Ya tenemos las vacaciones escolares encima. Los profes felices, los niños también, y los padres histéricos porque a ver cómo cubrimos casi tres meses de verano. Que los niños no tienen colegio, pero los adultos seguimos teniendo que ir a trabajar y facturas que pagar.
Canal de mamis y niños aquí chiqui
Yo cada verano llego a la misma conclusión: las vacaciones dejan al descubierto muchas cosas. Por ejemplo, una muy importante como es quienes se preocupan por el bienestar de sus hijos y a quienes les molestan.
Hablo de esas situaciones en las que descubres quién está haciendo auténticos esfuerzos para pasar tiempo con sus hijos y quién está buscando cualquier excusa para quitárselos de encima.
Porque desde que soy madre, he visto de todo.

He visto gente que trabajan jornada completa, que se reparten las vacaciones al milímetro, que gastan todos sus días libres entre julio y agosto para poder estar con sus hijos. He visto parejas que se organizan por quincenas, renunciando incluso a pasar vacaciones juntos para evitar que los niños tengan que encadenar campamentos durante semanas.
He visto familias apretarse el cinturón para que uno de los dos pueda quedarse más tiempo en casa, reducirse la jornada o incluso pedir una excedencia de varios meses, con lo que eso conlleva (sueldo not found) para pasar el verano con sus peques.
También he visto abuelos que se llevan a los críos todo el verano al pueblo, a la playa o a su casa si hace falta, con tal de ayudar a sus hijos y que no se tengan que dejar un riñón en campamentos de verano.
Pero también he visto lo contrario.

He visto madres que no trabajan fuera de casa, que tienen toda la disponibilidad del mundo y que aun así apuntan a sus hijos a actividades desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. Con la excusa de que su hijo es muy movido y necesita desfogar, lo apuntan a campamentos deportivos y lo tienen fuera de casa todo el verano.
Algunas no se esconden, no disfrazan sus decisiones de «es por el bien del niño». Te lo dicen abiertamente, que no aguantan a sus hijos metidos en casa, que se aburren y dan por culo. Los llevan al cole de verano, aunque sea una horas y así ellas pueden hacer la casa tranquilas, ir a pilates o a la compra.
Pagan lo que sea para que los niños estén ocupados. Son madres a las que les sobra el dinero, y sus hijos.
Los hay también que cogen una semana o quince días para coincidir con su pareja. Les da igual que los otros casi dos meses el crío se tire de campamento o campamento. Ellos no sacrifican sus vacaciones juntos en familia por nada del mundo.
Que digo yo, igual es más de ser una buena familia (y buenos padres) intentar estar más tiempo con tu hijo, aunque no coincidas con tu pareja. Que tu hijo no va a ser un niño toda la vida…

Esos son de los que luego se llevan las manos a la cabeza cuando los hijos son mayores y no les miran ni a la cara. Y cuando son viejos, a una residencia. De los que dicen aquello de “con todo lo que yo he hecho por mis hijos”.
De verdad que hay padres que hablan de sus hijos como si fueran una carga. Como si el verdadero objetivo del verano fuera mantenerlos entretenidos lejos de casa el mayor número de horas posible.
Hay decisiones que responden a necesidades reales y otras que responden simplemente a la comodidad de los adultos.
Y se nota.
Se nota cuando una madre que trabaja cuarenta horas semanales mueve cielo y tierra para pasar más tiempo con sus hijos mientras otra que, tiene las mañanas libres, busca desesperadamente dónde colocarlos.
Se nota cuando un padre renuncia a una semana de descanso para quedarse en casa con ellos mientras otro cuenta los días para que llegue septiembre y empiece de nuevo el curso escolar.
Y se nota cuando unos niños pasan el verano sintiéndose queridos y otros pasan el verano sintiéndose un estorbo.
Escrito por Raquel Acosta, basado en la historia real de una seguidora.