Hay historias que empiezan como una comedia romántica y acaban más bien como un pequeño documental de investigación.

Esta empieza en mi trabajo.

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Chica conoce chico. Él se llama Imanol. Al principio todo parece bastante normal: conversaciones en la máquina de café, mensajes durante el día, algún comentario gracioso en reuniones. Poco a poco él empieza a buscarme más. Me escribe por la noche, por la mañana y durante el fin de semana.

“¿Cómo estás?” “¿Qué tal tu día?” “Me encanta hablar contigo”

Yo no tenia intención alguna de seguirle el rollo, pero la atención constante tiene algo hipnótico.

A todos nos gusta gustar. Y él, además, tenía esa narrativa bastante convincente: estaba separado. Según él, la relación se había terminado hacía tiempo, pero todavía estaban “organizando cosas”. El clásico limbo sentimental. Hombre con buen corazón, traicionado y herido. Un cachorrito sentimental que a muchas nos encanta sanar.

Así que decidí darle una oportunidad. Nada serio al principio, solo explorar.

Pero pronto empezaron a aparecer esas pequeñas cosas, esos detalles que chirrían, esa sensación de estar masticando un pelo que no puedes sacarte…RED FLAGS.

Imanol siempre estaba disponible para hablar y chatear, pero curiosamente nunca después de las 8 ni para quedar con demasiada antelación.

A veces desaparecía horas enteras o cancelaba planes en el último momento con excusas un poco vagas.

Nada escandaloso. Pero lo suficiente como para que algo no terminara de encajar.

Así que una noche, yo y una amiga hicimos lo que todos hacemos cuando algo nos huele raro: investigar en Instagram.

Buscamos su perfil. Nada extraño al principio. Fotos de viajes, amigos, cenas, algún selfie casual.

Localizo a sus principales amigos y empiezo a ver las fotos que tienen en sus perfiles y en etiquetas.

¡DIN DIN DIN!¡BINGO!

Encuentro una foto publicada hace una semana: aparecía Imanol con el brazo alrededor de una chica. Sonriendo. A su lado había otra pareja. Parecía una cena o una celebración.

El texto debajo de la foto decía: Primer aniversario de Imanol y Marta

Primer aniversario. No “ex”. No “antigua relación complicada”. PRIMER. PUTO. ANIVERSARIO.

No le escribí, no pregunté, no hice drama: hice ghosting.

Pensé que con eso sería suficiente. Pero no lo fue: Unos días después, al salir de la oficina, allí estaba Imanol. Esperándome.

Intentó hablar conmigo, preguntarme por qué ya no respondía. Y cuando ella le mencioné la foto… siguió mintiendo.

Que si la foto era antigua. Que si Marta y él ya no estaban juntos. Que si todo era más complicado de lo que parecía.

Y como no hay nada que me joda más en la vida, que me insulten la inteligencia, hice lo que a mucha gente le parecería impensable.

Le escribí a Marta.

Porque cuando alguien te miente con tanta tranquilidad, a veces la única forma de entender la verdad… es preguntarle a la otra protagonista de la historia.

¿CONCLUSIÓN? No había separación en curso, pero desde entonces la hay.