borracha en el gimnasio
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Me apunté borracha al gimnasio y esto fue lo que pasó

Las noches de borrachera son reveladoras muchas veces. Porque acabas hablando con gente a la que nunca conocerías, con el maquillaje corrido como un mapache maltratado o apuntándote a un gimnasio que está abierto 24 horas y te cuadraba de camino a casa.
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Día 1: Borracha entrando en el gym a las 6 de la mañana

En la recepción una chica llamada «Azahara» que tenía cara de todo menos de querer recibir clientes, me miraba fijamente mientras mascaba un chicle. Yo le expliqué que quería apuntarme mientras iba con un vestido de palabra de honor, el rímel por las mejillas y las medias medio rotas. Ella me miró con cara incrédula, me dio un papel informativo y me dijo «¿qué tal si le echas un vistazo en casa y lo piensas?». Y entonces me sentí Amaia Montero con Malú.
– No mira, yo lo tengo muy claro eh. Que yo vengo de fiesta pero controlo… (cuántas veces habré dicho esto). Sólo que había pasado muchas veces por delante de la puerta y me dije «o ahora o nunca».
– ¿Y qué es lo que estabas buscando?
– … (mítica pregunta que no te esperas)… Pues hombre, todo ¿no? Adelgazar, tonificar, divertirme, si surge ligar.
– Vale, pues si quieres te guardo cita con el nutricionista el lunes a las 11 y después puedes hacer una sesión de prueba.
Ya está. Lo había conseguido. Esto merecía celebrarlo con una pizza Barbacoa al llegar a casa.
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Día 2:  Soy Eva Nasarre (antes de entrar en la secta)

El nutricionista estaba cañón. Era un puto Adonis con tatus que me hablaba de nosecuantas comidas al día mientras yo lo miraba como las vacas miran con la boca abierta los trenes pasando. De pronto me preguntó por mi alimentación y yo sentí latir los envoltorios delatores de los Schoko bons en el bolsillo de mi abrigo.
Salí de allí con una dieta a medida y me asignaron a Carmen, una entrenadora que me enseñó las instalaciones y me recomendó varias pautas.
Al salir del gimnasio me di cuenta que justo al lado había una pastelería. Dios, ¿qué intentas decirme?
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Día 3: El gimnasio no es lo que parece

Descubrí que por lo visto existían cosas como el aquazumba o el yogilates y ninguna de ellas consistía en tirarse en el sofá a comer pizza.  Me di cuenta también de las rarezas de la gente que va a un local a hacer deporte. ¿Esa gente que sonríe en el gimnasio? ¿Por qué? ¿La gente que va con gorra? ¿Por qué? ¿Y los que se graban levantando pesas? ¿Os pagan por subir fotos en el gimnasio? A nadie le interesa que sudes. Gracias.
Mi criterio para elegir máquina era “Esa que está calentita” porque yo aquí vengo a jugar a las cartas. Pero Carmen, mi monitora, vino a interrumpir la paz que tenía para mandarme hacer abdominales. ¿Abdominales yo? ¿Qué estoy en Supervivientes? Y amigas, una que no hizo deporte activo en su vida sudaba la gota gorda para hacer 10 abdominales. Ojalá fuera la mitad de ágil haciendo abdominales de lo que soy cuando suena el timbre y sé que es del Burger King.
Cuando de pronto oigo el sonido de un pedo y el olor fétido de la descomposición. Miré fijamente a Carmen y ella no pudo evitar confesarlo.
– Lo siento Lucía. Es que comí coliflor cocida y me dan muchos gases. No puedo evitarlo.
– … (si esto no era mobbing, a mí que me lo expliquen)
Ese día hice tanto deporte que me sentí hasta mal y tuve que cenar una pizza de queso de cabra. La vida…
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Día 4: Me he puesto una alarma a las 07:30 de la mañana para ir al gimnasio

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Porque mi boca hace promesas que mi cuerpo no pude cumplir. ¿Qué será lo próximo? ¿Merendar fruta?
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A esa hora dominaba el gimnasio las jubiladas andando en las cintas. Después de saludar a mis nuevas compañeras y ponerme a caminar en trote, las jubiladas empezaron a subir la velocidad y a pesar de que seguían caminando sin correr, movían las piernas como liebres mientras yo intentaba seguirles el ritmo y me desconjuntaba las caderas bien aferrada con las manos al manillar de la cinta. ¿Por qué ellas llevaban 40 minutos seguidos a esa velocidad y yo después de 5 estaba preparada para pedir una ayuda por minusvalía? ¿Sería cosa del Sintrón?
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Tras 1 hora de máquinas y sentirme como Forrest Gump decidí que era momento de retirarme y pasar por el Mercadona. Iba sudada, con ropa de deporte y con la bolsa del gimnasio llena de bacon, paté y galletas. ERA UNA MENTIRA CON PATAS
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Día 5: Soy Eva Nasarre (ya en la secta)

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Hoy tenía todo el día programado con actividades. Por la mañana me tocaba Zumba  y yo me pasaba toda la clase pensando «por favor, que no me haga trotar que siento como si guardara natillas debajo de la piel«. Lo bueno de Zumba es que la música alta me venía bien para esconder que mis articulaciones se movían como una hormigonera.
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Tras zumba no se me ocurrió mejor idea que ir a Aquazumba. Si en zumba ya sudas, en Aquazumba sudas el doble, sólo que en el agua no lo notas. Y acabas roja como un tomate como si fueras una alemana tomando el sol en Mallorca. Yo seguía los pasos del resto de jubiladas que estaban en el agua pero lo que yo pensaba que hacía como una sirena, resultaba en realidad el movimiento de una ballena varada del Atlántico. Si hubiera una tabla de madera en esa piscina, yo habría sido Leonardo DiCaprio en Titanic.
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Salí del gimnasio famélica y destruida. Había sido una yincana del horror y encima iba peinada como Helena Bonham Carter.
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Día 6: Estoy notando cambios muy fuertes

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Como por ejemplo, que no puedo mover las rodillas. En mi casa tengo ya más Reflex que cartones de leche y estoy aterrorizada del error que cometí al apuntarme a todas las actividades posibles que ofrecía el gimnasio, porque si luego no vas, te castigan.
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Vivía la vida como superheroina con varias identidades. De día hablando de ir al gimnasio; de noche metiendo queso en el microondas. Ojalá la opción de ir al gimnasio de Oyente…
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Por la tarde fui al gimnasio y nuevamente no estaba Carmen. Desde que mi entrenadora personal que se tiraba pedos mientra hacía abdominales me abandonó, me sentía la viuda del gimnasio. La viuda de España. Isabel Pantoja Fitness.
Y al parecer me tocaba clase de pesas. ¿A quién pretendía engañar? Que yo me agotaba después de exprimir 2 naranjas… Pero qué bonito es salir del gimnasio y comerse dos donuts.
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Día 7: Si hay algo más complicado que decir «te quiero» es decir «mañana voy al gimnasio»

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Hoy tocaba Spinning. Había oido muchas veces hablar de spinning pero no sabía exactamente lo que era. Alguna gente te hablaba de cómo le había cambiado la vida y yo lo veía como el último cartucho de continuar en el gimnasio o tirarme al monte.
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Cuando llegué estaban todas las bicicletas ocupadas menos dos de la primera fila. Bueno, ni tan mal. A los de primera fila nunca le preguntan. Pero eso no pasaba en Spinning. Manu, el monitor debía tener complejo de supervisor de galeras porque nos gritaba como si aquello nos fuera a motivar de alguna manera. «Levanta ese culo, más arribaaaaaaa, máaaaaaas». Manu, corazón, deja de ciclarte con anabolizantes y cómete un Kitkat. Con Manu, añado un monitor más a mi lista de monitores de gimnasio que no me gustan que repaso en alto antes de irme a dormir. Valar Morghulis.
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Y llegó un punto en que ya no era capaz de moverme. Ni aunque me pusieran un apartamento en Benidorm. Me dolían partes del cuerpo que no sabía ni que tenía. Cuando Manu no miraba, yo dejaba de pedalear y miraba al resto de la clase como si estuviéramos en una sala de tortura «¿¿¿pero no veis lo que nos están haciendo????» Sabía que hoy no me iría bien porque comencé el día peinándome con las llaves en el portal, pero esto ya era nivel extremo.
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Así que dije que iba al baño pero era mentira. Era el pis de la escapatoria. Una bomba de humo. El éxodo de la vida fit para siempre.
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Día 8: La vida después del gym

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A mí que me perdonen Eva Nasarre y Jane Fonda pero no comprendo cómo podían ser tan felices perpetuamente en mallas sin estar medicadas.
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He tenido que mentir y mandarles un email a los del gimnasio diciendo que me voy a vivir a Brasil. Sé que si me paso por allí y me enfrento al nutricionista volvería a caer en sus garras, pero la vida fit no es para mí.
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Me comeré una ensaladita esta noche si es lo que toca, pero las máquinas no me tocarán hasta que me jubile.
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@LuciaLodermann

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