«Mi padre me casó a los siete años con Ruy Gutiérrez de Hinestrosa, hijo de Juan Fernández de Hinestrosa, camarero mayor del señor rey don Pedro y su canciller mayor del sello secreto y mayordomo mayor de la reina doña Blanca, su mujer, […]».
Así comienza el relato de Leonor López de Córdoba, que dejó su historia registrada para la posteridad, quizá sin imaginarlo. En el día de hoy, os vengo a contar cotilleos de otros tiempos; una historia que os va a dejar con el ojete torcido.
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«A mi marido le quedaron de su padre muchos bienes y muchos lugares; tenía hasta trescientos caballeros suyos, y cuarenta madejas de perlas tan gruesas como garbanzos, […]. Esto le tocó de su padre y de su madre porque otro hijo y heredero no tenían. A mí me dio mi padre veinte mil doblas al casarme».
Pero ¿quién era Leonor? Leonor López de Córdoba nació en 1362 en el palacio que tenía en Calatayud Pedro I de Castilla, también conocido con «el cruel». El padre de Leonor servía al rey y tuvo a bien prometer a la niña a tan tierna edad para unir a las familias y mantener sus privilegios. Ahora pensaréis que en esa época sería normal que se casaran a tan temprana edad… ¡pues no, señoras! Hasta para aquel momento era demasiado joven, así que tuvieron que esperar para hacerlo efectivo hasta que tuviera doce años (uff, qué mayor).

«Y residíamos en Carmona, con las hijas del señor rey don Pedro, mi marido y yo y mis cuñados, maridos de mis hermanas, y un hermano mío [y un montón de familiares más que menciona uno a uno]».
Para darle más drama al asunto, con la llegada de Enrique II de Castilla al trono, no precisamente mediante el diálogo, ajusticiaron a su padre en Sevilla cuando apenas tenía ocho o nueve años. Leonor y su joven marido —que sólo tenía unos años más que ella— fueron encarcelados en las Reales Atarazanas. No salieron de allí hasta que Leonor contaba unos dieciséis años.
«Y ocurrió que cuando el señor rey don Pedro quedó cercado en el castillo de Montiel por su hermano el señor rey don Enrique, mi padre bajó a Andalucía a llevar gente para socorrerle; y, al llevarla, se encontró con que había muerto a manos de su hermano. Vista esta desgracia, tomó el camino de Carmona, donde estaban las señoras infantas, hijas del señor rey don Pedro y parientes muy cercanas de mi marido, y mías por mi madre».

La condena sobre la familia se terminó y se trasladaron a Córdoba, pero las burlas y las ridiculizaciones estuvieron muy presentes durante largos años, hasta que Leonor se ganó los favores de Catalina de Lancaster. Como de cotilleos y contactos se trata la cosa, supo con quién relacionarse: nada menos que viuda y madre de reyes. A partir de entonces, y con su marido ya fallecido, Leonor floreció: fue política, escritora e historiadora, ¿cómo os quedáis?
¿Queréis saber lo mejor? Los fragmentos anteriores forman parte de «Vida y tragedias de Leonor López de Córdoba. Memorias», dictada en Córdoba entre 1401 y 1404. ¿Qué tiene esto de especial? Pues que se trata de una de las primeras autobiografías escritas en lengua castellana, siendo Leonor la primera mujer que llevó a cabo tal hazaña.

No sé si, como yo, os preguntáis por qué no conocemos la historia de Leonor y de tantas otras mujeres que han faltado a lo largo de nuestros estudios. Lo cierto es que Leonor no fue una excepción. Se ha borrado de un plumazo gran parte de nuestra historia, y las perjudicadas siempre hemos sido las mismas.
Hoy, le hemos dado algo de luz a Leonor para que todas la conozcáis un poquito mejor.
Helena con H