Hoy os voy a hablar de una mujer que me ha atravesado el corazón hace muy poco y se ha metido en mi vida de cabeza y parece que para quedarse.
Ella es Miriam (Mir para mí, que nada me gusta más que acortarle el nombre a la gente). La conocí, como a casi todas mis amigas más recientes, a través de redes sociales hablando de Diamond panting. Para mí es una manualidad preciosa y super relajante de la que saqué una enorme colección de artesanía relacionada y un buen puñado de amigas increíbles.
El caso es que toda mis amigas hablaban maravillas de esta chica a la que yo no conocía hasta que, sin querer, me tropecé con su cuenta personal. Tras un rato de charla me contó que ella era quien estaba detrás de @inmunowoman, aquella cuenta de la que mis amigas me hablaban con tanto cariño, dedicada a la visibilidad y apoyo a las personas con enfermedades raras, autoinmunes o invisibles.

Pronto nos hicimos amigas porque ambas somos de esas que lo echan todo fuera sin esfuerzo. Dos frases amables y ya me contó su vida y yo le conté la mía.
Tras un Live en Instagram hablando sobre sesgo de género médico y de cómo tardó casi 14 años en recibir su diagnóstico, pasando la mayoría del tiempo ninguneada por algunos “profesionales” que se lavaban las manos diciendo que lo suyo sería ansiedad, estrés, etc… Decidimos ir un poco más allá y pronto haremos algo con lo que podamos compartir nuestras opiniones y experiencias como más nos gusta, charlando entre amigas.
Y es que su historia me ha parecido tan interesante y dolorosa a la vez… Ella, hace no tanto tiempo, era una de esas mujeres duras y firmes que tenía su trabajo como una de sus prioridades, donde dejaba gran parte de su energía y corazón. Era CEO de una gran empresa y tenía una enorme responsabilidad que llevaba con orgullo y eficiencia.

Tenía un amigos, viajaba, tenía a su queridísimo marido y tenía… Estrés, efectivamente, pues su trabajo la presionaba mucho y ella decía gozar de esa presión, disfrutar de la adrenalina y dejaba hasta su piel en aquella empresa.
Entonces empezó a enfermar. Poco a poco se sintió mal y, con el tiempo, dejó de mejorar entre una recaída y la siguiente. Empezó a no poder ser tan eficiente, pero siguió peleando hasta que no pudo más.
De pronto se vio con una enfermedad autoinmune por la que cualquier virus anodino, cualquier bacteria suelta puede suponer un riesgo de muerte para ella. Surgió el miedo, el dolor, las migrañas imposibles de calmar… Y con esto los miedos, la depresión y, por supuesto, la gestión emocional de cómo la gente que decía quererla tanto le daba la espalda al dejar de ser tan productiva.
Ella siguió contando con el amor de su marido, le incondicionalidad de sus padres y la compañía de sus perros, pero aquel trabajo que se llevaba todas las horas de su día a día, todo aquel esfuerzo que la agotaba y la dejaba sin energía, ahora parecían absurdos, sin sentido.
¿Cómo podía haber priorizado tanto tiempo algo que en cuanto ella flojeó había desaparecido?
Ella es la viva imagen de la fuerza, el humor y el amor (como ella siempre dice) y ahora ha fundado una ONG para ayudar a las personas que, como ella, se vean perdidas con un diagnóstico, que sufran por no saber por dónde empezar. El apoyo, la visibilidad y la investigación serán sus objetivos y yo me siento orgullosa de poder estar cerca de ella, de su proyecto y de que comparta conmigo sus vivencias. Creo que juntas podremos hacer algo grande. No porque vaya a tener gran relevancia, sino porque nos puede aportar mucho a ambas y eso es muy bonito.
Desde aquí decir que es un honor haber conocido a una exejecutiva que ahora tiene dificultades para poder salir de su casa y, aun así, mueve Roma con Santiago para seguir adelante ayudando a todas las personas que pueda.
Luna Purple.