Mi hermano siempre ha sido un desastre.

En los estudios iba siempre justito, cada año tenía que recuperar asignaturas, estaba apuntado a repaso y todos sus veranos (y los nuestros) giraban en torno a conseguir que aprobase.

En el mundo laboral le fue peor. Tenía trabajos estacionales y el poco dinero que ganaba se lo fundía en cenas y fiestas, también en comprarse cosas caras como un televisor enorme que no necesitaba, una Play o ropa de marca. Todo esto, por supuesto, viviendo en casa de mis padres con los gastos pagados, la mesa puesta y sin encargarse de absolutamente nada.

Mi madre le hacía la cama, le dejaba tuppers en la nevera y le lavaba la ropa. Todo esto a un chaval de casi 30 años que no tenía ninguna intención de independizarse porque ahí ya lo tenía todo hecho. Más de una vez ha dicho en voz alta que su plan es esperar a que nuestros padres se mueran y heredar la casa, que no quiere “tirar el dinero” en un alquiler.

Esto ha sido foco continuo de discusión con mi madre, que es la que lo mima, por mi parte y por la de mi padre. A mí nunca se me consintió tanto, al revés, se me exigió que trabajase, que tuviera la casa limpia y que ayudase económicamente en casa, en cambio a mi hermano se le regalaba todo sin tener que hacer nada. Mi padre discutía constantemente con mi hermano, le decía que espabilase, que no iba a vivir del cuento y que no iban a estar siempre salvándole el culo y dándole dinero, pero luego mi madre volvía a hacer todo lo contrario.

Por mi salud mental, me fui lo antes posible de esa casa y pedí que no me molestasen más con el tema de mi hermano, porque evidentemente siempre había drama. Cuando no era que le habían echado de un trabajo, era que no conseguía uno, o que tenía deudas, o que se habían enterado que había pedido dinero a algún familiar, o que había gritado a mi madre o, mi favorita, que se había comprado una moto que claramente no podía pagar y que iban a estar financiando mis padres.

Cada 2-3 días me llamaba mi madre indignada o llorando pretendiendo que me hiciese cargo de la situación cuando yo llevaba AÑOS discutiendo con ella por cómo estaba educando a mi hermano y lo desigual que fue conmigo, a lo que yo siempre le recordaba eso mismo y le pedía que dejase de llamar para eso, que ahora le tocaba comérselo con patatas. 

Bien, pues en este contexto, aparece (nombre ficticio) Susana. Una chica de buena familia, bastante adinerada y muy agradable. Ninguno acabábamos de entender qué le había visto a mi hermano, pero pronto vimos que el modus operandi de los dos era el mismo: vivir sin trabajar ni pagar un duro, que les hicieran todo en casa y que les dieran dinero. Más allá de eso, Susana era inteligente, dulce y divertida. En general estábamos todos encantados, pero con la sensación de que, en cualquier momento, ella se iba a dar cuenta de cómo era mi hermano y se iba a terminar todo.

Ellos viajaban mucho, según decían porque encontraban chollazos, así que mi hermano no encontraba (ni buscaba) un trabajo. No era oficial, pero vivían en casa de los padres de ella, que era una especie de dúplex en el que la planta superior era toda para Susana. Al menos allí era dónde pasaban más tiempo entre viaje y viaje, pero aún tenía ropa y sus cosas en casa de mis padres.

Una vez, Susana nos invitó a toda la familia a un camping donde ellos iban a pasar una semana. Habían encontrado una oferta de un Bungalow grande con varias habitaciones y a lado de la playa, así que fuimos.

En general estuvimos bien, con algunos momentos pasivo-agresivos por parte de mi hermano, en plan “mirad que bien me va”, que mi padre llevó muy mal. Mi madre se dedicó a estar pendiente todo el rato de hacer de chacha (recoger la mesa, cocinar, llevar las cosas de la playa…) y yo tuve tiempo de charlar con Susana. 

En un momento que estábamos en un chiringuito tomando algo mientras los demás se bañaban, Susana me dejó caer que le gustaría ser madre. Me dijo que era su ilusión formar una familia y criar a sus hijos. Con toda la franqueza del mundo, le pregunté si ese plan era con mi hermano y ella, extrañada, me dijo que claro.

Aquí sé que muchas estaréis pensando que podría haberme puesto un puntito en la boca, pero mi hermano ha costado tanto dolor, tantas discusiones, tantos disgustos y tanto dinero a mi familia, que no me quedaron ganas de callarme. 

Claramente era un despropósito, Susana era muy buena chica pero con muy poca calle, todo se ve muy bien y muy fácil con una familia con dinero detrás. Así que me supo muy mal imaginar las consecuencias que tanto había visto y que sigo viendo en mi entorno, que son: mujeres desbordadísimas por haber tenido a sus hijos con un impresentable que no sabe ser padre y que acaban hipotecando su felicidad y su vida por esa decisión.

En el caso de mi hermano, él ni si quiera sabía cuidar de sí mismo. No sabía organizarse económicamente, no conseguía que le durasen los trabajos, no tenía organización en cuanto a limpieza o higiene (no sabe ni poner una lavadora), no sabía cocinar y una larga lista de cosas que cualquier adulto funcional debería saber. 

Ellos aún no habían convivido solos como tal, ya que a parte de los viajecitos, cuando estaban en casa de Susana tenían servicio contratado y a los suegros debajo. Supuse que en menos de un año, ella no había tenido tiempo de ver todas estas cosas, así que sin entrar mucho en detalles ni explicar nada concreto, le acabé sugiriendo que se pensase muy bien si mi hermano era el indicado.

 

Sinceramente la conversación fue bastante normal y pensé que tampoco iba a tener grandes consecuencias, pero no tardó ni una hora en explotarme en la cara. Mi hermano nos echó del camping de mala manera y diciendo que me preguntasen a mí lo que había pasado. Susana no nos miró en ningún momento, tenía los ojos clavados en el suelo y cara de pena. 

En el viaje de vuelta les conté todo a mis padres y estuvieron medianamente de acuerdo en lo que le dije a Susana, pero ambos me dijeron que quizás no era el momento ni el lugar, aunque había sido completamente desproporcionado que por 5 minutos de conversación que ni si quiera fue a malas o metiendo mierda, nos echase tan agresivamente.

Desde entonces, mi hermano no me habla. Alguna vez han quedado todos a comer y él ha dicho que si iba yo, él no venía, así que me he retirado. Sé que se supone que debería discúlpame, pero la verdad es que no tengo muchas ganas y menos, viendo todos los desprecios que me está haciendo después de años y años aguantando todas sus idas y venidas. 

Si algún día se digna a querer hablar conmigo, ya le explicaré por qué le dije aquello a Susana.

 

Anónimo

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