Querido diario

Los años, los amores y las copas de vino no se cuentan

La vida va pasando y si de algo me doy cuenta es de que no hay que contar las cosas. No hay que amargarse por los números, por las medidas, por cualquier cosa que te pueda hacer sentir mejor o peor. ¿Qué importa si te has acostado con muchos? ¿Qué importa si te no te has acostado con nadie? ¿Qué importa cuántos años tienes? ¿Qué importa que te bebas un vinito de más de vez en cuando?

Cuanto más tiempo pasa, más lo creo: los números están para medir, no para definir.

Somos una sociedad matemática, le damos muchísima importancia a la talla del pantalón, a la del sujetador y a la de los penes. Hacemos que nuestra vida gire en torno al número que sacamos en un examen y dejamos que nos defina: ‘Si sacas un 10 eres listo, si sacas un 6 eres mediocre, si sacas un 3 eres tonto’. ¿Por qué? ¿Cómo un examen me va a hacer mejor o peor persona? ¿Cómo un número va a determinar si soy capaz o incapaz? ¿Cómo voy a dejar que me afecte que una persona juzgue mis conocimientos basándose en lo que él o ella sabe?

Los números son importantes, por supuesto, si no sacas X nota no podrás entrar a X carrera; si no sabes qué talla usas o cuántos centímetros te mide el contorno del pecho no podrás comprarte ropa; si no sabes cuántos años tienes no podrás elegir las velas que tienes que soplar en tu tarta de cumple. Pero absolutamente ni una sola de esas cosas definirá quién eres, cómo eres o por qué eres así.

Estoy muy cansada de que todo gire en torno a los números, a las cuentas, a las matemáticas. Estoy harta de que importe más mis coeficiente intelectual que mis sentimientos, mis notas que mis ganas, mi físico que mi alma. Estoy muy cansada y asumo que como yo, muchísima más gente.

¿Por qué no dejamos de contar de una vez por todas absolutamente todo? ¿Por qué no empezamos a vivir sin llevar la cuenta de nada? ¿Por qué la vida no nos deja exprimirla sin usar las matemáticas?

La de daño que han hecho los números.

Escuché la frase que encabeza este post por primera vez en la película El secreto de Adaline y desde entonces la uso como mantra, como descripción y como ley de vida.

Los años, los amores y las copas de vino no se cuentan. Y PUNTO.

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