ego. Una falta de respeto. Una deslealtad intolerable. El fin del mundo.

Anda y que te folle un caracol mala pécora. Cuanta hipocresía.

Este mismo señor le ponía los cuernos una o dos veces al mes con la naturalidad de quien va al gimnasio. Pero claro, eso no cuenta. Porque lo suyo era “otra cosa”.

Y ahí fue cuando a mí se me cayó el castillo entero.

Porque ya no es solo la infidelidad. Es lo normalizado que está. Lo integrado y aceptado que está dentro del grupo, como si fuera parte del pack: sales, bebes, ligas, engañas… y luego todos calladitos.

Porque para ellos, ser leal es cubrirle las espaldas a tu amigo aunque esté haciendo algo bastante cuestionable. Pero la lealtad se esfuma cuando se trata de ser leal a la persona con la que compartes tu vida.

Y lo más fuerte es que esto sigue pasando a día de hoy. No es una historia de hace veinte años ni de una peli mala. Es real, está pasando hoy mismo.

No entiendo en qué momento algunos confundieron la amistad con complicidad en la mentira y la traición.

Y mi pregunta es la siguiente ¿Es esto una práctica habitual en los grupos de hombres?