Me presenté en su casa por sorpresa no sé… siempre he pensado que las sorpresas románticas son una idea preciosa… pero bueno, ya cambié de opinión.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
En mi cabeza aquello iba a ser una escena de película. Nosotros llevábamos casi nueve meses juntos, todavía no vivíamos juntos, pero prácticamente hacíamos media convivencia entre su casa y la mía. Teníamos llaves el uno del otro, pasábamos fines de semana enteros juntos, hacíamos compra juntos, discutíamos por qué serie empezar… o sea, básicamente estábamos a un paso de compartir freidora de aire.
Y además nosotros éramos muy de celebrar los aniversarios de mes. Sí, ya sé que da un poco de vergüenza admitirlo cuando tienes más de 30 años, pero mira, déjame vivir.
Cada mes hacíamos alguna tontería especial: una cena, una escapada o una noche bonita. Entonces pensé: Voy a darle una sorpresa
Y aquí empezó mi caída como protagonista de mi comedia romántica.
Yo me preparé: me puse lencería bonita debajo de una gabardina, me maquillé, me perfumé, me dejé el mochi mejor afeitado que un kiwi hervido… Vamos, iba yo sintiéndome una mezcla entre femme fatale y un perrín salido con muchas ganas de frotarse en alguna pierna.
Llegué a su casa súper emocionada, abrí despacito con mis llaves para no hacer ruido y empecé a caminar por el pasillo imaginándome ya su cara cuando me viera allí en aquella lencería.

Y entonces escuché movimiento, Pasos rápidos. Y de repente aparece él saliendo corriendo del dormitorio completamente desnudo.
Y detrás… su compañero de trabajo. SU. COMPAÑERO. DE. TRABAJO.
Los dos se quedaron blancos como si acabaran de ver a la Santa Compaña entrando por el pasillo.
Y yo allí plantada, con una gabardina abierta, un regalo y unas bragas monísimas viviendo lo que probablemente fue la escena más humillante de mi vida.
Porque claro, el cerebro en esos momentos hace cosas rarísimas. Yo no pensaba «Me ha engañado». Yo pensaba «Mierda y yo con un ligero puesto…»
Mi cabeza intentaba procesar demasiada información a la vez y no conseguía entender qué coño estaba pasando.
Y sinceramente os digo una cosa, creo que nunca he visto a un ser humano tan aterrado como él en aquel momento. Bueno, quizá sí: yo, cuando entendí que llevaba nueve meses saliendo con un hombre que claramente estaba teniendo una crisis existencial y sexual bastante importante.
No grité. No monté un numerito. No tiré nada. Me fuí.
Salí de allí sin celebrar el aniversario, sin follar, sin cenar, sin novio y sin dignidad.
Chicas, desde entonces tengo clarísima una cosa: si no quieres llevarte sorpresas… es mejor no darlas.