Una no goza de esa belleza que parte cuellos allá donde va. Resultona cuando llevo la actitud correcta, sin más. Así que siempre me he preguntado cómo es tener la atención sin esfuerzo que tiene la gente muy atractiva. Como en mi entorno tengo a más de una, últimamente he pensado mucho en sus casos.
1. Mi compañera de trabajo
Trabajo en un sector en el que la imagen puede ser determinante: la comunicación. Así conocí a una compañera de trabajo guapa, alta, rubia y delgada que cumple todos los cánones de belleza actuales.
Las dos dejamos el trabajo casi por las mismas fechas, yo para emprender, ella porque buscaba algo mejor. Entró unos meses después en un medio regional junto a otra chica. Las dos ocupaban puestos similares y ejecutaban sus tareas con igual desempeño, pero ella se quedó y la otra no. Porque ella tenía ese punto extra que da el empujón cuando todas las demás cualidades están a un nivel similar. No es algo que yo suponga, es algo que sé de buena mano.
2. Mi vecina
Mi vecina es como una versión madura de la compañera de trabajo de la que acabo de hablar, una casi cincuentona con tipazo, pelazo rubio y, además, unos ojazos azules que llaman la atención.
Vendió su casa y se vino a la otra punta de la península sola con su hijo adolescente, con la idea de estudiar oposiciones. Por aquí ya han desfilado varios maromos ni guapos ni feos, pero con cochazos, motos y ropa cara. Y ella, como mínimo, ha estrenado coche de gama media-alta sin tener ingresos.
La secuencia lógica de pensamientos es la que es: la mujer utiliza sus propios encantos a su favor, que para eso puede. No hay debates que plantear sobre si usa a las personas, porque quienes se le acercan son adultos funcionales. Además, nadie dice que ella solo los use y no les aporte nada Lo que pasa es que tiene bastante donde elegir y elige bien, no como mi amiga (sigue leyendo).
3. Mi amiga
Otra de las mujeres de mi entorno que llama la atención es una de mis mejores amigas. Ella no solo es guapa y con tipazo, sino que tiene un sentido de la moda excepcional. Logra sacarse todo el partido y, por lo tanto, llama mucho la atención.
Siempre ha tenido a dos o tres alrededor muriéndose por sus huesitos, los mismos que la agasajaban con escapadas de fin de semana, sesiones de balneario y regalos materiales de todo tipo. Sin embargo, su historial amoroso no es como para enmarcarlo, pobrecita. Porque siente debilidad por los tipos de mentalidad “cani”, es decir, los chulitos de mierda. Un programador informático de 2 metros, bronceado y esculpido, no tiene posibilidades al lado de cualquier “matao” que la chulea.

Entonces, ¿el “privilegio de guapa” es tan deseable?
En mi opinión, no. Veo a las jóvenes (y no tan jóvenes) muy obsesionadas con la belleza, cuando no es la cualidad más interesante de todas. Lo que pasa es que vivimos en la era de la imagen y los filtros, pero aspirar al estereotipo hasta el punto de mutilar tu cuerpo en un quirófano es desproporcionado. Ni siquiera el supuesto “efecto halo” o la confianza que presuntamente sienten las guapas justifica tal obsesión.
Creo que la belleza solo te aporta una ventaja extra, que es la atención sin esfuerzo. En un mundo tan competitivo, se pueden hacer muchas cosas con esa atención regalada, pero tiene que haber alguna otra cualidad que te permita utilizar esa atención. Mirad mi amiga, la del punto 3. En su caso, la belleza no es determinante, porque luego tiene una incapacidad manifiesta para elegir bien.
Belleza e inteligencia sí es un combo ideal. Belleza, inteligencia y carisma es un combo superior. Belleza, inteligencia, carisma y talento es el combo Diva. Pero belleza sola no. Venga, eres guapa, ¿y qué más? Algo más tiene que haber. Y cuidado con cómo se usa la carta de la belleza, que luego hay que enfrentar hostilidades y envidias.
No siento que las que no gozamos de esa atención tengamos menos oportunidades si trabajamos bien la seguridad en nosotras mismas y las habilidades sociales. Simplemente, tenemos que exprimir más nuestras otras cualidades… y rezar para no tener que competir con alguien que sí tenga ese “extra” y sepa utilizarlo.
Esse