¡Ay, el verano! Esa época del año tan deseada por los niños, pero tan temida por los papás trabajadores… Ellos están deseando acabar las clases para disfrutar de las vacaciones, y tú en casa haciendo encaje de bolillos con horarios, turnos, abuelos y campamentos urbanos para tener a los niños cubiertos.

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Es llegar el mes de abril y ya estoy mirando la web del ayuntamiento de mi ciudad a ver si sale la convocatorio para las colonias de verano. Y cuando sale, pues yo solicito todo lo posible. Últimos días de junio, julio, agosto y, si me apuras, también septiembre. Que el niño esté entretenido todo el verano.

Mi marido y yo trabajamos. Cuando el peque era más pequeño, tirábamos de bajada de horas, o algunos veranos me cogí yo una excedencia. Pero, sinceramente, terminaba más agotada de cuidar a mi hijo veinticuatro siete que trabajando ocho horas fuera de casa.

Así que ahora que es más mayor, me organizo para tenerlo todo el verano en campamentos de mi ciudad.

Y diréis, ¿pero esta gente no coge vacaciones en verano? Pues si, pero cogemos una semana, porque coger más es tontería. ¿Habéis visto los precios de los alojamientos en verano? Ya es que ni playa, ni montaña, ni una casa rural en medio de Segovia. Es imposible. Por eso nosotros cogemos una semana y si puede ser en septiembre, que es “algo” más barato.

Sé que algunas parejas se piden las vacaciones de verano en quincenas diferentes para tener cubiertos a los niños el mayor tiempo posible y no tener que mandarlos a campamentos o al pueblo con los abuelos. Yo no. Yo quiero coincidir con mi marido para poder irnos de vacaciones, aunque el niño tenga que estar más tiempo en colonias.

Prefiero una semana en la playa en familia, que quince días yo sola con el niño en casa, y otros quince mi marido mientras yo trabajo.

No necesito quince días más a solas con mi hijo en verano. Ya tengo todo el año para disfrutar de madrugones, peleas por cepillarse los dientes, preparar mochilas, lavadoras, noches durmiendo a trompicones…

La crianza ya me ocupa cada rincón de mi rutina diaria como para que, además, las vacaciones se conviertan en lo mismo, con el añadido del niño en casa, sin cole y dando la paliza porque está aburrido.

Lo que quiero es estar con mi pareja. Disfrutar de unos días de descanso, de mojarnos el culo en la playa, de irnos al chiringuito a tomarnos una cervecita. Quiero vacaciones, no pelearme con mi hijo para que se duche porque lleva cuatro días sin meterse en la bañera.

Por supuesto, nos llevamos al niño de vacaciones, no somos tan malos padres… aunque creo que en un par de años ya podremos mandarle a campamentos fuera, de esos que duermen en tiendas de campaña y disfrutan muchísimo de la experiencia.

Y entonces sí, mi marido y yo volveremos a recuperar la magia, la pasión y volveremos a disfrutar de unas vacaciones los dos solos.

Llamadme mala madre si queréis, pero prefiero cogerme el resto de las vacaciones en invierno.  Una semana tonta que no quiera nadie, de esas que no hay festivos ni nada que celebrar. Que mi hijo tenga cole, y así tengo las mañanas para mí. Para irme de compras, a hacerme las uñas, o quedar con amigas a tomar café.

Dividirse las vacaciones entre los papás está bien, en práctico, te ahorras un dinero en campamentos o le quitas carga a los abuelos. Pero al final conviertes el verano en una extensión del curso.

Y no me malinterpretéis: entiendo perfectamente por qué muchas familias lo hacen. No todo el mundo puede permitirse el desembolso económico que supone dejar a tu hijo en un campamento de verano. Lo sé, hay circunstancias que obligan. Y bastante hacemos todos sobreviviendo como podemos.

Me sorprende lo normalizado que está renunciar a coincidir con tu pareja como si fuera lo que toca cuando tienes hijos. Yo amo a mi marido y me gusta pasar tiempo de calidad con él.

Sé lo que me vais a decir, que es lo que me dicen siempre, que si tienes al niño todo el verano de colonias, no descansa. ¿Acaso los vuestros descansan? Porque el mío tiene una energía inagotable. De igual que sea sábado, domingo o agosto, a las 7 de la mañana ya estamos en pie dispuestos a comernos el mundo.

Pues mira, yo lo siento pero no estoy dispuesta a quedarme en mi casa todo el verano para que mi hijo a las 7 de la mañana ya esté viendo la tele. Yo lo llevo al cole de verano y allí que desfogue.

Y ahora me podéis criticar, decir mala madre, que para qué he tenido hijos, lo que queráis. Que yo ya tengo la solicitud de los campamentos presentada y la semana de la playa reservada.

 

 

Escrito por Raquel Acosta, basado en la historia real de una seguidora.