Hoy quiero contaros la tontería más grande que hice en mi vida por amor. Mi amiga Cris estaba de Erasmus en Bélgica, así que mi amiga Ana y yo planeamos un viaje para ir a verla y de paso conocer Bruselas. Pues allí que nos plantamos. Y casualidades de la vida, mi amiga Cris compartía piso con un sevillano guapísimo que se llamaba Miguel y que también estaba estudiando allí aquel curso.
Fue un flechazo, amor a primera vista. La segunda noche de mi viaje, fuimos a una fiesta en casa de unos colegas de la uni de Cris, y entre vino y música, Miguel y yo nos besamos. El resto de mi viaje me lo pasé con él.

Cuando volví a Madrid, pensé que aquello se quedaría en un rollete. Pero Miguel y yo continuamos en contacto. A los pocos meses acabó el curso escolar y él volvió a Sevilla. Ese verano fue mágico: en julio nos escapamos a las playas de Málaga, el agosto le mostré mi Madrid, que estaba desierto porque en verano todo el mundo huye, pero nosotros los disfrutamos para nosotros solos. Y en septiembre nos hicimos una escapadita romántica a Lisboa.
Nunca hablamos de ser algo, simplemente nos estábamos dejando llevar, pero parecía bastante claro que éramos más que amigos. La distancia no era un gran problema, nos veíamos cuando podíamos, generalmente una vez al mes, a veces más, a veces menos.
Yo viajaba a su ciudad o él venía a la mía, y esos fugaces encuentros se convertían en los momentos más preciosos de mi vida. Pasamos así un año. Él acabó la carrera y yo lo planteé que se viniera a Madrid a probar suerte. Pero no parecía estar por la labor, me dijo que le gustaba mucho su ciudad.
Así que yo decidí dar el gran paso. Me mudaría a su ciudad. Renunciaría a mi trabajo, dejaría atrás a mi familia y amigos, todo por estar más cerca de él.
Cuando le comuniqué mi decisión se emocionó mucho con la idea de que me mudara a Sevilla. Nunca habíamos puesto una etiqueta a lo nuestro, a pesar de llevar más de un año viéndonos. Nos daba miedo formalizar una relación que se estaba forjando en la distancia. Pero con mi mudanza a Sevilla podríamos intentarlo de verdad. Podríamos ser pareja oficial.

Él aún vivía con sus padres, y yo no quería presionarle para vivir juntos, puesto que aún no habíamos definidos lo que éramos, así que, me busqué una habitación en un piso compartido y comencé a organizar la mudanza. Estaba emocionada por comenzar esta nueva etapa, por estar finalmente cerca de la persona que amaba. Y todo iba genial, hasta que una semana antes de mi viaje, comencé a notar a Miguel algo distante.
Tras insistirle mucho, me lo contó todo. Estaba empezando con una chica y, según sus palabras, estaba muy enamorado de ella. Por lo visto era una chica que conocía hacía mucho tiempo, pero en las últimas semanas había surgido algo entre ellos.
Me quedé en shock. Es cierto que nunca hablamos de ser nada, que él jamás me pidió que me mudara a su ciudad, que fue una idea mía. Pero lo que no podría haber imaginado ni en mil vidas es que, estando conmigo, pudiera empezar con otra chica y hacerla oficial a ella, y no a mí.

¿Y ahora qué? El piso alquilado, el billete del Ave, solo ida, comprado, y mi dimisión ya se había hecho efectiva en mi trabajo. ¿Pues sabéis que hice? Me mudé a Sevilla de todas formas y comencé allí una nueva vida. Y para más Inri me hice súper amiga de la novia de Miguel (que resultó ser una chica majísima). Pero esto ya daría para otro relato…
Ahora, que ya ha pasado unos años de todo esto, soy consciente de que quizás yo me volqué demasiado en la relación, que quizás sentí más por él, que él por mí. Pero no me arrepiento de nada, de ninguna de las decisiones que tomé, porque ahora tengo mi vida hecha en Sevilla y soy feliz.
Anónimo