Siempre nos había llamado la atención eso de tener una cita a ciegas. No entendíamos del todo cómo la gente quedaba con otras personas sin tener ni la menor idea de a quién iban a encontrarse. Por aquel entonces, comenzaron a ponerse de moda los restaurantes en los que te vendaban los ojos al entrar para que solo pudieras experimentar las sensaciones que te generase la comida sin tener una imagen como base. Atamos ambos cabos y se nos ocurrió hacer algo distinto: organizar nuestra propia cita a ciegas.
Así, decidimos despejar el salón de posibles obstáculos, servir la cena en la mesa y vendarnos los ojos para experimentar todas las sensaciones posibles. Como es habitual, al principio te choca bastante porque, aunque no te lo creas, no resulta nada fácil encontrarte la boca para comer, o beber, con normalidad.
Las risas iban en aumento, no había peligro por las copas, o por los platos, porque los pusimos de plástico a conciencia para evitar males mayores. La comida nos supo distinta y, tengo que reconocerlo, de vez en cuando me retiraba el pañuelo para ver si ella hacía trampas, o no. Ambos cumplimos el pacto. Lo de buscar la boca del otro con la ayuda de los dedos, lo de medir cuánto metes la cuchara para evitar que se atragante, compartir una bebida a ciegas… todo influye para entrar en calor casi sin darte cuenta.
Cuando terminamos de comer, nos fuimos, a tientas, hasta el sofá y decidimos seguir adelante con todo. Comenzamos a besarnos, a toquetearnos y a sentir cada caricia como si viniera de alguien que desconocíamos. Imaginamos que estábamos en un cuarto oscuro en el que cada mano, cada pierna y cada genital no nos pertenecía totalmente. Tocar a tientas, chupar, lamer y no tener una referencia visual nos ayudó muchísimo a potenciar nuestra imaginación y a sentirnos al máximo.
Ella pensó que estaba también en un glory hole, yo en una fiesta swinger, y así fuimos alimentando el fuego de una sesión de sexo tan intensa como inolvidable. Y es que, aunque sepas quién te está tocando y follando, el cerebro parece que actúa de forma distinta cuando todo es inventado.
Desde entonces, hemos repetido en varias ocasiones y cada vez nos gusta más. Incorporar juguetes, explorarse más a fondo, follar sin ponerle nombre a tu pareja y dejarse llevar son experiencias que vienen a darle una patada a la rutina, a refrescarlo todo y a convertir cada momento de la experiencia en algo perfecto.
Te aseguro que vas a sentir el doble, que tus orgasmos serán increíbles y que cada sesión se convierte en el primer paso hacia la siguiente. Respecto a si puedes prescindir de la comida, pensarás que sí, pero debes saber que es una magnífica manera de irte acostumbrando a no tener visión, a medir tus movimientos y a ir entrando en ambiente. De ti depende probarlo, compartir tu experiencia, o darnos algún que otro consejo para hacerlo todo de forma distinta. ¿Te atreves?
