Desde hace tiempo pensaba que comprarme una vivienda sería una buena forma de invertir mi dinero y saber que siempre tendré un techo donde vivir, pero cada vez se hacía más difícil acceder a la compra de un piso. Los precios subían y los sueldos no lo hacen de forma equitativa. Además, la entrada que hay que dar para poder acceder a la compra de una vivienda es tan alta que pocos jóvenes podemos permitírnoslo. Tengo amigas que han podido acceder a comprarse una casa con sus parejas porque sus padres les han ayudado con la entrada, pero hoy en día pocas pueden haberlo hecho con sus propios ahorros si llevan viviendo solas desde hace tiempo.
Es cierto que llevaba un tiempo ahorrando, pero era imposible conseguir el dinero suficiente para una entrada. Un día, hablándolo con mi mejor amiga, me dijo que ella también quería comprarse algo, pero que le era imposible con sus ingresos. Nosotras vivimos en una ciudad donde poder comprar un piso es de ricos. Sin embargo, a pocos quilómetros tenemos pueblos de playa donde los precios son algo más asequibles. De esta forma, un día que estábamos tomando unas cañas, se nos ocurrió una locura: comprarnos juntas un pequeño apartamento en un pueblo de mar. Podríamos ir en verano, podríamos alquilarlo, y podríamos tener ahí nuestra pequeña inversión. Parecía una locura, pero si juntábamos nuestros ahorros tendríamos para una buena entrada y se nos quedaría una hipoteca baja.
Estuvimos mirando apartamentos hasta que vimos uno que nos encantó. Estaba situado a segunda línea de mar y tenía dos habitaciones, un balcón y piscina comunitaria. Era de obra nueva. Estuvimos dudándolo, consultándolo con familiares y amistades y todos decían que íbamos a cometer un error. Pero nos lanzamos a ello. Ahora hace ya casi cuatro años que compramos el apartamento. Los precios han seguido subiendo mucho y nuestro pequeño hogar ya valdría el doble de lo que nos gastamos en ese momento. Nos quedan pocos años para tenerlo ya pagado y la hipoteca es tan baja, lo compramos en un momento en el que el euríbor estaba por los suelos, que ni notamos la letra que pagamos cada mes. Por ahora ni siquiera hemos querido alquilarlo a pesar de tener licencia turística. Los fines de semana a veces vamos juntas a nuestro pisito a desconectar, otras veces por separado con nuestras respectivas parejas e intentamos cuadrar las vacaciones para poder disfrutarlo las dos por igual.
Nunca hemos tenido ningún malentendido, si algo se estropea lo arreglamos a partes iguales, y tanto si lo disfrutamos juntas o por separado, no hay ningún problema entre nosotras. Estoy muy contenta de haber tomado esta decisión, ahora mismo, no tendría ninguna vivienda propia, a lo mejor habría derrochado el dinero que he invertido en este apartamento, y además siento que tengo una segunda residencia, aunque la primera sea de alquiler. No sé qué pasará en unos años, si lo venderemos, si una le comprará su parte a la otra, o si seguiremos compartiéndolo las dos.
Lo que sí sé es que hemos hecho juntas una muy buena inversión y que ahora disfrutamos de un apartamento ideal para escapar de la rutina, siendo una de las mejores locuras que he cometido en la vida.
