Hace 10 años me mudé a estudiar a una gran ciudad. No conocía a nadie, entré un mes más tarde a la facultad y los grupitos ya estaban formados. Por aquel entonces había una aplicación que estaba comenzando: Tinder. Como ponía que era para conocer gente, me creé un perfil. Ay amiga, eso era un campo nabos, ¿era para conocer gente o solo para follar?.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí
Entre matchs y mensajes conocí a Fran. Nos caímos bien, hablábamos de vez en cuando, pero me abrumaba demasiado la invasión de feromonas masculinas en los demás chats. Así que le di mi número y me desinstalé la app.
Llevábamos hablando meses de cosas banales pero nunca nos habíamos visto. Durante esos meses me di a la vida loca universitaria, y aunque lo de Tinder me parecía demasiado, no descartaba salir de fiesta y llevarme a un chico a casa (o ir yo a la suya).
Una amiga me dijo de ir a un concierto en un bar de la ciudad. ¿Por qué no?, es lunes pero mañana no tengo clase de mañana.
Allí lo vi, apoyado esperando a entrar en el baño, lo reconocí perfectamente pero los gramos de alcohol que llevaba en sangre me impedían recordar su nombre. Su mirada decía que me conocía, pero también llevaba más copas encima de las que debería. Así que le solté una frase que le decía mucho “claro que sí, guapi” y me reconoció. Hablamos un poco, cada uno entró a su baño correspondiente y cuando salí ya no estaba. Se había esfumado.
La noche siguió y me fui a casa de otro chico que conocí esa misma noche. Yo estaba plenamente consciente, que conste, pero mi memoria no daba para mucho y me quedaron las llaves atrás. Quise escribir a mi compañero de piso por si estaba en casa para abrirme cuando vi el mensaje de Fran saludandome. Le conté lo que me pasó y se ofreció a venir a buscarme (andando, ninguno estaba para coger el coche).
Camino a su piso nos paramos en cada uno de los portales. Cuando llegamos sus compañeros de piso estaban expectantes por ver a quien había llevado a casa. Saludé como pude y nos fuimos a su habitación.
Los preliminares increíbles, pero el sexo….Chicas que horror. Entre que era de madrugada, que aquello lo mismo que se le subía se le bajaba, y que estábamos piripis del todo… fue sin duda el peor polvo de mi vida.
Me abrazó para dormir, me invitó a desayunar y me acompañó a casa. Seguimos hablando y me propuso quedar al cabo de unos días. Ni me preguntéis por qué dije que si. Sinceramente creo que era una espina clavada de ambos el “no pude haber follado tan mal”. El sexo ese día fue bueno. Los siguientes también. Fuimos follamigos los siguientes años. Me mudé más cerca de él. Nos alternábamos una semana en casa de cada uno. Después de dos años así, nos fuimos a vivir juntos. 4 años más tarde compartimos hipoteca.
Hoy, 9 años más tarde de aquel polvo fatídico, somos una familia con dos bebés preciosos y un gato hermoso.
Lo que nunca supo es que las llaves que me habían quedado atrás, aparecieron en el fondo de mi bolso al llegar a mi piso.
Envía tus movidas a [email protected]
