Mientras leía la noticia del aborto espontáneo de Meghan Markle, me caían las lágrimas a borbotones por lo que yo sabía ya que era inevitable.
Este año a mí y a mi pareja se nos fastidiaron todos los planes como a la mayoría del mundo, acabábamos por fin de pedirnos la dichosa hipoteca que tantos dolores de cabeza nos había dado.
A mi novio lo acababan de ascender y lo vimos como una señal. En cosa como de dos semanas el virus ese que en Wuhan nos quedaba tan lejos se había declarado pandemia y nos solo nos denegaban la hipoteca sino que nos reducían las horas en el trabajo a un 25% de lo normal… trabajaríamos 5 días al mes, la mayoría de ellos de guardia en casa. Ya se pueden imaginar que el ascenso de mi novio lo frenaron y volvió al puesto de antes.
Yo soy una persona de estas que planean todo y mi lista de planes de mi vida era muy clara: Carnet de conducir, Comprar Casa, Intentar tener niños.
Si hay una cosa que el covid me enseñó es que nunca serás dueña total de tus planes y un día sin más de los mil que pasamos en casa confinados viendo Netflix le dije a mi novio que quería un bebé y para mi sorpresa me dijo “¿Y por qué no lo tenemos?”
Pues así mismo lo decidimos, nos reíamos pensando que siendo el peor momento del mundo tendríamos “mala» suerte y me quedaría a la primera. No ocurrió así, pero lo intentamos a partir de Mayo y en Noviembre vimos cómo las dos líneas rojas se marcaban en el test.
No se lo contamos sino a las amigas a las que le cancelaba día sí y día también porque lo que llaman en el país donde vivo “morning sickness» me atacaba a cualquier hora del día, también tenía insomnio y pasaba las madrugadas ilusionada leyendo sobre embarazos, las cositas que necesitaría, pasados los 3 meses claro, y lo que podría esperar de mi embarazo.
De repente empecé a tener pesadillas por las noches, todas las noches soñaba que iba al baño y estaba sangrando, lo cuál me creó una gran ansiedad. Ahora pienso que a lo mejor mi cuerpo ya sabía que mi bebé había dejado de crecer.
15 días después de habernos enterado que estábamos embarazados y cuando estaba de 6 semanas y 3 días comencé a manchar.

Llamé corriendo a mi médico de cabecera y me dijo de esperar al día siguiente y que fuera a urgencias del materno. Tras una espera de toda una noche y 4 largas horas en la sala de espera del materno, me hicieron una eco y me dijeron que había un saco gestacional y una pequeña “yema» como le dicen aquí, más parecido a las 5 semanas que a las casi 7 que me decían tener según mi última regla.
No me podían dar más información, debía esperar 10 días para otra eco para ver si había crecido y por lo tanto las fechas estaban mal o si había dejado de crecer.
La espera me iba a matar.
Regresé a casa y llamé a mis hermanas que han sido el mejor apoyo del mundo y fue duro tener que decir “Estoy embarazada pero creo que lo estoy perdiendo».
No es que fuera negativa, es que en el fondo ya lo sabía. De repente dormía mejor, no tenía náuseas y se me habían desinflado los pechos. En ese momento te aferras a cualquier esperanza, un pinchacito en el pezón y te alegras porque te han vuelto a doler, una semi náusea, probablemente causada por la angustia que estás pasando y piensas que sigues con síntomas, pero la realidad es que ya no me sentía embarazada.
Dos días más tarde fui a mi médico de cabecera a hablarle de que a lo mejor mis fechas correctas eran otras y muy claramente me dijo que lo sentía muchísimo que había un 99% de probabilidad de que estuviera abortando, esto fue un viernes, había empezado a sangrar el lunes. Me explicó que 1 de cada 4 embarazos termina en aborto espontáneo, que muchas ni se enteran de que estaban embarazadas y me dijo algo que no olvidaré nunca. “No te preocupes, tú que sufres de endometriosis ni te vas a enterar, será una regla un pelín más fuerte y ya está”.
De camino a casa paré en la farmacia para comprar las compresas más grandes que encontré.
Al llegar a casa me volví a derrumbar en brazos de mi novio que inocentemente todavía pensaba que en la siguiente eco escucharíamos un latido de corazón fuerte. En el fondo me había pegado la semana obsesionada leyendo foros donde muchas madres explicaban que sangraron todo el embarazo y su niño nació super sano.
Pasé el resto del día borrando las miles de aplicaciones que no paraban de mandarme notificaciones de que mi bebé ahora era del tamaño de un arándano.
Repasando las últimas tres semanas para ver qué había hecho mal. Si me había gafado al comprar esas ropitas en Wish para anunciar el embarazo que con un poco de suerte llegarían en 3 meses. Si no debería haber guardado mi uniforme pues no lo iba a necesitar por lo menos durante un año, soy azafata de vuelo y te recomiendan avisar desde que te enteras para dejar de volar.
Si me adelanté mucho en pedir cita para los análisis genéticos con mi ginecóloga de España ya que al no estar trabajando podía irme a España por Navidad y contárselo a mi madre en persona, en fin, entre lloro y lloro se te pasan mil cosas por la cabeza.
Esa tarde me empezaron los dolores. Una hora más tarde me levanté a por un ibuprofeno y en lo que volvía a la cama me dieron tal dolores que casi me desplomo volviendo a la cama. Mi novio que estaba viendo El padrino por quintésima segunda vez con el volumen altísimo, oyó mis gritos y corrió a ver qué pasaba.
Yo había leído mil blogs de lo que sentiría cuando esto pasara, y todos hablaban del duelo y el dolor emocional pero nada me preparó para el dolor desgarrador que sentí. Muchas mujeres hablaban de regla más fuerte, dolores de regla etc… pero nunca leí que te pudieran dar contracciones como en un parto y menos a las 6 o 7 semanas.
Lo que pareció una eternidad estuve agarrada a mi novio gritándole que si esto podía pasar otra vez no lo quería intentar más y después de tomarme dosis doble de ibuprofeno en un momento de desesperación de repente sentí una presión horrible en el estómago y corrí al baño, y entre vómitos y diarreas noté descender de mi el coágulo de sangre más grande que había visto en mi vida. Y una vez fuera, los dolores fueron siendo menos fuertes hasta que ya no dolió más.
Nunca pensé que se pudiera querer tanto a un ser que nunca llegó a ser ese arándano sino que quedó más bien del tamaño de la pipa de una naranja. Nunca pensé que un embarazo en que las náuseas te tienen de la cama al baño constantemente, pudiera dar tanta felicidad. Desde el momento uno, cambias tus hábitos, tu manera de comer, de hacer ejercicio, los cosméticos que usas, etc, lo haces todo bien pero el destino tiene otros planes y no te queda otra que aceptarlos.
Entre cambio hormonal y cambio hormonal continuas con tu duelo.

Muchas lo viven en silencio, yo necesitaba contarlo porque para mi “little blob» como mi novio lo llamaba, fue muy real. Es curioso cómo terminé contando a más gente que había abortado que a la que le conté que estaba embarazada. Por aquí vamos a terminar el segundo confinamiento y mis amigas no paraban de intentar hacer planes.
Las reacciones son de lo más variopintas, mejor así a que hubiese salido mal, a lo mejor este no era el momento adecuado, por lo menos ya sabes que te puedes quedar embarazada naruralmente (tengo 36 años), es que no lo deberías haber dicho tan pronto en el curro, los tres meses después de un aborto estás super fértil así que ponte las pilas ya! (Aborté ayer).
Todos tienen una opinión que se que viene desde lo más profundo de su corazón, si estás leyendo esto porque tú acabas de pasar por lo mismo o alguna amiga está pasando por ello, un simple “siento mucho que estés pasando por esto, estoy aquí para lo que necesites” es lo mejor que le puedes decir y pregúntale qué tal está su pareja ya que los hombres son los olvidados en esta situación.
Mi pareja es de las que no habla de sentimientos y te contesta con una broma en los momentos más chungos pero sé que lo está pasando mal a su manera.
Si alguien piensa que esto es una exageración ya que ellas ni lo notaron, recuerden que cada persona es un mundo, cada embarazo es diferente y cada aborto tambien. Yo sufro de endometriosis, tengo reglas muy dolorosas, sufro de migrañas y tengo gran aguante para el dolor y ahora mismo, sabiendo que el parto es más doloroso que lo que pasé yo ayer felicito a esas madres que tienen partos naturales, me quito el sombrero ante ustedes.
La razón por la que escribo esto es porque una vez más me he despertado a las 4am y no me puedo dormir, por paz interior, como parte de mi duelo. Porque pasé horas leyendo blogs que no se parecían a cómo me pasó a mí.
Porque sin ánimos de asustar a nadie me hubiera gustado saber antes de pasarlo que podía ser así.
Porque esto le pasa a más mujeres de lo que pensamos simplemente es como la salud mental, es un tema tabú que es hora de que la gente sea capaz de hablar de ello si quieren claro.
Tengo una amiga a la que le ha pasado dos veces, la última un mes antes que a mi y poder hablarlo con ella fue una gran ayuda, si ella no lo hubiese contado a lo mejor yo no hubiese recurrido a ella.
En fin, que leyendo los comentarios de mujeres a la noticia del aborto de Meghan Markle en los que la empatia brillaba por su ausencia y predominaban los “eso es algo muy íntimo y no debería salir de la familia», se me ocurrió que a lo mejor, mi historia le serviría a alguien que necesite abrirse y contarlo.
Todavía es muy pronto para saber lo que me depara el futuro, espero ser no solo el 1 en las estadísticas sino también el gran porcentaje de madres que tienen un bebé sano después de un aborto.
Sé que lo tengo muy reciente y que me quedan días de bajona y llantos, pero aprenderé a vivir con ello como con todas las otras piedras del camino. Y quién sabe, a lo mejor en el 2021 me verán por aquí escribiendo otra vez pero esta vez sobre mi bebé arcoiris. La próxima prometo que aprenderé a resumir.