Nos conocimos cuando yo tenía 18 años, estaba en primero de carrera, por fin salía de mi círculo de amigos de toda la vida, del instituto… Y apareció él, catorce años más mayor, con una energía infinita y mucho más mundo que yo (en todos los sentidos) 

¿Cómo no volverme loca por él?

Los días que venía a buscarme a la facultad me despertaba ya nerviosa, ansiosa porque compartiese conmigo cómo había sido la guardia (es funcionario, de esos que salvan vidas arriesgando la suya), que me enseñase sitios chulos, me llevase a su cama y me descubriese lo grandioso que era el sexo… Todo con él era intenso.

Pero a medida que pasaban los meses sus continuas idas y venidas evidenciaban que su desaparición iba a ser inminente… y así fue. Después de 6 meses, sentados en su coche en el parking de unas tiendas outlet, me dijo: ‘se acabó, te estoy queriendo demasiado y no puede ser…’

No pedí explicaciones, simplemente acepté sus palabras.

Nunca más supe de él, los meses siguientes fueron un drama. Con 18 años tu cerebro y tus emociones están en pleno proceso de adaptación a la vida adulta… Muchas veces he pensado, ¿Pero qué vio en mi si era una total descerebrada? Y si estáis pensando en mis dotes como amante, creo que en ese momento dejaban mucho, pero mucho, que desear…

En fin, que la vida siguió, yo terminé mis estudios, empecé a trabajar y conocí a un chico estupendo, me enamoré de él, él de mi y nuestro amor duró 7 años.

Ese si fue un momento difícil de verdad. Tanto tiempo compartiendo todo con alguien y de repente te ves sola con 30 años y es como volver a empezar a caminar… todo el mundo está emparejado, son madres y padres de familia… y tú, intentas volver a hacer cosas que con 20 años te gustaban y descubres que ya ni te gustan ni te divierten. Pero como el ser humano es grandioso, vuelves a encontrarte a ti misma y empiezas a recomponerte de nuevo.

En mi caso fue complicado porque la cabeza es tu peor enemigo, y yo, treintañera y gorda, ¿A quién iba a gustarle? ¿Quién iba a encontrarme mínimamente atractiva? 

¡Pues si señoras y señores, mi querido amor de los 18 apareció de nuevo en mi vida! Justo cuando más lo necesitaba…

El primer día cuando quedamos después de 12 años sin vernos me quería morir de los nervios. Me sentía totalmente insegura, mis kilos, mi tamaño en el mundo, va a pensar que soy un bicho bola, estoy horrenda… Nos miramos, y fue como si nunca hubiese pasado ese tiempo.

Hablamos, me cogía de las manos, me miraba con su puñetera cara de golfo y sentía como las bragas se me caían por momentos. En realidad, no me duraron mucho tiempo puestas, la segunda vez que quedamos ya no pudimos aguantar más y acabamos desnudos.

Ese día no lo olvidaré, no por el revolcón, que no estuvo nada mal, sino por el hecho de que vuelves a ser tú, aceptándote, queriéndote y demostrándote que siempre, a pesar de todas aquellas cosas que te auto limitan, hay alguien a quien le gustas, respeta como eres y te hace feliz por el simple hecho de que él a tu lado también lo es.

Siempre digo que apareció en el momento preciso, para ayudar a recomponer todo aquello que sola no podía.

Hoy cuatro años después de nuestro reencuentro, sigue en mi vida en formato amigo, bueno a veces tenemos algún desliz… (¡Nada de juicios de valor!)

Pero gracias a cómo me hizo sentir, única, me di cuenta de que así es como soy, única ¡Incluso con mi culo gordo!

P_MQ