Mira, llevaba tanto tiempo sin echar un polvo que ya estaba a un paso de empezar a frotarme con el felpudo de la entrada. Te hablo de meses, años tal vez, prefiero no especificar jajaja. En fin, que el destino y la bendita tecnología me trajeron una cita de Tinder que prometía sacar a pasear mis telarañas. Y no, no me refiero a la escoba de barrer.
Después de varias conversaciones con «El Tío del Tinder», decido que ha llegado la hora de darle una oportunidad al destino, y por qué no, a mi cuerpo serrano también.
Nos encontramos en un bar medio cutre y sorprendentemente el tipo era más o menos como en las fotos y con la confianza que dan unas cuantas cervezas y risas, acabamos en su casa.
Y aquí empieza la movida. En mi cabeza sonaba «Despacito» mientras nos besábamos, él me llevaba hacia la cama y yo pensaba que por fin iba a pasar… hasta que ¡Sorpresa! El tipo decidió que la mejor idea para la noche era… ¡frotar su nepe contra mi mondongo!
Yo con cara de ‘no puede ser’, él con cara de ‘esto es lo más normal del mundo’, y yo flipando en colores. No habíamos ni hablado del tema, ni un triste ‘oye, ¿te molaría?’. Nada. El tío, sin más, pensó que yo disfrutaría lo más grande mientras él básicamente se hacía una paja entre mis michelines.
Y tú pensarás, «bueno, cada uno tiene sus gustos». Y claro que sí, pero hay maneras de hacer las cosas. No todo el mundo está listo para una primera cita con visita al ‘planeta alternativo’. Y yo por muy cachonda que estuviera no lo vi venir y me quedé en shock ¡Vamos a ir paso a paso, rey!
Así que con toda la diplomacia que me dio el alcohol en la sangre le dije algo así como «No lo veo, esto es un poco incómodo». Él se quedó algo desconcertado, yo me vestí con toda la dignidad que pude reunir y me fui de allí. Con una mezcla de rabia y risas contenidas, porque vaya telita, hermana. Eso de que los tíos ven porno y luego creen que una está para todo ya me lo habían contado, pero vivirlo en carne propia (nunca mejor dicho) es otra cosa. En mi vida me he topado con varios ‘amantes de la lorza’, pero es la primera vez que en vez de meterla por donde no toca.
Moraleja de la historia: hay que hablar, preguntar, y sobre todo tener un poco de sentido común. A veces siento (y esto daría para otro post) que si ya a las mujeres en general nos toman por el pito del sereno, a las mujeres gordas en particular se nos fetichiza en exceso y se da por hecho que como no ‘ligamos demasiado’ vamos a aceptar cualquier verdura.
Pero nada de intentar meterla por el mondongo sin avisar, que una tiene sus necesidades pero también sus límites. Y hasta donde yo sé el clítoris anda lejos de la barriga.
Anónimo
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