Después de leer el título de este post no hace falta que os diga que mi cuñada no me soporta y que nunca jamás me ha tenido el más mínimo aprecio. Lo cierto es que, por mi parte, sí que hubo cariño al menos al principio, mucho antes de conocer su verdadera cara y darme cuenta de a qué clase de persona me estaba arrimando.
Mi novio y yo llevamos juntos diez años, es decir, no empezamos a salir ayer; creo que durante este tiempo su hermana ha tenido más que de sobra para poner un poquito de su parte y conocerme, tal y como he hecho yo por el simple hecho de ver a mi novio feliz. Me hago cargo de que no puedo caerle bien a todo el mundo ni lo pretendo, pero qué menos que mantener una relación cortés por educación, ¿no?
Pero en fin, vayamos al tema. Antes de estar conmigo, mi chico estuvo enrollado con una chica del pueblo de al lado hasta que decidió romper con ella porque quería algo más serio y él no estaba en ese punto. Ella no se lo tomó nada bien y, durante los meses siguientes, se dedicó a llamarle todas las noches, bien entrada la madrugada, únicamente para insultarle y amenazarle con joderle la vida.
A los cinco o seis meses, él y yo empezamos a salir y me avisó de que cuando esta chica se enterase, iba a arder Troya. Y efectivamente, cuando la noticia llegó a sus oídos, se puso hecha una loca. Supimos por los amigos de mi novio que les estuvo llamando a todos para contarles que él tenía la mano muy suelta, que le iba a denunciar, que la había estado engañando conmigo mucho tiempo, que se iba a quitar de en medio… Otras veces se presentaba en casa de mis suegros y aparcaba en la puerta durante horas mientras insultaba a mi chico a voces o golpeaba la verja.
El asunto ya era bastante turbio, pero cuando vio que no conseguía llamar su atención ni presentándose en su casa, decidió ir a por lo que sabía que más quería: yo. A día de hoy sigo sin saber cómo consiguió mi número, pero me envió un mensaje en el que me advertía de que mi chico me había estado engañando con ella; que incluso el día anterior habían estado juntos. Para rematar, me envió unos audios bastante subidos de tono que él le había enviado. Cuando los escuché, se me vino el mundo encima y, tonta de mí, me lo creí.
Aquella misma tarde lo dejé. Cuando él se puso en contacto con ella para cantarle las cuarenta, le envió un único mensaje: «Te dije que iba a joderte la vida». A las pocas semanas volví con él, ya que me demostró que aquellos audios eran de antes de empezar conmigo. Pasó el tiempo, todo volvió a la normalidad e incluso parecía que la tierra se la había tragado… pero ya sabéis lo que dicen: bicho malo nunca muere.
Ella siempre fue clienta del centro de manicura de mi cuñada, quien durante aquellos tiempos de acoso, rupturas, mentiras y peleas me aconsejaba que no hiciera caso a esa chica porque “no estaba bien de la azotea”. Llegué a pensar —como una idiota— que la hermana de mi chico me había tomado cariño hasta el punto de negarse a atender a la ex por todo el daño que nos había hecho. Pensaba que, para cualquier persona en sus cabales, la familia era intocable.
Sin embargo, un día subió fotos a redes sociales donde se veía cómo le hacía las uñas a esta tipa, ambas riéndose, muy compenetradas… Yo flipaba. No entendía cómo seguía atendiendo como a una VIP a quien quiso separar a su hermano de la persona que le hacía feliz.
Cuando mi chico, indignado, habló con ella, le dijo que se debía a su negocio y que, si me sentaba mal, lo único que podía hacer era dejar de subir fotos de esta persona para que yo no las viera, pero que si quería seguir atendiéndola, lo seguiría haciendo. Por una parte, comprendía su postura, aunque no le hiciera la más mínima falta atender a esa clienta, pero por otra, ¿era necesario mostrar ese buen rollito? ¿qué necesidad había? ¿era posible que mostrara más cercanía con la chica que acosó y amenazó a su hermano que conmigo?
Lo cierto es que, pensándolo bien, no me extraña que sean tan amiguis, porque están hechas la una para la otra. No sé si hice lo correcto o no, pero igual que ella se debía a su negocio, yo me debía a mi salud y mi estabilidad emocional, así que dejé de seguir a mi cuñada en redes y, desde aquel día, soy la primera que no hace ningún intento por entablar una mínima relación.
Anónimo.
