Desde la pandemia pertenezco a una organización de voluntariados que se dedica a fomentar el deporte y ocio en el tiempo libre, y también se dan charlas sobre educación sexual entre jóvenes de mi provincia. El caso es que pasé muchas horas conectada por zoom con un grupo de compañeros donde nos reuníamos con personas a las que les interesaba hacer deporte y cuidarse, pero no podían salir al gimnasio. 

Después de las jornadas de deporte, yoga, pilates, zumba, bailes y todo lo que se nos ocurría, siempre con supervisión de profesionales, un grupo de organizadores teníamos reuniones que se alargaban hasta bien entrada la madrugada, fantaseábamos con lo que haríamos cuando nos dieran libertad y, en fin, a veces las cosas se calentaban. 

Diego y Alba eran los “jefes” por así decirlo, el contacto directo con el ayuntamiento y tal. El caso es que cuando empezamos el retorno a la “nueva normalidad” las reuniones comenzaron a ser presenciales. 

Poco a poco la normalidad se instauró, hasta el verano pasado. Nos contrató un hotel enorme, cinco estrellas para organizar la animación del mismo, lo típico en verano. Diego aceptó de inmediato, era un extra con su trabajo que podía compaginar en provincia con el ayuntamiento. Así que seleccionó a un grupo de jóvenes, entre ellos yo. 

Diego y Alba llevan casi diez años casados, no tienen hijos, pero tienen una vida muy estable así que disfrutan como si estuvieran solteros, pero con independencia económica y sin dar explicaciones a nadie. Diego es fanático del mar, y tiene un piso coqueto cerca de la playa, y en el mismo edificio, en la planta de abajo, nos consiguió un piso con varios dormitorios donde los seis miembros del grupo nos instalamos para pasar el verano trabajando en el hotel. 

Tengo 25 años, Diego 38 y Alba 35. Además de ser unos jefes super enrollados, los consideraba mis amigos, hasta esa noche… 

Después del día de trabajo, era nuestra noche libre, así que nos preparamos todos y nos fuimos de fiesta. La noche iba de lujo, buena cena, discotecas con mucho ambiente y todo ellos fue llevándome a un estado de embriaguez divertido y desinhibido, comencé a tontear con un camarero del hotel, era muy atractivo y tenía bastante labia, además de que sabía besar muy bien, hasta que Alba me cortó el rollo. Me pidió que la acompañara al baño y me dijo que estaba demasiado bebida como para irme con un tío, que no sabía lo que hacía, pensé que lo hacía por mi bien. (luego entendí sus celos) Su marido nos montó en el coche y nos llevó de regreso al residencial, cuando entré en mi cuarto, encontré a mi compi de estancia dale que te pego con un latino que tenía los labios más carnosos que había visto jamás, no se cortaron ni un pelo, y me pidieron que cerrara la puerta. 

La verdad sentí envidia, bien podía ser yo. Salí al rellano para que me diera el aire y Diego subía por las escaleras, le conté lo que pasaba y comenzó a reír. Me invitó a su apartamento y Alba, que estaba preparando unas copas en la terraza me invitó a una. Le pregunté si no había bebido demasiado, pero ahora no le importaba. Me senté al lado de ella para tomarme mi Bacardi con limón y me di cuenta como Diego me miraba, me sentí incómoda y traté de sacar el tema del trabajo para ver si las tensiones se rebajaban. 

Diego se acercó a su mujer y comenzó a besarla descaradamente a la vez que le metía la mano por la entre pierna. Super incómoda, carraspeé y ambos comenzaron a reírse, ninguno pidió perdón, pero tampoco permiso. Alba se acercó a mi e intentó besarme, le hice una cobra a lo Bisbal porque no sabía que estaba pasando, hasta que Diego se sentó a mi lado y comenzó a acariciarme el muslo interno. ¡¡PFFFF!! Estaba a punto de darme un infarto, el corazón se me aceleró de tal forma que ni corriendo un sprint había tenido las pulsaciones tan aceleradas, ni las bragas tan mojadas. Alba comenzó a reírse al ver que me había puesto de todos los colores y le confesó que de vez en cuando, les gustaba invitar a alguien más… ¡Ya me entendéis! Total, que en ese momento sentí la mano de Diego presionando mi clítoris, se me escapó un gemido que Alba atrapó con su boca y me dejé llevar… 

Esa noche pasó de todo, jamás había hecho un cunnilingus a una tía y Alba y yo nos comimos todo lo que había por comer mientras que Diego nos penetraba sin descanso. Fue una de las experiencias más abrumadoras que he tenido en la vida. No me importaría repetir con una pareja desconocida, claro está, porque el caso es que desde que pasó eso, no los puedo mirar a la cara y dejé el voluntariado.

Varias veces nos hemos encontrado por la calle, ellos no pierden la compostura delante de la gente, pero yo me pongo a temblar y busco cualquier excusa para salir corriendo.

Anónimo