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Mesas del mundo: ¿Por qué odiáis a las TulliBuenas?

Muy poco se habla de lo toca narices que son las mesas. Si ya usáis una silla de ruedas, probablemente sepáis de lo que os hablo… Pero si no sois TulliBuenas, os lo explico. Las mesas, las mesas son tan odiosamente diferentes… que encontrar una en la que tu silla quepa perfectamente y a la que te puedas acercas sin problemas ES UNA LOTERÍA.

Señores diseñadores de mesas… ¿Qué os hemos hecho? Si son muy bajas, te chocan las rodillas y si son muy altas, no llegas a comer. Porque eso es otra, si vas en silla de ruedas olvídate de tomarte una copa en la barra del bar o en cualquier mesa que requiera subirse a un taburete. Te quedará demasiado alta. A no ser que tengas una de esas sillas supersónicas que te levantan… Si, existen, aunque a precio de millonario y, personalmente, no me la puedo permitir.

Adiós a mi sueño de ligar en la barra del bar con Barney Stinson.

Pero bueno, aceptemos la premisa de que no hay una altura determinada y que sería difícil estandarizarlo… ¿Por qué coño le ponéis cosas en medio de los pies? Tu, con toda tu alegría, te acercas a la mesa y te tienes que quedar a dos palmos de distancia porque tu silla se choca con esas mierdas decorativas que les ponen entre los pies a las mesas. Hay quien dice que es para apoyar ahí los pies de los No-Tullis… Pero oye, los pies, como en el suelo, en ningún sitio. ASÍ QUE DEJAOS DE TONTERÍAS.

Y ya no hablamos de los restaurantes que deciden atornillar los asientos o los bancos al suelo. Eeeemmmm ¿Hola? Hay quién se trae su asiento de casa.

Siempre que vamos a un restaurante, paso unos instantes de microtensión (micro, tampoco hay que llorar por estos pequeños incordios del día a día) pensando en cómo será la mesa, si los asientos serán sillas o bancos anclados al suelo o… dónde me tocará ponerme.

Aunque me podríais decir: “Ay, Ángela, no seas exagerada. A todos nos preocupa más o menos con quién nos sentaremos en reuniones familiares o con amigos.”

Pero es que resulta que si vas en silla de ruedas, SIEMPRE te toca ponerte en la puñetera esquina o en el sitio en el que consideren que entorpecerás menos al camarero en el restaurante y una, al final, acaba harta.

En fin… Sé que la crisis de las mesas y los asientos no es algo prioritario en nuestra sociedad pero, TulliBuenas del mundo, alguien tenía que poner el problema sobre la mesa… nunca mejor dicho.

 

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