Es cierto que no hay un momento idóneo para ser madre y tampoco una situación perfecta para criar, pero, aunque siempre había querido serlo, tenía muy claro que quería vivir muchas cosas antes de ello y que quería tener una estabilidad de todo tipo antes de ello. Podría haberme planteado tener hijos al inicio de la treintena, puesto que mi pareja y yo ya llevábamos varios años juntos y teníamos claro que queríamos ser padres. Pero, emocionalmente y laboralmente, no encontramos la estabilidad pasados los 40. 

Siempre había creído que al llegar a esa edad, donde todavía estaba llena de fuerza y de vitalidad, sería mejor madre que si hubiese tenido un hijo en plena juventud, con mis inseguridades y mi inestabilidad económica y emocional. Además, mi pareja y yo teníamos claro que queríamos acabar nuestros estudios, encontrar un trabajo que nos permitiera conciliar sin problemas y con el cual pudiésemos sustentarnos sin dificultad, comprarnos nuestra vivienda y viajar antes de meternos en el apasionante mundo de la maternidad. 

Empezamos a buscar hijos, solo queríamos uno, eso también lo teníamos claro, a partir de los 40 míos y de los 44 suyos. A esas edades no es fácil quedarse embarazada, por lo que fui madre primeriza a los 45 años. Puedo decir que los primeros meses de vida del bebé no fueron más complicados que los de cualquier otra madre más joven, costaba el no poder dormir en toda la noche y a lo mejor nuestro cuerpo necesitaba más descanso para ese entonces, pero fuimos muy felices. Siempre defendí que tener hijos a una edad más avanzada es igual de buena opción que tenerlos antes por todas las ventajas que he comentado anteriormente.

Ahora he pasado los 60 años y mi marido tiene 64. Mientras vemos a nuestros amigos emocionados con la jubilación, y pensando en vivir lo que no han podido vivir hasta ahora, nosotros estamos pasando por un momento muy complicado. Nuestro hijo tiene 15 años y su adolescencia está siendo muy complicada. La brecha generacional tampoco nos ayuda, puesto que no entendemos tanto sobre las nuevas tecnologías y tenemos que estar muy pendientes de él y de todo lo que va descubriendo. 

Hay muchas cosas que no nos gustan de cómo está actuando, y nos contesta mal muchas veces y nos hace perder los nervios. En estos momentos sí que me doy cuenta de que tener hijos a temprana edad puede hacer que tengas una jubilación más tranquila porque has pasado por todo esto antes, siendo más joven y ellos pueden verte como una persona en la que confiar porque puedes entenderlos mejor.

Por otro lado, mi marido y yo estamos muy agobiados de pensar que esto puede durar hasta los veinte, a lo mejor no con la misma intensidad, pero empezarán las salidas de noche, el estar en vela hasta que regrese, el estar pendiente de sus errores para ayudarle a enderezarse… Es cierto que nuestros amigos, los que tienen ya hijos mayores, están más tranquilos y pueden disfrutar con ellos sus primeros años de juventud en los que aún no son adultos, pero ya no son adolescentes. Pero, por otro lado, también creo que en pocos años sus hijos podrán darles nietos y ellos también podrán estar por ellos con más energía que cuando nuestro hijo tenga descendencia, si es que la tiene y si llegamos a disfrutar de ella.

Puede que tengamos casi ochenta años cuando él tenga hijos y puede que para ese entonces necesitemos ser cuidados más que ser cuidadores. No he tenido un hijo para que nos cuide cuando seamos mayores, pero nosotros no podremos ayudarle con nuestros nietos y podremos disfrutar poco de la vida de estos, o eso creemos.

Así pues, sigo pensando que no hay un momento ideal para tener descendencia, pero viéndolo con perspectiva, creo que hubiese sido mejor ser padres sobre los 35 que con más de 40.

 

Anónimo

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