Hay una edad en la vida en la que descubres que los cumpleaños infantiles ya no son para los niños: Son para los padres.
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Y no me digas lo contrario Mari, porque si no de qué íbamos a tener cervezas en cumpleaños infantiles…
Yo ya había visto cosas: Cumpleaños con castillos hinchables, animadores, mesas dulces que parecían una boda y decoraciones que requerían más planificación que algunas campañas electorales.
Pero nada me preparó para el mensaje que recibí una tarde en un grupo de WhatsApp.
Una amiga estaba organizando el cumpleaños de su hijo y, después de explicar todas las actividades previstas, dejó caer un pequeño detalle al final del mensaje:
«Para cubrir los gastos, cada familia deberá aportar 25 euros»
¿Qué? ¿Whot? ¿Zer? ¿Pardon?

Volví a leerlo varias veces porque pensé que se me escapaba algo. Quizá estaban alquilando Disneyland París.. ¡YO QUÉ SÉ!
Pero no, era un cumpleaños aparentemente normal…. y anormalmente jeta.
Con la peculiaridad jeta de que los invitados, además de los regalos, financiábamos parte del presupuesto.
Lo mejor fue que nadie pareció sorprenderse, te digo que los demás padres respondían con total naturalidad cosas cómo: Perfecto. Allí estaremos. Qué buena idea.
Y yo leyendo aquello como si fuera la única persona que acababa de aterrizar en un planeta desconocido. Porque, además, el regalo se entiende que es obligatorio. No sé ¿Cómo vas a ir un cumple sin regalo? No lo veo.
Es decir, tú pagabas entrada y llevabas regalo.
Aquello era casi el modelo de negocio de las aerolíneas low cost aplicado a la infancia.
Cuando llegó el día, todo salió estupendamente: Los niños se lo pasaron genial, los padres hicieron fotos y la cumpleañera estaba encantada. Pero yo seguía sin entender nada. No sé si me estoy haciendo mayor. No sé si estoy desfasada.
Quizás el mundo ha cambiado tanto que ya no lo entiendo o si directamente el mundo ha decidido dejar de entenderme a mí.
Porque, hasta donde yo recuerdo, los cumpleaños funcionaban de una manera bastante sencilla: tú invitabas, los demás venían, llevaban un detalle para el niño y todos pasaban una buena tarde.
Por eso sigo sin entender en qué momento los cumpleaños se han convertido en una actividad financiada por los invitados. Y lo siento chicas, pero no estoy de acuerdo.
El día que organice el cumpleaños de mis hijas, si quiero castillo hinchable lo pagaré yo. Si quiero animadores, los pagaré yo. Y si no puedo permitirme una fiesta espectacular, organizaré una más sencilla. Así lo he hecho hasta día de hoy y así lo haré.
Pero no voy a pedirle un euro a nadie. Llámame antigua si quieres.
Pero para mí un cumpleaños sigue siendo una invitación. No una derrama.